Sen Senra: «Me inspiran más las letras de Machín que la música urbana»

El músico gallego estrena este viernes «Corazón cromado», un exquisito epé con siete temas -entre ellos, una colaboración con C. Tangana-, que lo reafirman como cardinal referente del pop contemporáneo


Convengamos que nos hallamos ante un músico sobresaliente que cuenta con todo a su favor para convertirse en referencial en su generación. Y celebrémoslo. Por lo mucho que puede aportar. Sen Senra (Forcarei, 1996) no es solo un artista telegénico. Que también. Su propuesta musical atesora una complejidad poliédrica que lo convierte en singular y atractivo, lo mires desde donde lo mires. Corazón cromado es la mejor evidencia de ello. Hasta el punto de colapsar el generador de tags. Un disco que tiende puentes entre orillas a las que no es fácil acceder. En sus siete canciones, Sen Senra advierte y adelanta por dónde transitará la senda del nuevo pop. Y lo hace desde la mesura y la elegancia, no exenta de cierta melancolía, sin que ello le suponga renunciar a sus señas de identidad generacionales.

Aunque afincado en Madrid desde el 2017, no son pocas las pistas que delatan sus raíces. Como buen gallego, Sen Senra ha fiado su carrera más a su intuición que al manual. «Pobre sí, parvo no», que decía su padre. Y conserva también eso tan nuestro de enmascarar la fecunda intensidad que hierve en su interior manifestándola desde la contención en su expresión.

Sabedor de su confesa timidez, de su parquedad en palabras y su querencia por alimentar ese cierto enigma que casi siempre le rodea, le propongo iniciar la charla a partir de algunas frases de las canciones de su nuevo disco. Y después, ya se verá.

-En «Tumbado en el jardín», dices que no te defienden tus espinas. ¿Qué o quién te defiende y de qué?

-Me defiende mi fragancia (se ríe).

-Ya, ese es el siguiente verso de la canción. ¿Cuál es, entonces, tu fragancia?

-Mi fragancia es lo que soy. Es esa sensación de que no necesito sacar las garras ni pelearme con nadie. Yo estoy contento con lo que soy y con cómo encaro mi vida y mi carrera.

-«El listón siempre en altura peligrosa». ¿No tienes miedo a jugártela?

-No, jamás. El miedo no forma parte de mi trabajo. A la hora de crear, una de las cosas que tengo muy claras es que no quiero ser predecible. Quiero tomar riesgos, explorar, experimentar, llegar a sitios en los que no he estado... Y, después, si la intuición me dice que ese sitio no me va a llevar a ninguna parte, lo abandono y a investigar por otro lado.

-«Todos huimos alguna vez». ¿De qué o de quién has tenido que huir?

-A veces, uno huye porque cree que es lo lógico o porque siente que lo necesita. Y otras por miedo o por no querer encarar ciertas situaciones. Con esa frase quise englobar todo ese tipo de circunstancias que se dan en la vida. Y que cada uno después la lleve a su propio terreno, a aquel con el que se sienta identificado.

-«Mala vibra nunca roba mi atención». ¿Qué te genera mala vibra?

-La impureza, los dobles sentidos, el no ser real, el no empatizar... Ese tipo de cosas.

-«Pobre sí, parvo no».

-Esa es una frase de mi padre. Decía «miña nai pariume pobre pero non parvo». Siempre me pareció superbonita. Sentía que la tenía que meter en una canción.

-¿Qué hay de Galicia en tu música?

-No sé decirte expresamente qué, pero siento que hay muchas cosas. A mí Galicia me inspira muchísimo. Muchas de las canciones de este disco nacen de estar en casa, en Pontevedra, en el campo, tranquilo, en una vibra muy gallega.

-¿Te sientes orgulloso de tus orígenes rurales?

-Obvio. Siempre. Si no fuera por todas las noches que pasé en el pueblo con mis colegas, hablando de tantas cosas y proyectándolas hacia el futuro, no sería lo que hoy soy.

-Sin embargo, confiesas que después sentiste que te tenías que ir a Madrid. ¿Por qué?

-Tuve la sensación de que necesitaba buscar estímulos. Volar por ahí. Pero bueno, ahora estoy en Madrid, pero tengo intención de volar por muchos otros sitios y empaparme de todo tipo de músicas. Para mí eso también forma parte de mi ejercicio artístico.

-¿Se puede hacer «música urbana» desde una aldea de Forcarei?

-Es que yo para nada me considero un artista urbano. Ni mucho menos. En cuanto a música urbana, soy un ignorante. Es que no sé lo que es. Me resultan más inspiradoras las letras de Antonio Machín, que escuché desde niño en casa, que la música urbana. Empatizo mucho más con ellas.

-«Perfecto». «Euforia». «Sublime»... Aunque las canciones tengan un poso de amargura y melancolía, ves los títulos y dices: «Este es un disco optimista».

-No sé si es tanto optimismo como proyección hacia el futuro. Me gusta expresar ese tipo de sensaciones, más melancólicas, pero desde una perspectiva para nada negativa ni dramática. Lo que yo trato de transmitir con ello es «vale, pasó esto, pero estamos para eso y para más».

C. Tangana y yo nos conocemos de cuando él iba por Vigo. Durante la pandemia estábamos los dos en Madrid y surgió la colaboración

-Varias letras del disco de C. Tangana también ahondan en sensaciones parecidas. ¿Crees que puede estar surgiendo un nuevo paradigma entre los músicos de tu generación, que por fin parecen estar dejando de lado el cliché del malote para atreverse con este otro tipo de confesiones, de corte más íntimo?

-Sí, quizá sí. A base de chocar una y otra vez contra la misma pared, parece que ahora empieza a haber gente que se está dando cuenta de que hay otra manera de contar las cosas, de que es bonito abrirse y mostrarse más humano. Aunque en mi caso no nace de una reflexión previa. Es un modus operandi mío, muy natural.

-Si tuviese que escribir una crónica de tu disco la titularía como aquel libro de Jane Austen que después llevó al cine Ang Lee: «Sentido y sensibilidad». Creo que hay mucho de ambos. Y no es común.

-Me gusta. A la hora de crear trato de hacerlo desde esa pureza que nace de hurgar en las sensaciones de uno y pasarlo todo después por el filtro de los sentidos.

-El periodista Fernando Navarro te definió como «el chico de la intuición sonora». ¿Te sientes identificado?

-Totalmente. Para mí la música es libertad y yo enfoco mi carrera desde ese planteamiento. Como una persona muy libre, apasionada y que se divierte jugando con esto. Sin fórmulas, reglas ni guiones. Y al final será mi intuición la que decida qué me gusta y qué no me gusta. Y, de momento, la intuición me va dando la razón.

-¿Cómo surgió la colaboración con C. Tangana que incluyes en este disco?

-Muy natural, también. Nos conocemos de cuando él iba por Vigo. Y justo coincidió que durante la pandemia estábamos los dos en Madrid y decidimos irnos a un estudio, sin más pretensiones, a pasar el rato y a hacer música. Y surgió este tema.

-¿Qué te parece todo lo que está aconteciendo con él?

-Muy bonito, la verdad. Es un tío al que también le gusta el riesgo y reinventarse. Así que... Maravilla.

-¿Qué tenéis en común y qué os separa?

-En común tenemos la pasión por la música. Y ese afán por explorar y experimentar. Creo que tenemos bastantes más cosas que nos unen que las que nos separan.

-En «Perfecto» dices: «Todo lo que no se ve, todo eso es lo que soy». ¿Qué es eso que no vemos? ¿Qué es eso que eres?

-Con eso lo que quería decir es que lo que se ve en las redes, en el mundo digital, es solo una parte de uno. Pero de puertas para adentro hay otra vida. La vida cotidiana, que la ve y la conoce muy poca gente o incluso a veces solo tú mismo.

-¿Qué te gusta hacer en esta «otra vida»?

-Me gusta el cine, pasear por ahí, echar el rato con los colegas, tranquilo... Pero reconozco que tengo bastante obsesión con la música. Estoy con la música 24/7.

-Cuando publicaste «Sensaciones», dijiste que la voz es la protagonista de tus canciones. ¿Lo sigue siendo hoy?

-En cierta manera, sí. No tengo un guion de priorizar siempre la voz. De hecho, cada vez me gusta más, de repente, enfatizar un solo de guitarra, una batería o unos sintes. No sé... Un poco lo que me surja. Aunque sí, en este disco es la voz la que está mandando en todas las canciones. Pero no tiene ni tendrá por qué ser siempre así.

-Por cierto, has hecho de tu falsete una seña de identidad...

-[Se ríe] Sí, parece que sí. Se me dio por ahí y parece que la gente lo ve como muy representativo de mí. Pero, como todo en mi música, surgió de una manera natural.

-Estás llamado a ser una de las voces principales de tu generación. ¿Te supone eso una carga, te pesa la responsabilidad?

-No, para nada. Ya te digo que soy cero pretencioso con mi música. Yo la hago muy tranquilo y muy libre. Quien empatice con ella o no ya no es cosa mía.

-Acabemos con otra cita. En «El jardín viendo atardecer» dices: «Que trascienda en el tiempo ya es otra cosa». ¿Es esa la principal aspiración de tu proyecto?

-Sí, claro. Total. Yo no quiero que mi música sea como un chicle, para masticar y tirar. Quiero llegar a otros sitios. Trascender. Ese es el mensaje.

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