Justin Bieber, de niño repelente a adulto ejemplar

El nuevo disco del más famoso adolescente del XXI se llama «Justice» y ofrece su versión adulta


Para cuando esté leyendo estas líneas, el nuevo disco de Justin Bieber ya estará disponible en las tiendas y las plataformas de música de todo el mundo. Se llama Justice, y a Justin Bieber lo recordará por haber sido el último y más famoso adolescente del XXI. Candidato por derecho propio y ajeno a juguete roto de la industria. No ha sido así, las casas de apuestas se equivocaron. El canadiense ha llegado a los 27 -que lleva a pensar en el mítico club de Amy Winehouse, Cobain, Morrison y demás- y lo hace en su versión adulta. Atrás dejó la definición de «persona más odiada del mundo» que él mismo aportó.

 Para los que se hayan perdido la evolución, Bieber podría ser hoy la imagen de cualquier futbolista de primer nivel: atlético, guapo y lleno de tatuajes. A la ecuación de su nuevo yo se le añaden dos elementos básicos: el abrazo a la fe cristiana y la estabilidad sentimental que ha encontrado de la mano de su esposa, Hailey Baldwin, modelo y presentadora estadounidense y, como cotilleo adicional, sobrina del mítico actor Alec Baldwin.

La idea con Justice está clara: alzar y elevar a Bieber como un icono de madurez y de rehabilitación. Atrás quedan sus trifulcas, sus insultos, sus polémicas, sus malos modos, sus drogas y escándalos. El disco se vertebra alrededor de sus vivencias cercanas, de los últimos años, de ese proceso que pasa por el estado de crisálida, para acabar obteniendo alas y luz al final. Hold on, por ejemplo, el primer sencillo, es un canto de esperanza sobre el apoyo que nos brinda un ser cercano.

Más allá de las canciones, la idea del renacimiento, de la nueva etapa adulta de Bieber, se captura también en las portadas promocionales de publicaciones internacionales, como la de la revista americana Billboard, que tituló «Bieber florece», para luego añadir una definición nueva a su currículum vítae: Casado. Centrado. Sensato.

En realidad, el giro es menos dramático o inesperado de lo que cabría esperar. Bieber lleva varios años intentando mejorar su imagen en medios, convenciendo al público de que no es el niñato (que fue) y pidiendo un voto de confianza para demostrar que puede ser una estrella más en el firmamento de la industria cultural americana. Su nombre aún resuena como un fuerte resorte de amor y odio en Internet. Bieber fue y es un mastodonte de cifras y récords en búsquedas y en comunidades de seguidores. Diecisiete canciones del disco Purpose (2015) entraron en el top 100 norteamericano, una hazaña con la que el canadiense batió el récord que hasta entonces ostentaban los Beatles y Drake. No es baladí.

Con 169 millones de seguidores en Instagram, el ídolo adolescente es un reclamo caro para las marcas de moda, que aprovechan su nueva imagen y su estatus de estrella salvada. Navega en ese estilo urbano y descuidado, y medido al milímetro, claro.

Olviden al viejo niño de peinado ridículo que odiaban. Saluden al nuevo chico reformado que... también pueden odiar, pero se deja querer bastante más. Justin Bieber se ha hecho justicia a sí mismo con sus nuevas canciones. Dieciséis nada menos. Veremos qué récords caen.

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