Laura Ferrero: «¿Cuánto tiempo estamos realmente aquí, en el presente, vivos?»

Cuatro días tardó «La gente no existe», el nuevo libro de relatos de la autora catalana, en reclamar una segunda edición. Qué tendrán sus cuentos


Al debut editorial de Laura Ferrero -26 cuentos bajo el título de Piscinas vacías que Alfaguara pescó para su catálogo en el 2015 después de que con una valiente autoedición vendiese en Amazon ejemplares como churros- le siguió una novela recogida y familiar, Qué vas a hacer con el resto de tu vida (2017). Ahora, la escritora catalana regresa al cuento sin la mínima intención de guardarle fidelidad: al mismo tiempo, prepara otra historia larga y -desvela por lo bajo- incluso algún guion de televisión. «Siempre estoy fluctuando entre géneros. En este caso, estaba escribiendo una novela y se me colaron en el medio estos relatos». Dice que con el formato corto pasa que, tras haber escrito unos cuantos cuentos, aparece de repente uno -en este caso, el que le da nombre al volumen, La gente no existe- que es exactamente lo que estabas intentando contar. «Y te das cuenta de que todos hablan sobre lo mismo. Ahí eres consciente de que estás escribiendo un libro de relatos». Aquí, el nudo es una irónica reflexión: cuánto tiempo del que estamos presentes estamos realmente vivos. Qué es lo que nos hace estarlo. Qué no.

­-Tus textos largos en Instagram son ya casi una seña de identidad, ¿Escribes a todas horas?

-Siempre tengo historias en la cabeza, hay algunas que se materializan en formato más corto, porque son un destello, una conversación, una reflexión... y esos son los textos que publico en Instagram. Me gusta mucho estar en contacto con la vida cotidiana, observar lo que nos pasa con una mirada literaria. Y de todos esos fragmentos hay algunos que tienen más entidad, alguna pregunta que me hago, por ejemplo, o alguna idea que quiero desarrollar más. Estos son los relatos. Hay mucha más elaboración detrás. Y después están las novelas, que están siempre ahí, es como algo continuo. La sensación que tengo es que se van cociendo a fuego lento en mi cabeza.

-Decías que es importante que un libro de relatos tenga un hilo conductor.

-Para mí es muy importante que no sea una cosa fragmentaria, quiero que tenga coherencia. Hay muchos cuentos que tengo escritos y que no están en este libro porque son otra cosa. Todos los personajes de estos textos están vivos, pero si te fijas no lo están tanto. Está claro que todos morimos, pero estar vivos... ¿Hemos estado vivos todos?

-¿Es un tema que a ti te inquietaba especialmente o de repente apareció ahí?

-Lo que creo es que son preguntas que se te van acercando. Yo, por ejemplo, tengo la sensación de que hoy en día vivimos con mucha prisa, en una sociedad que te obliga a hacer, a hacer y a hacer, a pasar rápido de página, a tomarte unas copas y sonreír cuando, quizá, en realidad lo estás pasando mal. Y me preguntaba si esto es realmente conectar con las cosas o es pasar de puntillas por ellas. La pregunta es: cómo decides tú vivir la vida. Tenemos tantas distracciones... o nos quedamos atrapados en el pasado; el caso es que hay mil maneras de no estar aquí. Y me di cuenta de que muchos de nosotros nos atascábamos en eso.

-¿Tu también? Porque hay al menos tres relatos claramente autobiográficos [todos los relatos, menos uno, el de «La trenza», fueron escritos prepandemia. Este se incluyó más tarde y cuenta la muerte de su abuela. En otro habla del fallecimiento de su abuelo y en un tercero aborda la figura de su padre].

-Si yo registro todo lo que veo alrededor, también tiene sentido que me registre a mí, que hable de mi experiencia personal, de las veces que yo tampoco estoy aquí, de las relaciones que me rodean. Me parece justo, y me interesa hablar de lo mismo desde diferentes puntos de vista. Y aquí, en cada uno de los relatos hay una manera distinta de no estar.

-La mayoría son historias tristes, ¿por qué no se escriben finales felices?

-Yo me propuse escribir un relato sobre cómo dos personas se enamoran, pero para mí todavía es un reto hablar del amor sin ser cursi. Porque pocos lo logran, yo no sé decirte una historia de amor que acabe bien entendiendo bien como que las dos personas acaben juntas. Uno de los cuentos, A veces llueve en un lugar remoto, iba a ser un relato de amor, por ejemplo, y no. La ficción tiene vida propia y no es una frase hecha, a veces tú tienes muy claro qué quieres escribir y el texto termina yendo por otro lado. Hay un punto que es intangible, que no puedes controlar, y es el que a mí me gusta de esto. Tiene un punto bonito, de humildad, de aceptar que crees que te va a salir bien algo y no, y al revés también.

-Ahora estás estrenándote también en guiones, ¿es muy distinta esta escritura?

-Sí lo es, en primer lugar porque no es producto final. Tú cuando cierras un relato las palabras tienen que ser las adecuadas. En un guion tienes que tener mucho cuidado con cómo está expresado algo, con no decir las cosas directamente. Hay que pensar cómo decirlas con imágenes y gestos. No puedes decir que María está nerviosa, tienes que decir que María se muerde las uñas para que el espectador saque sus propias conclusiones.

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