Piti Sanz: «Tuve que luchar contra mi ego y acabé pisoteándolo»

Fue el músico de referencia del cine y del teatro gallego, y fue parte del grupo Di Elas. Tras 10 años, reaparece para presentar «S4N7»


Subió al cielo y hacía frío. Bajó a los abismos y se enfangó en la miseria. Diez años le ha llevado a Piti Sanz recomponer su descompuesta figura. Como compositor de bandas sonoras, había ganado cuatro Mestres Mateo, tres María Casares y había estado nominado a un goya. Grababa con Los Enemigos. Tocaba en Los Contentos, Siniestro Total y Os Resentidos. Y tenía su propia banda, Di Elas, junto a Luis Tosar. Pero asomaron los demonios y flaquearon las certezas. A cada paso que daba se le abría ante sí un amenazante pozo, mayor que el anterior. Y entre caerse y levantarse allá le fue una década. Que ahora relata, con lirismo descarnado y envuelto entre evocaciones de rock setentero y leve psicodelia, en su nuevo disco y su nuevo proyecto: Sanz S4N7. «Hay mucha gente en el rock and roll que pasa por este tipo de vicisitudes. Y hay los que se quedan abajo y quienes salen arriba. Lo que no puedes hacer es llorarte la pena. Así que decidí contarlo. Decir: 'Mira, esto también pasa'».

-La palabra que más se repite en el disco es «levantarse».

-Seguramente. En los primeros temas, por el deseo de. Y en los últimos, por el hecho de.

-¿Es este un disco de exorcismo?

-Ahora que lo dices, es cierto. Es un «quítame esto de aquí».

-En «Todo sale mal» habla de los demonios, ¿cuáles son los suyos?

-Yo tuve que lidiar con muchos demonios que tenían que ver con el ego. Tuve que luchar contra él, pisotearlo y matarlo. Pero, claro, cuando haces eso, acabas sintiéndote una mierda. A partir de ahí es cuando tienes que empezar a construir de nuevo. Y construir desde la modestia.

-En esa canción también confiesa que no siente odio, ni rencor, ni miedo.

-Eso es una de las primeras cosas que aprendí en todo este proceso. Librarme del rencor y saber perdonar. Me he dado cuenta de que los malos entendidos causan más daño que la maldad intrínseca.

-En «Bucear» habla de su miedo a las profundidades, pero también dice que arriba hace un frío que te congela.

-Es que arriba tampoco es todo bonito, ni mucho menos. Hay mucho postureo y mucho falso amigo del alma. Yo tuve experiencias con eso, de gente muy famosa con la que coincidí en algún sitio y nos hicimos amigos del alma durante una semana y después, si te he visto, no me acuerdo. Ese el frío de las alturas.

-¿Por qué considera este como su primer disco?

-Es que realmente tengo la sensación de estar empezando de cero. Es la primera vez que siento que estoy haciendo lo que realmente yo quiero y solo ante el peligro.

-Todo un signo de valentía y superación. Si se lo llegan a decir hace cuatro años...

-No lo creería. Ni de coña, vamos. Pero bueno, puede que sea un signo de valentía, pero el temor sigue ahí, ¡eh!

-¿Ve sitio en la escena musical actual para una propuesta como la de «Sanz S4N7»?

-Un día me atreví a decir que a lo mejor estamos ocupando un espacio que no estaba ocupando nadie. Es un poco osado, pero es cierto que a esta combinación que hicimos de psicodelia suave y rock, con las letras muy cuidadas, no encuentro nada que se le parezca. Claro que también puede ser ignorancia por mi parte.

-En su perfil de Twitter se define como «alternativo a mi pesar». ¿Ya no le mola su condición de «outsider»?

-Eso de outsider mola solo de cara a la galería. Pero a efectos prácticos no es nada agradecido. De todos modos, lo de ser outsider o no, no es algo que uno busque o no busque. Te toca y te tocó. El cine y la literatura nos los pintan con esa idea como de personajes románticos. Pero no. Al revés. Está muy asociado a la soledad. Yo paso mucho tiempo solo. Muchísimo. Paso días y días sin ver a nadie.

-¿Y se siente a gusto consigo mismo?

-Me ha costado. Durante años tuve que pelear con aquellos demonios de los que hablábamos. Pero, a medida que fui recomponiendo mi espíritu, aprendí a soportarme, aprendí a entenderme, y ahora puedo pasar días y días solo y llevarme bien conmigo mismo. Es un trabajo muy interesante que debería hacer todo el mundo.

-En Twitter también dice que solo el rock and roll le fue fiel.

-Joder, tengo que revisar el Twitter (se ríe). Sí, eso lo escribí pensando en ese compañero de viaje que siempre te acompaña. Cuando me vinieron los malos momentos, a quien siempre tuve al lado fue los discos aquellos que me llevaban a otro tiempo y a otro lugar. Con otras cosas no me pasó. Pero no sé quién fue más fiel, si el rock and roll a mí o yo al rock and roll.

-Su último proyecto musical fue Di Elas, con Luis Tosar. ¿Añora aquella etapa?

-A ver, Di Elas era un grupo en el que yo tenía mucha ilusión. Pero coincidió con el momento en el que Luis se fue a Madrid, hizo allí su vida, tuvo allí su familia... No tiene sentido darle más vueltas. Yo no se las doy. De Di Elas me queda Ro Muñoz, el batería, que está conmigo también en S4N7.

-¿El cine y el teatro siguen contando para Piti Sanz o eso ya forma parte también del trastero de la memoria?

-A ver... Yo aún no sé por que las productoras dejaron de llamarme. Ahí están los premios que avalan mi trayectoria. Pero el asunto es que, sin yo pretenderlo, dejé de trabajar en el audiovisual. En cuanto al teatro, es posible que regrese a él para hacer algo con Producións Excéntricas. En cualquier caso, en este momento todas mis energías están volcadas en Sanz S4N7. Esa es mi ilusión, ese es mi proyecto y en lo que espero sustentarme. Con eso me conformo. No pretendo más.

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