«Érase una vez en Francia»: El señor Joseph, judío bueno, judío malo

La edición integral de la premiada serie de Nury y Vallée permite advertir la magnitud de una obra que ficciona la vida de huido de la revolución rusa que termina haciendo fortuna moviéndose entre la peor escoria de la Segunda Guerra Mundial

Portada e interiores del cómic
Portada e interiores del cómic

Redacción

Pocos temas más recurrentes en la literatura, el cine y (obvio) el cómic que la Segunda Guerra Mundial. Pocos ángulos nuevos que abordar. Pocos espacios que cubrir. En viñetas es difícil (imposible, sinceramente) hacer algo mejor que Maus

Pero quedan algunas esquinas, algunos personajes sepultados entre aquel horror, perfiles que algunos creadores han logrado rescatar. Érase una vez en Francia busca precisamente eso: poner el foco en un colectivo pequeño, pero importantísimo en aquellos años oscuros. El de los judíos que colaboraron con los nazis bien por salvar su propio pellejo (literalmente), bien por hacer fortuna entre la miseria; bien por ambos motivos (no es incompatible). Ahí está la semilla de esta obra. 

Los franceses Fabien Nury -guionista especializado en temas vinculados al nazismo, el Holocausto o el terror de Stalin en la URSS- y Silvain Vallée -con estupendo un tratamiento de los paisajes y del color- se embarcaron a inicios de este siglo en una serie que guiara al lector por el auge-caída-auge-caída (y así varias veces) de Joseph Joanovici, un judío que huye de la revolución rusa siendo un crío para llegar a Francia, montarse como chatarrero y acabar levantando un imperio de metal y armas construido sobre un montón de sombras, las que se extienden de sus colaboraciones con los nazis y el régimen de Vichy.

Fueron dando pinceladas de ese trabajo en forma de varios álbumes entre el 2007 y el 2012, que se fueron llevando un buen puñado de premios. Se merecía ahora el integral que a finales del 2020 sacó Norma al mercado. Una de las mejores noticias en tan fatídico año.   

Este trabajo se inspira en la vida de un colaboracionista nazi. Pero realmente da igual saber que detrás de este Joseph hay una biografía real. Lo que interesa es navegar entre las cloacas por las que se mueve el protagonista, las arcadas que provocan sus traiciones, los tratos a los que es capaz de llegar... y cómo entre líneas se llega a la otra cara, la de las menorás en la casa de su esposa abandonada, la kipá o el sabath. La vida que le lleva a sus orígenes judíos, a su pesar. Cómo Joseph navega entre dos aguas -también en su vida sentimental- para enriquecerse primero, seguir a flote después, sobrevivir al final, y no perder del todo a los suyos siempre. Todo lo determina ese duro protagonista, pero la obra no sería lo que es sin una decena de secundarios muy bien descritos: la mujer despechada, las hijas olvidadas, la amante incondicional, el hermano sufridor, el juez obsesionado con el protagonista, los policías corruptos... Y toda la galería de tipos con la cruz gamada.

Por todo ello Érase una vez en Francia es uno de los mejores integrales salidos al cómic durante el último año. Por la propia historia, adictiva; por el nivel de detalle casi en cada página, extraordinario; por la documentación que se le presume, intensa; y por la resolución de cada episodio, enigmático. Un volumen costoso, pero fabuloso. 

«ÉRASE UNA VEZ EN FRANCIA»

Fabien Nury y Sylvain Vallée. Norma. Edición integral. 416 páginas. Color. 45 euros

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