Rozalén: «Puestos a elegir entre el dolor y la nada, prefiero sentir»

Envuelta en mimos y reconocimientos por su último disco, este lunes recibió la nominación al Goya a la Mejor Canción, «Que no, que no»


No nació solo para complacer. Aunque por momentos pudiera parecerlo. Ahora, además de por fin reconocerlo, Rozalén se atreve incluso a cantarlo a ritmo de arrebatadora cumbia junto a La Sonora Santanera en Que no, que no, una de las canciones de su último y cautivador disco, El Árbol y el Bosque. El tema, purita confesión, está incluido en la película La boda de Rosa, de Icíar Bollaín, y le acaba de valer su primera nominación a un Goya.

A buen seguro que no será el único reconocimiento que le llegue este año a Rozalén. El Árbol y el Bosque es una deslumbrante delicia sonora con una profunda carga poética. Nunca el difícil y complejo ejercicio de abrirse en canal hasta quedarse con el alma en los huesos había resultado tan fascinante. Ni tan bailable. Entre risas y mimos, Rozalén hurga en sus heridas, en sus fantasmas, en las cicatrices que narran el paso del tiempo, llegando incluso a aventurarse a recrear su propia muerte. Confiesa que encontró las respuestas dentro de ella misma. Y que eso la hacer mejor. Y más bonica.

­—¿«Que no, que no» es una canción hecha para la película o ya era parte del disco?

—Pues mira, se alinearon mucho los astros. Yo tenía ganas de escribir una canción sobre algo que trabajo mucho con mi psicóloga, que es mi incapacidad para decir que no. Por eso estoy en todos los lados (se ríe). Y en esas, me escribió Icíar Bollaín para contarme que iba a hacer una película de una mujer que se dedica a cuidar a los demás pero acaba por descuidarse a sí misma. Le expliqué que tenía en la cabeza la idea de una cumbia que fuera como divertida acerca de eso que yo no sé hacer, que es decir que no. Que es también lo que le pasa a la protagonista. Por eso digo que se alinearon los astros. Porque yo ya tenía la idea pero, luego, la canción la hice a propósito para la peli.

—Supongo que no pedirás perdón por la nominación. Lo digo porque en nuestra anterior entrevista decías «cada vez que me pasa algo bueno, pido perdón».

—Ya, ya… Eso aún tengo que trabajármelo. A ver, es cierto que en estas circunstancias, en las que la gente de la cultura lo estamos pasando tan mal, estaba deseando que me dieran una buena noticia. Además es que fue una producción muy difícil. Con La Sonora Santanera, que son como 30 músicos mexicanos. Nos costó mucho. Mucho trabajo, mucho dinero, mucho todo. Entonces, claro, cuando las cosas cuestan tanto, después como que te da más gustico. Así que esta vez sí. Digo «joder, creo que me lo merezco». Pero aun así, sigo teniendo ahí esa culpa... Así, continua.

—Si yo fuese psicólogo, este sería el disco que tendría puesto en bucle en la sala de espera de mi consulta.

—Sí, es un disco terapéutico. Supongo que porque yo también necesito mis dosis de curación, de búsqueda y de intentar entender un poquito este caos de mundo. Últimamente leo mucho sobre la psicología y el comportamiento humano. Y sí, me han escrito psicólogos diciéndome que algunas de estas canciones las trabajan con sus pacientes. Eso me gusta.

—Dices «Que el bosque te permita ver los árboles». Pero da la sensación de que hoy son los árboles los que no quieren formar parte del bosque. De que claramente lo individual se impone a lo colectivo.

—Esa expresión es de Aute. Estaba yo pensando qué título ponerle al disco, que es lo que peor se me da en el vida, poner títulos… Cuando escucho a gente que dice «no, ya tengo el título de la canción» y no la ha empezado, es que no lo puedo entender. Pero bueno… Que andaba yo pensando eso de lo colectivo y lo individual y en donde empieza lo que ya se puede considerar egoísmo, cuando en un documental escuché a Aute decir esa frase, dándole la vuelta al dicho. Y ahí lo vi claro. En un disco en el que hay tanto autocuidado y tanto hincapié en el amor propio, lo individual se imponía a lo colectivo. De una manera sana. Porque yo creo que soy una tía generosa. Pero es verdad que si yo no me cuido, si no dedico tiempo a hacer lo que realmente me gusta, yo no estoy para los demás. No me va a salir sonreír, no voy a tener paciencia… Eso antes no lo comprendía. Eso que puede parecer egoísta ahora lo entiendo como el principio de la generosidad.

«He visto cosas de mí que no me gustan y otras que son mi defecto y mi virtud a la vez. ¿Por qué sufro tanto con las cosas? ¿Por qué soy tan pasional?»

—En el disco anterior miraste mucho a tu familia pero en este disco te has puesto frente al espejo. ¿Qué has visto?

—Un poco de todo. Las virtudes son lo más fácil de ver. Lo que más cuesta es ver y asumir las vulnerabilidades. He visto cosas de mí que no me gustan y otras que son mi defecto y mi virtud a la vez, como la hipersensibilidad. ¿Por qué sufro tanto con las cosas? ¿Por qué soy tan pasional con lo bonito?... Bueno, pues eso, por una parte me hace sufrir mucho en algunos momentos pero, por otra, me permite hacer canciones. Así que entre el dolor y la nada, prefiero sentir. Aun así, y aunque esta vez me haya puesto delante del espejo, que creo que es de valientes, soy consciente de que hay cosas a las que sigo teniendo que dedicarle tiempo y esfuerzo y no se lo dedico. Siempre las pospongo.

«Pienso: 'Si no llegas a ser madre, no pasa nada'. No eres menos mujer por eso'»

—¿Por ejemplo?

—La maternidad. Mira, tengo 34 años y, es inevitable, por mi cabeza anda rondando siempre el «quiero ser madre». Es un sentimiento que tengo desde chica. Pero por el tipo de vida que me ha tocado vivir, por el trabajo que tengo y del que disfruto tanto, nunca es el mejor momento para eso. Y pospongo, pospongo, pospongo... Pero algo está cambiando en mí también en ese sentido. Por primera vez pienso, oye, si no llegas a ser madre no pasa nada. No vas a ser menos mujer por eso.

—«Ay qué tontería María si te quedas sola pa toda la vida / Vistiendo los santos con cientos de gatos / Llorando sin compañía», cantas en «Que no, que no». Lo de los gatos, te lo compro. Lo de los santos y el llanto sin compañía…

—No, ¿verdad? (se ríe). Además es que yo me enamoro del aire que me da en la cara. Mira, es uno de mis problemas también. Me cuesta mucho estar sola. Pero mucho. Aunque en realidad es que nunca estoy bien del todo. Cuando estoy soltera echo de menos los domingos de mantita, ahí, abrazando. Y cuando tengo pareja echo de menos mi libertad de la soltería. Yo que sé… Pero no, es cierto, no tengo pinta yo de vestir santos. Que tampoco pasaría nada, ¡eh!

—Dices que te gusta hablar de los tabúes, pero ¿a cuál no te enfrentas?

—Bueno, hay muchos tabúes de los que sí que me cuesta hablar. Por ejemplo, el tema de la monarquía, fíjate. No me atrevo con eso. Se me ha pasado alguna vez por la cabeza decir lo que pienso, pero, no sé, creo que tendría muchos problemas. Tengo la sensación de que no me traería nada bueno. Y a veces, callando también dices muchas cosas.

«Lo que no puedes es estar criticando a tu vecino o a los políticos y luego no ir a visitar a tu abuela»

—La protagonista de la película es una mujer de la que todos abusan por su dificultad para llevar la contraria a los demás. ¿Has sentido alguna vez, no diré abusado, pero sí que se han aprovechado de ti?

—Por supuesto. Pero es que además a mí me lo dicen claramente. Yo quiero pensar que la mayoría de los compañeros que me piden que colabore con ellos es porque les gusta lo que hago y porque algo de talento tengo. Pero hay gente que me pide cosas por interés, claro. Incluso hay quien directamente me lo ha dicho «María, hazte un dúo conmigo que me conviene». Y no me parece mal. A mí me gusta que la gente sea honesta. Y ahí yo digo «pues venga, pues pa'lante. Lo hago por ti».

—Suele lucir Kase.O, a quien entrevistamos en estas páginas la pasada semana, una camiseta en la que se lee «Si quieres cambiar algo, cambia tú». De alguna manera, tú vienes a decir algo parecido: «Si quiero mejorar el mundo, primero voy a mimarme yo».

— Es que es así. Cuando escuché El Círculo, de Kase.O, dije «¡guau! Pienso exactamente igual que tú. Cuanto más amor das, mejor estás». Tal cual. Lo que pasa es que es difícil porque una tiene también muchos motivos para estar jodida y cabreada. Y darle la vuelta a eso no es nada fácil. Pero lo que no puedes es estar criticando a tu vecino o a los políticos y luego no ir a visitar a tu abuela.

—Eres una persona que ríe mucho. Te delata, como dices en «El paso del tiempo, esa arruga en la boca. Pero ¿también eres capaz de reírte de ti misma?

—Es que si no estaría muerta. Es que eso es sanísimo. Cuando una ya logra reírse de las cosas que le hacen sentir mal, es cuando lo supera. Lo tengo clarísimo. Además, como buena manchega, el humor tiene que estar presente en mi vida todo el rato. Mira, conmigo se mete mucho la gente porque dicen estoy hasta en la sopa. Bromean con que va a salir un disco en el que no ha colaborado Rozalén o que no haya otro confinamiento porque yo seré como el Resistiré. Y yo soy la primera que me descojono. Porque es que tienen razón. Y a partir de ahí la gente dice ¿para que nos vamos a reír de esto si ella ya es la primera que se ríe?

—Hemos hablado mucho de lo que dices pero muy poco de cómo lo dices. Y en este disco eso tiene un valor sustancial porque musicalmente es muy diferente a todo lo que habías hecho hasta ahora.

—Cierto. Estoy muy contenta porque con el disco anterior me pasaron muchas cosas y el reto era grande. Pero sí, musicalmente a mí me parece que este disco está a otro nivel. Nos atrevemos a tocar ritmos que nos encantan y nos divierten. El funky, cumbias, el son cubano… A mí, hace nada, me dices que tengo que cantar algo así y me acojonaría. Pero esta vez estoy contenta. Y este es un disco muy de directo. Hay bastante profundidad en las letras pero es que es imposible no bailarlo.

«Yo escucho de todo, pero de todo, todo. Hasta J Balvin, C. Tangana y todos esos, aunque hay letras que no comparto»

—¿Qué estás escuchando que te ha abierto tanto el abanico de influencias?

—Yo escucho de todo, pero de todo, todo. Hasta J Balvin, C. Tangana y todos esos. Aunque hay letras que no comparto, en sus producciones hay cosas que me parecen super interesantes. Luego, cantautores he escuchado y escucho siempre. Escucho copla. Y escucho muchísimo folklore. Estoy como muy volviendo a la raíz, también. Es que me encanta la música. Y me encanta bailar. Me sienta estupendo.

—Las músicas de raíz viven en España un momento esplendoroso. ¿Lo viste venir?

—Mira, yo uno de los proyectos que sé que voy a hacer, sí o sí, es hacer un disco del folk que he mamado. Es que me parece que es lo más moderno. Lees cosas que decían nuestras abuelas y creo que son los mensajes que más faltan nos hacen ahora mismo. Yo agradezco mucho que estén ahí figuras como Rodrigo Cuevas, Marisa Valle Roso o Los Hermanos Cubero… Bueno, fíjate, yo en Girasoles, que es un reguetón, le metí una bandurria. Y funciona que te cagas. A veces no hay que volverse tan loco buscando por ahí. Hay que volver a lo que nos ata a la tierra.

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