Un exterminio frente al espejo

En «Un tributo a la Tierra», Joe Sacco retoma el gran reportaje ilustrado, con pueblos indígenas barridos por el progreso. Lo cuenta en Canadá, pero valdría en cualquier otro lugar


redacción

Lo más parecido que hay en el cómic a un reportero de guerra, o de documental, es Joe Sacco. Posiblemente, el mejor periodista-dibujante del planeta. Un hombre que se ha pasado media vida danzando entre situaciones de conflicto, quizá porque se le quedaba pequeña su Malta natal. Como su paisano Corto Maltés, aunque aquí acaben las similitudes con el personaje del añorado Hugo Pratt.

Sacco las ha visto de todos los colores en el conflicto de los Balcanes o en la franja de Gaza. Pero los últimos años, asentado en Estados Unidos, ha decidido dar voz a una guerra mundial algo más silenciosa, pero de consecuencias monumentales: la que tiene que ver con la pérdida del medio ambiente. Y tirando de ese hilo ha optado por una historia local que nos lleve hasta un problema global. Ha decidido dar voz a comunidades indígenas del noroeste de Canadá para que estas cuenten cómo era su vida hace apenas cien años, cómo la cambiaron —forzadamente la mayoría, de forma voluntaria unos pocos— por la llegada de multinacionales energéticas, y cómo han hecho para intentar preservarse. Sucede en ese punto del planeta, lo que llaman más allá del paralelo 60, pero puede aplicarse a muchos puntos del mundo.

Lo que hay de fondo en este diálogo entre Sacco y el pueblo dene es el profundo respeto al planeta que tienen estos singulares habitantes, cazadores, pescadores, navegantes de grandes ríos, depositarios de un legado ancestral y respetuosos ante la llegada del hombre blanco. Y de ahí, de horas y horas de grabación y de horas y horas en todoterreno, sale este Un tributo a la Tierra, la última producción de este hombre que ya enfila los 60 años. Una vuelta a esos grandes reportajes de revista semanal, un documental sin prisas. Sacco no se ajusta bien a los tiempos del periodismo de consumo rápido y de tertulias alteradas. Él primero busca una historia, luego la envuelve con un poco de épica personal y deja paso a los protagonistas. Hay una galería enorme de voces aquí presentes

No es Un tributo a la Tierra un cómic con un dibujo fabuloso. Tampoco de grandes planchas para exhibir paisajes (pese al lugar en el que se ambienta, en pleno Canadá aislado). Y de remate presenta una discutible puesta en página en algunas secuencias, intercalando testimonios con recuerdos o documentos históricos. Pero es que así es Joe Sacco: un tipo poco fino en la ejecución, sí, en favor del relato y de las argumentaciones de los protagonistas. Así sucedió en Gorazde o En la franja de Gaza, los dos trabajos más logrados hasta ahora, donde pecaba de un subjetivo y a veces excesivo punto de vista personal. Aquí deja hablar, que todo vaya fluyendo a su manera. Junto a una compañera, se mueve por terrenos complicados, entre hielo y nieve, sin apenas infraestructura. Recoge nociones de historia que ayudan a contextualizar el presente; indaga en el pasado inmediato de los indígenas que entrevista para advertir luego las consecuencias presentes de sus decisiones; y termina montando así un tebeo monumental (por tamaño, y por proyecto personal) que se encuentra al final entre los mejores trabajos de este interminable 2020.

«Un tributo a la tierra»

Joe Sacco. Editorial Reservoir Books. 272 páginas. Blanco y negro. 22 euros

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