Paula Morado: «En 'Patria' aprendí a torturar con toda la normalidad del mundo»

La actriz ferrolana, que interpreta a una policía en la serie vasca, ha hecho de inspectora también en «Vivir sin permiso»: «Creo que me ven el perfil duro porque mido 1,71»


Para Paula Morado este 2020 , por muy difícil que sea, le está dando el reconocimiento de trabajos como Patria, la serie Madres o Vivir sin permiso, en donde la actriz ferrolana ha destacado. En Galicia la vimos arrancar su carrera en Urxencia cero, adonde llegó después de una larga experiencia encima de los escenarios haciendo teatro, una vocación que nació en ella en el instituto Carvalho Calero: «Les hacía falta un bufón para una obra y ahí aparecí yo».

-En «Patria» te tocó hacer de policía y en «Vivir sin permiso» eres la inspectora. ¿Eres una mujer dura?

-¡Y vengo de hacer de jueza en otra, y en Madres soy una madre durísima! Puede ser que me vean así porque mido 1,71, y tengo los pómulos marcados, pero soy todo lo contrario: una persona positiva. Aunque creo que todos tenemos un poco de todo, hay días que somos alegres, otros pesimistas... Como los personajes. Pero bienvenidos sean estos papeles, a veces mis amigas se meten conmigo y me dicen: «Pauli, te están encasillando». Una amiga policía me ayudó y me enseñó a esposar, a apuntar...

-Hubieras hecho bien de la compañera de Álvaro Morte, El Profesor en «La casa de papel».

-Sí, el papel que hace Itziar Ituño, ¿sabes que me confunden mucho con ella? Dicen que nos parecemos. Los actores de Patria me lo comentaron en el rodaje, para mí es un honor.

-En «Patria» mandas dar unas cuantas hostias, dicho así llanamente.

-Sí, sí. Y hay muchas más torturas que se rodaron y están en el making off; al final no entraron en el capítulo, pero fueron durísimas. Estar en ese rodaje ha sido un lujo, personalmente es mi serie favorita, aparte de que participara en ella. Así que por mí a pegar lo que hiciese falta.

-Tú tienes las dos visiones, por trabajar dentro y luego como espectadora, ¿cambia mucho la percepción?

-Las dos son un disfrute, en el rodaje nos pidieron contención, porque querían que las torturas fueran la normalidad de un trabajo, el de la policía de entonces. Aprendí a torturar como si nada, a hacer de policías que en su día a día golpeaban con naturalidad, para mí eso fue lo complicado: intentar transmitir ese relajo, al tiempo que ves cómo le están pegando a uno de los protagonistas. Pero cuando me siento en el sofá, soy ¡espectadora, espectadora!, igual que mi madre o mi padre. Me siento y disfruto, es cierto que, cuando sale una secuencia mía, me da un poco de desasosiego, pero por la expectativa que tengo. Yo soy crítica y perfeccionista, nunca me quedo satisfecha, pero hay que confiar en el director. Si dicen toma buena, es toma buena.

-¿Qué te ha dicho tu familia?

-Mi madre tiene mucho ojo crítico, aunque suelo gustarle porque soy su hija, ja, ja. Mi padre es partidista totalmente: siempre le encanto. Pero mi madre analiza más y con Madres me dijo que le había encantado, que había llorado. Nunca la había visto tan entusiasmada. Tanto que se olvidó de que era yo y hubo un momento en que se reconfortó: «¡Pero si es mi Pauliña!».

-Mira que Ferrol da buena cantera...

-Sí, sí. Bueno, yo soy de Caranza. Y del metal, que mi padre fue un obrero del metal desde los 16 años hasta su jubilación. Eso marca.

-¿Cómo se sale de una ciudad pequeña para el mundo?

-Yo estudié en el instituto Carvalho Calero y me metí en teatro porque les faltaba una persona para el papel de bufón y aparecí yo.  Probé, me encantó y luego me apunté en la Escuela del Padroado de Narón, que funciona genial, hay mucha cantera, es una formación muy rigurosa, y de ahí a los castings. Todo es querer hacer, ahí aprendí todo. Para hacer una tortilla bien, hay que hacer muchas tortillas. De ahí vengo. Sin la escuela de Narón, yo no habría podido. Hay muy buenos maestros allí y se da una formación muy completa, luego entré en la compañía de José Prieto, Bonecas, y aún ahora a él le consulto cuando tengo dudas. Él me enseñó las cosas que no son perecederas. Yo no creo en el talento innato, este es un oficio de constancia, perseverancia y de aguantar.

-¿La garra está muchas veces en la contención?

-Sí, en que todo se haga de dentro para fuera. Una mirada es suficiente.

-En eso Miren y Bittori son dos maestras.

-¡Bueno, bueno! A Elena Irureta (Bittori) y Ane Gabarain (Miren) este año espero que les venga todo lo bueno. Son personas excelentes, al final suele coincidir la honestidad interpretativa va con la personal. Son nobles, tan buenas compañeras, tan dulces... Estoy maravillada con las dos. En persona, Elena aún es más generosa, te la comes.

-¿Te has encontrado mucha estrellita por el camino?

-No, los grandes de este país, como Maribel Verdú, Belén Rueda, Jose Coronado... son increíbles. Es con lo que me quedo, me lo encontré más —esto va a sonar un poco loco, pero yo tengo ese punto impulsivo— cuando me formaba y hacía cursos, ahí veía a gente con un ego, con una seguridad... La gente que lleva trabajando toda la vida está ahí porque son los mejores. Tanto en la interpretación como en la calidad personal.

-Dices que «Patria» es la «Chernobyl» española.

-Sí, yo lo sentí así nada más coger el guion. Cuenta algo que nos interesa a todos, por una vez se cuenta la parte emocional de ese terror, el dolor de todas las familias. La de los asesinados, por supuesto, y la de los asesinos. Sufre también esa parte, esa Miren que se pone en la posición de defender lo indefendible por su hijo. Cómo no la vamos a comprender...

-En «Madres» también interpretas a una mujer que pierde a su hijo y se olvida del que tiene.

—Sí, y yo comprendo a Alicia porque por desgracia todos en nuestro entorno vivimos momentos difíciles en que una madre pierde a un hijo. Yo tengo casos, en el astillero murieron cuatro personas jóvenes hace unos años por un tanque [se emociona], esas familias... Ay. Me emociona, esas madres quedan destrozadas de por vida. Ese dolor, esa rabia es de por vida y a veces abandonan a sus otros hijos porque están rotas. Les sucede a Alicia y a Miren. En Galicia pasa mucho, solemos preocuparnos más por el hijo que está fuera, o el que da más problemas, eso es así. Te vuelcas en el que no está.

 

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