Amar y odiar en Nápoles


¿Es así de fácil morir en las personas sin las cuales no podemos vivir? Eso se pregunta la protagonista de la nueva novela de la Ferrante, que se llama Giovanna o Giannina, depende de quien la llame, si sus padres habitantes del barrio alto de Vomero o su tía, que nunca ha salido del barrio industrial de Pascone y se ha quedado detenida en las nueve noches de pasión que vivió con el amor de su vida, quizás porque el individuo en cuestión murió pronto y en la categoría de imposible, lo que facilita mucho convertirse en eterno. Tal vez hay que ser del Nápoles más popular para amar y odiar de esa manera y la única forma de salir del barrio y de las oscuras pasiones es el estudio y la vida intelectual, que elimina violencia, disimula los deseos y, al menos, hace más elegante la vida mentirosa de los adultos. La joven la descubre bajo la mesa del comedor con un enlace de pies que no se corresponde con la unión de las manos sobre el mantel. Querría seguir siendo una niña, pero cuando cae el velo que a veces cubre las cosas no queda más remedio que mirarlas de frente y, si eres pequeña, hacerte mayor por la vía rápida o por la vía rebelde. Giovanna escoge la segunda, con fracaso escolar, ropa negra y prácticas sexuales en parques públicos, náuseas incluidas.

Conoce a Roberto, inalcanzable, y decide amarlo. Bueno, no es exactamente así, pero yo siempre me pregunto cuánto tiene el amor de decisión y cuánto de revelación.

Sea como fuere, a veces te mueres en otros sin que ellos mueran en ti. Y, sin embargo, sigues viviendo.

Por Mercedes Corbillón Librera y editora

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