Ede: «Cantar es una manera muy sana de hacer mi revolución»

Forma parte de la banda de Xoel y su primer disco está producido por Juanma Latorre (Vetusta Morla). Ede abre vías a una generación a la que el pop parecía que había dejado de interesar


Un abrazo de cuatro minutos es hoy pura lujuria. Por más que una cámara circunde la escena. Por más que los transeúntes distraigan su mirada en esa pareja que se funde en la quietud, ajena e intensa, entre los acordes de Alma de oro. A él lo conocen, es Xoel López. Pero ¿quién es ella?

Pues ella es Ede, cantante y teclista de Carabanchel, de 22 años, a la que Xoel la ha integrado, con un protagonismo que trasciende con mucho al de una corista, tanto en su propia banda como en Combo Viramundo.

Pero, al tiempo, Ede brega también por sacar adelante su propio proyecto musical. El viernes 25 publica su primer epé. Tres composiciones propias grabadas en acústico, voz y piano, bajo la producción de Juanma Latorre (Vetusta Morla). Su título, «Tranquila».

-¿Es una declaración de principios?

-No, en realidad es una cosa que odio que me digan. Es un poco para quitarme ese trauma. No soporto que me digan que me relaje o que me calme. Si fuese una persona tranquila no haría canciones.

-¿Qué viene a aportar Ede a la escena musical española?

-En realidad, nada que no exista ya. Si te refieres a si tengo un megaplan para triunfar, pues no. Lo único que puedo aportar es mi honestidad y la absurda convicción de que a alguien le interesan las historias que cuento en mis canciones. Intento poner mucha verdad en lo que escribo, en lo que canto y en cómo lo canto. Aunque a veces sea una putada ser tan transparente. Te llevas algunas tortas. Pero no lo sé hacer de otra manera. Ni en la vida, ni en la música.

-Tienes 22 años. ¿Te ha dado tiempo a vivir todo lo que cuentas?

-No, no, para nada. Mis canciones no hablan tanto de mis vivencias, rollo Sabina, como de las historias que me inquietan. Reflejan mi manera de entender el mundo. O de quejarme de que no lo entiendo. Son mi manera de relacionarme con lo que me rodea y no volverme loca.

-Hace algunos años aparecieron en España una serie de mujeres cantantes y compositoras que le dieron un revolcón al panorama musical. Hablo de Russian Red, Anni B Sweet, La Bien Querida, Zahara… ¿Estamos ya ante el relevo de esa, no sé si llamarla generación?

-No me atrevo a decir que es un relevo pero sí que es cierto que ahora mismo hay muchas mujeres de mi generación con proyectos nuevos que van a dar mucho que hablar de aquí a poco tiempo. Yo, de hecho, empecé a hacer canciones porque coincidía en Madrid con mujeres creadoras como Yoly Saa, Ainhoa Buitrago, María de la Flor… Ellas me inspiraron mucho.

-¿Qué tenéis en común?

-Que estamos todas un poco pallá y que nos encanta hacer música a pesar de tenerlo todo en contra. Yo lo que más admiro de ellas es cómo todas se buscan la vida. Tienen muchísimo talento. Pero no ese talento innato, esa cosa como romanticista, sino un talento fruto del trabajo. También les admiro esa honestidad de la que te hablaba antes y lo echadas para adelante que son con todo. Porque, joder, somos pequeñas dentro de lo que cabe y nos enfrentamos a una industria enorme que a veces es despiadada y en la que parece que no puedes ser sensible o empático. Y sin embargo todas trabajamos desde ahí, desde esa sensibilidad… Desde el amor, aunque parezca que suene un poco cursi.

-¿Puede haber también otro elemento en común, hablo del compromiso con el discurso feminista?

-Evidentemente. Yo intento que ese discurso no sea explícito, aunque en algunas canciones asoma. Pero el hecho de ser la responsable global de un proyecto, en el que tú compones, tú arreglas, tú tocas, tú cantas…, eso ya de por sí es feminista. Y luego, pues es cierto que yo no tengo pelos en la lengua a la hora de hablar de cosas que son incómodas pero que hay que poner sobre la mesa. Pero a nivel artístico a mí me interesa otra manera de empoderarme.

-Parafraseándote, ¿tienes en la garganta una revolución?

-(Se ríe) Creo que todos la tenemos. Cada uno la usamos como podemos y yo decidí cantar. Y menos mal que puedo hacerlo. Me parece una manera muy sana y muy corporal de hacer mi pequeña revolución.

-Ya lo decías en el 2018 en «Lobas»: «Cantando vamos a sobrevivir».

-En mi caso es literal. Muchas veces la música me ha salvado de no saber muy bien qué hago en la vida. Y de repente me he dado cuenta de que hacer canciones y cantarlas es lo que yo he venido a hacer al mundo. Ya sé que suena como muy místico pero realmente lo siento así.

-Estás a punto de zambullirte de lleno en la industria musical. ¿Qué es lo que más te asusta de ella?

-Hay como un cliché de que hay gente muy mala en la industria, como que hay monstruos. A mí no me está pareciendo que haya más monstruos que en la vida en general. A mí realmente lo que más miedo me da es que perdamos de vista que detrás de todo este negocio hay seres humanos. Lo que más me asusta es encontrarme con gente que no es empática y que no escucha ni ve más allá de lo que ellos creen que eres.

-¿Y lo que más te pone de este negocio?

-Pues mira, siento ser así, un poco lila, pero lo que más me pone es, con el dinero que gane haciendo música, poder comprarle una casa a mis padres.

-Bueno, llegó el momento Xoel. ¿Qué significa en tu vida y en tu trayectoria artística?

-Como profesional no hay mucho que decir. A su lado aprendo muchísimo. Todo el rato y a todos los niveles. Y como persona, lo que más admiro de Xoel es su generosidad y su humanidad. Una humanidad que lo impregna todo. Yo a veces aún me paro y me quedo pensando «que suerte tengo de, con mi edad, estar en una banda así». De verdad que no puedo estar más contenta. 

-¿Cómo surgió el vídeo de «Alma de oro»?

-De verdad que nos lo planteamos de una manera supersencilla. Sinceramente, no nos esperábamos que fuera a gustar tanto. Pero es que, claro, la gente lo ve y dice «¡dios, cuatro minutos de abrazo! Lo que daría ahora por estar cuatro minutos abrazada a alguien sin tener que dar explicaciones».

-Xoel te mete en su banda; Juanma Latorre, guitarrista de Vetusta Morla, te produce el primer disco… ¿Te sientes la niña mimada del pop español?

-No, para nada. Porque eso es lo que se ve, pero luego, en lo que no se ve, me meten mucha caña. A ver, soy consciente de la suerte que tengo. Pero, voy a ser un poco insolente, es una suerte relativa. Si esos músicos tan importantes han decidido trabajar conmigo es también porque yo me lo he currado mucho para que eso pasase.

-Puestos a soñar, ¿con quién te gustaría colaborar?

-¿Español?

-Puestos a soñar…

-Con Beyonce, sin duda (se ríe). Pero siendo un poco más realista, hay un músico italiano que se llama Mahmoud, que me flipa lo que hace. Y de España, me encantaría hacer algo con Rodrigo Cuevas o con Raül Refree.

-¿Qué música escuchabas de pequeña?

-En mi casa se escuchaba Mecano, Radio Futura, Sabina, Serrat…, cosas así. Luego tuve una época en la que escuchaba mucho rock americano, tipo Paramore, Sum 41, Green Day… Y de repente descubrí el jazz. Y fue ahí, escuchando a Ella Fitzgerald, Etta James o Sara Vaughan como realmente yo aprendí a cantar. Pero siempre he sido de gustos muy eclécticos. También he sido muy fan de Vetusta Morla. Y hace dos o tres años asomó mi vena folclórica y descubrí la copla y el flamenco. Estoy fascinada.

-No creo que tuvieras muchas compañeras que escuchasen a Ella Fitzgerald. ¿Eras la rarita de la clase?

-Evidentemente, pero no tanto por la música que escuchaba sino porque yo era una intensa de la vida. Sí, fui la rarita de la clase y un poco la marginada también. Pero mira, ahora, en parte, lo agradezco porque me enseñó a desarrollar ciertas herramientas para enfrentarme al mundo de las que quizá en otras circunstancias no dispondría. Y respecto a la música, pues bueno, en mi teléfono también había reguetón, trap y mucho hip hop. Yo también escuchaba eso aunque es cierto que mis referentes eran esas grandes mujeres del jazz.

-Sostienes que «la vulnerabilidad no es una debilidad».

-Sí, totalmente. En la música y en la vida. En la música aún está relativamente aceptado que escribas desde un punto vulnerable. Pero en la vida, si te manifiestas sensible o vulnerable enseguida te dicen que te tranquilices, que no todo es para tanto, que no hagas un mundo de cada cosa. No sé, quizá si normalizásemos más determinados comportamientos no se percibirían como tan transgresores. Qué pena que la vulnerabilidad sea transgresora. Debería ser el pan nuestro de cada día.

BETANZOS. LICEO. VIERNES, 20.30. ENTRADA LIBRE HASTA COMPLETAR AFORO

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