Debbie Harry revisa el mito de Blondie en «De cara»

La artista detalla a lo largo de las 350 páginas de memorias con quién se acostó y qué consumió sin problema. El mito sigue plenamente vigente

Debbie Harry en el 2014 en Nueva York
Debbie Harry en el 2014 en Nueva York

Nada mejor que abordar De cara (Libros Cúpula), de Debbie Harry, después de haber degustado Fuego inflamable (Contra), de Richard Lloyd, editado hace unos meses. La secuencia encaja perfectamente. Igual que en ese volumen del guitarrista de Television, la biografía de la inmortal cantante de Blondie entra sin mostrar recato en el ambiente loco, sórdido y convulso de la escena punk del Nueva York de los setenta. ¿Una prueba? «Una vez David Bowie e Iggy Pop querían conseguir cocaína -relata-. Un amigo me había dado un gramo, pero yo prácticamente no lo había tocado. No me gustaba la cocaína, me alteraba demasiado y me afectaba a la garganta. Así que fui arriba con mi alijo y la succionaron de una vez. Después de esto, David se sacó la polla como si yo fuera la revisora oficial de pollas o algo así».

La anécdota, una de tantas que se recogen en las más de 350 páginas de este volumen, se cuenta como tantas otras en las que el sexo y las drogas, el brillo y la mugre se mezclan con enorme facilidad. La artista detalla a lo largo del relato con quién se acostó y qué consumió sin problemas. También expone sus ambiciones y cómo durante un tiempo giró en los círculos de una espiral de trabajos absurdos (entre ellos el de conejita en el Playboy Club) antes de convertirse en la rutilante estrella pop que sería posteriormente.

Vio la luz en los directos de New York Dolls. «Lo que me atraía tanto de aquellos conciertos era que quería ser como ellos, solo que no sabía exactamente cómo ponerme en marcha, porque en aquel momento no había chicas haciendo lo que yo quería hacer», explica. Sí, Debbie fue una pionera en un momento en el que pocas mujeres se ponían al frente de una banda de rock. Cuando lo logró, irradió una energía muy particular, una sexualidad contenida que amenazaba estallar de continuo sin llegar a hacerlo del todo en ningún momento. Todo respondía a un personaje creado por ella, mirando a Marilyn Monroe y conectándolo con la rugosidad punk. «Era una muñeca inflable pero con un lado muy oscuro, provocativo y agresivo. Lo exageraba pero iba muy en serio», señala. «Últimamente pienso que estaba representando algún tipo de criatura transexual», dice más adelante viéndose a sí misma como una suerte de drag queen.

Sea como sea, el mito de Blondie sigue plenamente vigente por la imagen, pero también por un ramillete de excelentes canciones. Entre ellas, la celebérrima Heart Of Glass, un atrevimiento que despertó los rechazos de parte de su escena: «Los críticos de rock detestaban la música disco; la revista Punk publicó una diatriba contra la música disco y la gente a la que le gustaba. Aquella canción tocó las narices de muchos críticos, pero como dicen Chris y los dadaístas, nos hizo punks frente al punk». Leyéndola se confirma, una vez más, que la historia se repite. Géneros que promulgan la libertad y que, más pronto que tarde, demuestran su intransigencia y su negativa a evolucionar. ¿Qué dirán esos críticos de Heart Of Glass hoy en día?

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