Xoel López: «La música latina ya no está mal vista, se ha incorporado otra vez»

Con un disco que saldrá tras el verano, el coruñés ofrece conciertos a cuentagotas, como el que dará mañana en el 17º Ribeira Sacra


Como a todos los artistas del país, el coronavirus ha obligado a Xoel López a revisar sus planes y modo de trabajo. «Mi nuevo disco iba a salir entre mayo y junio. Al final se editará en octubre, si es que al final sale ahí. Ya lo digo con la boca pequeña porque de aquí a dos meses no puedes decir nada», explica. El estado de alarma lo cogió justo en mitad del proceso: «Los singles —se refiere a Alma de oro, Joana y Tigre de Bengala— son lo único preconfinamiento. Por suerte, se pudieron mezclar y sacar». El resto del álbum se ha ido grabando en las últimas semanas. Muchos de esos temas se podrán escuchar este fin de semana en el festival 17º Ribeira Sacra. Si no tienes entrada, ni lo intentes: todo está agotado. Pero habrá más oportunidades para ver al coruñés. Por ejemplo el 6 de septiembre en el ciclo Solpores do Lagoeiro en A Estrada.

­—¿El confinamiento influyó en su música? Por ejemplo, su vídeo de «Tigre de Bengala» parece que tiene que ver.

—Sí, es curioso. Me preguntaban el otro día sobre cómo había hecho una canción así durante el confinamiento, porque pensaban que hacía referencia directa a la situación. Pero no, la canción es previa. Todo eso de «si se salva» no tiene nada que ver con el encierro. Sin embargo, siempre ha pasado en la historia de la música: hay canciones que nacen de pie y aparecen en un contexto que les favorece. Igual que Joana quedó un poco tristona para el momento y pasó un poco más desapercibida, esta tuvo mejor suerte. Lo que sí que es producto del momento es el vídeo. Se hizo lo que se hizo 100 % condicionado por la pandemia. La idea era otra totalmente diferente: más festiva, más coral y con toda la banda. Y al final terminé yo solo en casa y bailando a pesar de todo.

­—Hace ocho años que editó «Atlántico», que supuso su apertura total al mundo de la música latina. Pero hasta ahora nunca lo había hecho de un modo tal como para abrazarse al merengue, un género denostado en el pop independiente español del que usted procede.

—Es un merengue 2.0. Yo creo que es lo que pudiera haber sido Atlántico si me hubiera dejado llevar. Entonces capé todo un poco. Me empezó a asustar cuando la gente me decía qué estaba haciendo, si me había vuelto loco y adónde iba con esa música. Inconscientemente lo rebajé un poco, porque mi idea inicial era más drástica. Pensaba que bastante estaba haciendo y no quería que se me fuese la olla [risas]. Ahora todo ha cambiado. Imaginemos lo que significaría esta canción en el 2012 y lo que significa ahora. No tiene nada que ver. De repente, no hay ni una crítica por ello, ni un desprecio, ni un atisbo de xenofobia en los comentarios. La música latina ya no está mal vista, se ha incorporado otra vez. Ya lo había estado en el pasado, que esto no es nada nuevo. Pero durante un tiempo se mantenía al margen. Eso ocurre ahora, ocho años después de Atlántico. Por eso me dije: «Ahora me lo permito, adelante. Si el tema salió así, vamos con él. Y así fue.

­—Este «Tigre de Bengala» viene precedido de dos singles muy distintos. ¿Está en el momento más ecléctico de su carrera?

—Sí, los singles marcan tres aristas diferentes del disco. Joana y Tigre de Bengala, por ejemplo, son opuestas. Y, al tiempo, creo que no tienen parangón con nada que haya hecho antes. No sé qué ocurrió, pero miré hacia el Norte y al Sur y Este y Oeste para ir más lejos. Junto a ello, Alma de oro es bastante extraña. Refleja bastante lo que escucho ahora, que estoy con mucha música nueva. De hecho, creo que en Spotify me deberían cobrar más por el uso que le doy, porque le saco mucho partido [risas].

­—¿Está en una efervescencia creativa?

—Sí, sin duda. Me gusta la palabra, porque define muy bien en este momento. Por ejemplo, lo noté al meter las voces en la grabación. No recuerdo disfrutar tanto cantando desde Atlántico. O antes. Es una sensación como de rejuvenecer en el sentido más lúdico de la música. Puede que el confinamiento haya tenido que ver con eso. El otro día en un concierto me emocioné muchísimo cantando Joana. La gente se puso a aplaudir y se me saltaron las lágrimas. Nunca me había pasado algo así. Pero es que tienes las sensaciones muy a flor de piel y vuelves a entender la belleza de la música.

­—¿Estos reencuentros en los escenarios están siendo muy diferentes?

—Sí, hay que guardar distancias. El otro día cantaba con Ede Alma de oro y estábamos a dos metros, sin acercarnos. Al tiempo piensas: «No te acerques». Nosotros somos muy de tocarnos y de bailar. No te das cuenta hasta que estas ahí. No dices: «Al final, para saludar no nos abrazamos y guardamos dos metros de distancia». De repente, cuando llega el momento, te quedas mirando a tu compañero y lo ves. Es todo muy extraño. Resulta bonito volver a tocar, pero es raro.

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