«Antártida», la aventura más extraordinaria del ser humano

Valentín Carrera, el cronista de la primera campaña antártica, presenta un relato sobre el Polo Sur cargado de épica, emoción y ciencia

El Endurance de Shackleton atrapado en el hielo de la Antártida
El Endurance de Shackleton atrapado en el hielo de la Antártida

Las conversaciones con Valentín Carrera siempre terminan con «un abrazo antártico». Quienes le conocen saben que la Antártida corre por sus venas. No podía ser de otra forma. Carrera fue el cronista de la primera campaña antártica española, allá por el año 1986, y regresó 30 años después, en el 2016. Durante las tres décadas que transcurrieron entre sus expediciones al extremo sur del mundo, el periodista escribió dos libros: Viajes a los mares de la Antártida y La aventura de la ciencia en la Antártida. Ahora Ediciones del viento acaba publicar su última obra: Antártida. Una palabra, nada más. El nombre del continente helado ya es lo suficientemente poderoso por sí solo: evoca conquista, ciencia, belleza y épica.

Carrera resume en este libro los 200 años de la exploración del lugar más inhóspito. Lo hace con la precisión de un cirujano y la pasión de un poeta. Decía Carl Sagan que cuando uno está enamorado quiere difundirlo a los cuatro vientos. «Invita a los lectores a una aventura apasionante, porque todo lo que se cuenta está en el límite de lo increíble, en otra dimensión literaria, donde la realidad supera a cualquier ficción. Cuando escribía las páginas sobre el rescate de Nordenskjöld o el regreso de Mawson desde el Polo Sur magnético, muchas veces pensaba “esto no lo va a creer nadie”, porque son aventuras tan extraordinarias que superan a las de Allan Poe, Verne y Lovecraft juntas», reconoce el autor.

Carrera cuenta su experiencia, pero también la de aquellos que iniciaron la carrera polar y posiblemente la vivencia más extrema que el ser humano haya experimentando en todos los tiempos. «La historia de la exploración polar ha sido contada muchas veces con tópicos, pero quienes han narrado mejor la Antártida son los propios exploradores: Shackleton, Cook, Scott, Charcot, Mawson o Hurley. Por eso mi libro incluye una amplia bibliografía de la gesta antártica, de esas fuentes originales con las que he construido mi relato», subraya.

La conexión con el resto del mundo

En ese relato de Valentín uno puede descubrir cómo la conquista del Polo Norte y Sur y la relación de los hombres que la hicieron posible está muy conectada. En este «viaje emocional», como lo define el escritor berciano, hay, además, espacio para la reflexión. La Antártida puede parecernos un lugar remoto donde no se nos ha perdido nada, pero lo que allí pasa tiene una influencia trascendental en el resto del mundo. «En el libro hablo del efecto polar mariposa: el aleteo de una mariposa en Siberia produce un tsunami en Oceanía. Humboldt, el primer científico que observó este fenómeno en el clima, en los volcanes y en las corrientes marinas, lo enunció de un modo sencillo: todo está relacionado. Hace 30 años, cuando viajé a la Antártida, el asunto candente era el agujero de ozono, pero no se hablaba de cambio climático. En tres décadas ha variado la perspectiva científica. Pensemos en la pandemia del coronavirus. Vivimos ahora un estado de alarma puntual y concreto, muy duro pero, ¿no deberíamos estar hace tiempo todos los países en estado de alarma permanente por la crisis climática», sostiene Carrera.

Mujeres científicas

La historia de la Antártida también pertenece a todas aquellas mujeres que fueron pioneras por partida doble en una época en la que una misión como viajar a la zona más inhóspita y hostil del planeta era un asunto reservado para los hombres. Sin embargo, fue una mujer, Josefina Castellví, la primera persona que depositó en 1986 el primer contenedor en la isla Livingston, al que, con el tiempo, se le unirían otros muchos más hasta convertirse en lo que hoy es, la base científica española Juan Carlos I, que actualmente gestiona el CSIC y que ha ido renovada recientemente. «Fue una pionera, y su convivencia con el entorno masculino no siempre fue pacífica. Aquel año, yo compartí viaje con cuatro biólogas del Instituto Español de Oceanografía: Ana Giráldez, Milagros Millán, Ana Ramos y Carmen Gloria Piñeiro, estupendas compañeras, pero hubo quien pretendió que alguna de ellas le lavara y planchara la ropa. Desde entonces, hemos mejorado mucho en igualdad y en actitudes, pero aún lejos de la paridad, no solo en el Ejército y la Armada, también en el CSIC y las universidades. En nuestra expedición hubo 17 científicas sobre un total de 70 investigadores: el 24%, cifra similar a la media del CSIC. Recuerdo que cuando celebramos en las bases el Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia, decidía lanzar un reto que sigue vigente en la actualidad: ¿Qué tal, señores del Comité Polar, del CSIC y de las universidades, si en las próximas campañas duplicamos el número de investigadoras», concluye Carrera.

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