William Davies, el autor que recomienda Harari: «WhatsApp usa relaciones de confianza para difundir información falsa»

El historiador israelí es uno de los entusiastas del autor de «Estados nerviosos», donde el sociólogo británico aborda la compleja relación entre la razón y la emoción en las democracias modernas

El sociólogo y escritor William Davies
El sociólogo y escritor William Davies

La urgencia, la indignación y la agresividad dominan nuestro ánimo. El profesor de Política Económica de la Universidad Goldsmiths, adscrita a la de Londres, el sociólogo William Davies, ayuda a comprender cómo la autoridad de los expertos se diluye en tiempos de retuits, contenidos virales y noticias falsas en su último libro, Estados nerviosos (Sexto Piso). Una publicación pre-coronavirus que no puede ser más oportuna en los días que vivimos. «Un libro esclarecedor y elegante. La comunidad científica se ha cimentado sobre la base de la separación entre razón y emoción. Sin embargo, ahora la misma ciencia señala esa separación como un mito insostenible», describe Yuval Noah Harari, el autor de Sapiens, esta lectura. 

-¿El sentimiento manda sobre la razón?

-Las tecnologías digitales son como un sistema nervioso: circula constantemente información sobre lo que está sucediendo ahora, a qué reaccionar, qué amenazas surgen. En esta pandemia, su capacidad de extracción de datos en tiempo real ha aumentado. Como sociedad, somos hipersensibles, estamos hiper-alerta, pero también tenemos menos terreno firme en el que pararnos. En un nivel psicológico, decir que el sentimiento se está apoderando de la razón es decir que nuestra idea de la verdad se mide cada vez más en términos de cuán fuerte me afecta. Una idea razonada es aquella que busca salir de estas experiencias.

­-¿Son un obstáculo los sentimientos?

-Cualquier animal que no sintiera tomaría riesgos estúpidos, sufriría terribles heridas y dejaría morir a sus hijos. No habría amistad ni solidaridad. Eliminar los sentimientos no es una opción deseable. Nos dicen cosas importantes sobre nosotros y nuestro mundo, pero no son suficientes. ­

-Habla de «emociones morales» y «mentalidad de guerra».

-La ira o el resentimiento son una emoción moral. Un sentimiento de injusticia. Una mentalidad de guerra es aquella que ve el mundo como un lugar de profunda incertidumbre, en el cual el conocimiento objetivo o independiente es imposible, y confía en una mezcla de inteligencia e instinto contra el «enemigo». La velocidad es tan importante como la verdad. Esta mentalidad es, en una característica de nuestra esfera pública, facilitada por las redes sociales y un estado de confusión general con respecto a los hechos. Donde hay tanto «ruido» y se hace difícil saber en quién confiar, hay un atractivo obvio en aliarse a una identidad o a un «lado» de una discusión, y aferrarse a él.

­-Vivimos en la era del tuit.

-El argumento se ha convertido en un ejercicio de marca. Somos comercializadores de nosotros mismos que reducimos las ideas al menor fragmento posible: tuits, memes, vídeos para compartir. Esto tiene serios riesgos, donde un argumento, como un reportaje, se juzga en su titular o foto, nadie lee la pieza correctamente.

­-¿A la gente le importa la verdad?

-Sí, pero la verdad no es la forma instintiva de relacionarse con el mundo. Es inusual ser «objetivo». Si un amigo me cuenta una historia, la disfruto y confío en ella. No pido inmediatamente evidencias o verificación. Las redes sociales transfieren esa norma al debate público. WhatsApp es tan peligroso porque usa relaciones de confianza para difundir información falsa. En qué medida confíen en ella nos dice cuánto confían en los expertos. Pero hay una cuestión importante en esta crisis y sus recortes de libertad. Médicos y enfermería son de las profesiones más «confiables». La gente está más unificada.

-¿Puede quebrar Europa por el covid-19?

-Esta es una prueba más grande que la del 2008. Habrá devastación económica y diferentes tipos de levantamientos nacionalistas, pero también quizás un nuevo sentido común en torno a los problemas ecológicos (si lo queremos). No quiero predecir en qué resultará ese cóctel.

-«The Guardian» se preguntó «por qué España respondió tan mal» al coronavirus. Ahora lo hace con su país, el Reino Unido.

-Parece que un pequeño grupo de científicos que asesoran al Gobierno se centró mucho en un conjunto de modelos y nadie estaba prestando atención a lo que había sucedido en China, Italia o Corea del Sur. Muchos funcionarios y políticos británicos asumieron que un bloqueo nunca funcionaría aquí porque somos una sociedad muy liberal. Como si fuéramos diferentes. Hay serias preguntas sobre qué tipo de conocimiento y de experiencia se escucha y cómo los asesores explican a los políticos que los científicos no pueden tomar todas sus decisiones por ellos.

-¿Cómo explica las manifestaciones contra el confinamiento en EE.UU.?

-El virus está matando a personas en grandes ciudades que apoyan a los demócratas, como Chicago y Nueva York. Las personas que mueren allí son desproporcionadamente negras. En segundo lugar, estas manifestaciones están siendo lideradas por personas que desprecian al Gobierno en general. Creen en los derechos de armas y la libertad. Es una ideología extrema, menos común en Europa.

-¿Lo leerán los que viralizan en las redes sociales ideas que no contrastan?

-No escribo para decirle a la gente qué pensar. Trato de presentarles las ambigüedades, las complejidades de por qué las cosas son como son. En cuanto a los que nos ven como parte del problema (¡hay muchos nacionalistas en Gran Bretaña que desprecian a los profesores universitarios de Londres!), tal vez nunca me acerque a ellos. Pero podrían descubrir que no los estoy descartando si prestaran atención.

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