¿Es la cultura un bien de primera necesidad?

Alivia, acompaña, une, conmueve, transforma. Es motor económico e indicador de la salud psicosocial de un país. ¿Cómo nos protege la cultura de la crisis del COVID? Responden Eloy Tizón, Cesáreo Sánchez, Oliver Laxe, Guadi Galego y otros profesionales del audiovisual y del libro

Algunas de las iniciativas culturales y artísticas que podemos disfrutar en el confinamiento, desde la actuación de la Orquesta Sinfónica en YouTube al alquiler de la película «Todo o que arde» o conversaciones y juegos interactivos
Algunas de las iniciativas culturales y artísticas que podemos disfrutar en el confinamiento, desde la actuación de la Orquesta Sinfónica en YouTube al alquiler de la película «Todo o que arde» o conversaciones y juegos interactivos

Imagina, pero sin medios para imaginar. Imagina un día, dos, tres, cinco semanas, tres o cuatro meses sin libros, sin música, sin redes para el disfrute o la reflexión online, sin esa serie, sin opciones en streaming para llenar, aliviar, abstraerse o «abrazarse» a otros en el gusto por un libro, una canción, una conversación alejada de la polarización ambiental. ¿Es la cultura un bien de primera necesidad? ¿Podemos sostenernos sin víveres para la curiosidad y el alma? ¿Resistiríamos un apagón prolongado en el vecindario alternativo que crean los artistas transformando la realidad? Alemania ha dado a la cultura la consideración de bien de primera necesidad. «¿Qué haríamos en este confinamiento sin elementos culturales? «A la cultura hay que darle el lugar que merece. No es lo primero, pero es un sector que merece ser tratado con dignidad, con respeto y con delicadeza», expresa el escritor Eloy Tizón (Madrid, 1964).

«Descubriste que la literatura era un cataclismo llevadero. Y estaba siempre a mano. Gracias a ella pasaste de ser un herido grave a ser un herido leve», escribe el novelista, que dice que, a diferencia de lo que ocurre con la política, la cultura y el arte nos procuran un lugar donde encontrarnos «desde lo mejor que tenemos». Pero tendemos «a un cierto extremismo, a opiniones radicalizadas. Me gustaría sobre todo serenarnos, no caer en caricaturas ni resúmenes de brocha gorda. A mí también me produjo decepción la intervención del ministro de Cultura», admite Tizón en alusión a las palabras de Rodríguez Uribes el pasado día 7, que posteriormente rectificó, para despachar la falta de ayudas específicas para el sector con un «como dijo Orson Welles, primero la vida y luego el cine».

«Estamos en una situación de emergencia sanitaria, en la que hay unas prioridades absolutas: salvar la vida de las personas afectadas y hacer que la población disponga de los servicios mínimos de asistencia, vivienda, alimentación. El nivel de urgencia de la cultura no es este, pero la cultura es un sector muy frágil en España, que la caricatura tiende a reducir a las subvenciones del cine -plantea Tizón-. Y es cansino, porque la cultura es mucho más que eso».

«Desde Cultura hay que dar un mensaje de serenidad. Para que la cultura y las productoras no se hundan podrían ponerse en marcha medidas rápidas, como se ha hecho en Francia o Alemania. Es necesaria una inversión extra para garantizar la continuidad, prórrogas o una ampliación del presupuesto fiscal», apunta Luisa Romeo, de la Asociación Galega de Productoras Independentes.

«Cando alguén lle fai reivindicacións a un político sobre a importancia da cultura, o político fálache de sanidade», dice el cineasta Oliver Laxe, que expone su pensamiento citando a Benedicta Sánchez: «Como dixo Benedicta, ponlle cousas á xente na cabeza, no espírito, e verás como comen menos. Se nos cultivamos culturalmente inmunizámonos a moitísimas cousas. A cultura é o motor secreto da sociedade, é o que nos fai crecer», afirma el director de O que arde.

Creación en la Red

Más reflexiva, sólida e independiente o entregada al placer de hacer al público disfrutar, la cultura no ha dejado de manifestar su capacidad y solidaridad en esta pandemia. De Metallica a Luz Casal, Guadi Galego, Rosana, Andrés Suárez, Rozalén o Fon Román (por citar solo a unos pocos), los artistas responden, sin dejarnos solos. El show sigue de otro modo online. Museos como el Prado abren en la Red. Penguin Random House ofrece a partir del día 30 La peste, de Camus, en audiolibro y el acceso en e-book a la obra completa del autor. Anagrama permite leer un cuento de Marta Sanz sobre el confinamiento y Kalandraka ofrece en red Contos contados para niños que da gusto escuchar. En la web de RTVE puedes elegir a tu favorito de la historia de Eurovisión hasta el 16 de mayo. Numax permite ver gratis, 24 horas, cine de autor (cada día, una peli). La Sinfónica de Galicia anima a no rendirse en YouTube, y si humoristas como Perdomo y Touriñán amenizan la cuarentena a las 23.00, Luis Piedrahíta hace magia en Instagram y Twitter para «entretener a las pequeñas bestezuelas» del hogar. «La cultura y el arte son un bien de primera necesidad, y lo están demostrando ahora», concluye Luisa Romeo.

"Hay que serenarse y evitar resúmenes de brocha gorda"

Preguntamos a un artista, a un editor, a un librero, a un autor, a una productora o cineasta, a uno de los autónomos que tejen nuestro paisaje cultural qué necesitan para resistir. Hay una llamada a la calma, desde la unidad en el sector, pero no una coincidencia plena en los mensajes de los entrevistados por Fugas.

NO DEPENDE SOLO DEL GOBIERNO

«La cultura debería ser un producto de primera necesidad, pero esto no es algo que dependa solo del Gobierno, sino del valor que le dé la gente a la educación, al saber», afirma Pilar Rodríguez, presidenta de la Federación de Librarías de Galicia. Al frente de la librería más antigua de Ourense, Pilar asegura que, en esta crisis, libreros, editores y autores galegos van «da man». «Somos pobres hasta para pedir. Solo pedimos que todos los libros que se compren a nivel institucional se adquieran en librerías», concreta la librera, que advierte que el problema de fondo es que «lo hemos puesto casi todo en el tener en vez de en el ser».

«Nunca nos deben derrotar a esperanza», alienta el poeta Cesáreo Sánchez Iglesias, presidente de la Asociación de Escritores en Lingua Galega (AELG). «Hai na cultura un servizo público que está a coidar da saúde psicosocial neste momento. É algo que ao tempo deixa ver carencias, sexa na sociedade, na valoración do que significa, por exemplo, ser escritor, e nas institucións á hora de atender as demandas dos autores e autoras. Fálase dos problemas laborais e sociais como se fosen unha cousa á marxe da cultura. Nós somos parte, temos eses problemas... Esa é a preocupación que vimos de mostrarlle editores, libreiros e escritores á Administración galega, que ten transferidas as competencias de cultura. Nós estamos a ser parte da solución, da cura desta pandemia mundial, e somos parte do problema que está a deixar a pandemia sanitaria, que é tamén unha pandemia económica».

La precariedad laboral es singular y aguda en el sector. «O tecido de pequena e mediana empresa do sector cultural está en perigo; pode ser unha perda irreparable. Está o tecido asociativo, a cultura de base, tan importante para o pensamento crítico», advierte Cesáreo Sánchez, que apunta a la consideración de la figura del escritor. «O escritor pode non vivir profesionalmente da escrita, pero non significa que non sexamos uns profesionais. Non somos escritores de fin de semana», defiende.

UN BIEN COMÚN, SOLIDARIDAD

La generosidad se mide al virus, que no tiene aún respuesta en forma de vacuna política. La solidaridad es la nota dominante en los profesionales de la música, la literatura y el cine. El pasado viernes, la Unión de Actores y Actrices­, en concreto Juan Echanove, respondió al «plantón» del ministro de Cultura con un apagón cultural. «Era un toque de atención, una pataleta. No se trata de pedir subvenciones, pero sí ayudas, por ejemplo, en forma de compra de libros por el Gobierno para las bibliotecas», apunta Tizón. El apagón fue desconvocado cuando la ministra María Jesús Montero señaló que estudiarían la singularidad del sector. Echanove dio entonces un paso atrás tras manifestarse contra Uribes: «Claro que estamos de acuerdo con que lo primero es la vida, pero hay que enganchar el vagón de la cultura, que aportó al PIB el 3,2% en el año 2019 y da trabajo a unas 700.000 familias. La cultura es un sector estratégico que se filtra a todos los demás».

¿Es o no cultura el Camino de Santiago?, ¿qué volumen de beneficio puede generar para el país el patrimonio inmaterial, los intangibles?

Con «moito choio» atiende a Fugas Guadi Galego, Premio a la Promoción de la Realidad Plurilingüe del Estado, y una de las artistas que ayudan a sobrellevar el arresto en casa, entre otras muchas cosas, por la conversación a la que nos invita a asistir, con Tanxugueiras, en YouTube.

«Esta é unha crise mundial tan profunda que nos vai obrigar a reinventarnos. Evidencia un problema do primeiro mundo, non podemos mirar só para o noso. Agora, a prioridade son as vidas, e que ninguén careza dos servizos mínimos no Estado español. Trátase de non dar máis traballo. Despois, será o momento de reformular as cousas e o sistema. Eu teño claro que a cultura non vai desaparecer, como o ocio», considera Guadi Galego.

Tenemos refugio en la literatura, la música, series, películas. El sector de la distribución en salas genera en España 11.500 puestos de trabajo directos, según los datos que aporta Ramiro Ledo Cordeiro, responsable de Cinema Numax y Numax Distribución, que mantiene el contacto con su público en este encierro como si la portada de su web «fose unha especie de cine». «A diferenza é que podes alugar un filme en lugar dunha butaca. Hoxe comezamos cunha programación infantil, con filmes de animación. É algo que nos inventamos. Tivemos que facelo por libre!», asegura Ledo, que ve que lo elemental «para sobrevivir é respirar e comer, pero non entra en ningunha lóxica obviar tantos postos de traballo e tantas vidas», señala el realizador refieriéndose a los profesionales y al público.

«Hai que ter coidado tamén co todo gratis, polo que poida supoñer despois. Agora é un acto de solidariedade. Agardemos que cando pase todo isto as institucións sexan conscientes. Medidas concretas que poden axudar no sector do libro son un bono familiar para mercar en librarías ou aumentar a dotación para a compra de libros polas bibliotecas públicas», resume Cesáreo Sánchez Iglesias. «Que vai pasar co Xacobeo?», plantea.

En cuanto al afán activo, reflexiona Eloy Tizón, «tampoco caer en esa ansiedad de aprender dos idiomas o tocar un instrumento, al menos que esto no genere un estrés. En la guerra los Balcanes, había gente que salía de su casa jugándose la vida para ir a reunirse con un pequeño grupo de personas, leerse textos o hacer representaciones teatrales. La cultura no es un adorno ni un capricho. La sensación es que, al final, la cultura apela a lo mejor que tenemos, frente a la política; la cultura invita a sacar nuestra parte creativa. Y en este momento es, sin duda, esencial».

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