La irreductible aldea gala se queda huérfana a sus 60 años

Junto a Goscinny, el talentoso Albert Uderzo creó el posiblemente cómic más popular del planeta. La franquicia seguirá, pese a su adiós


En el verano de 1959, dos chavales se estrujaban las meninges en un modesto piso de las afueras de París. Guionista uno, René Goscinny, dibujante el otro, Albert Uderzo, acaban de poner en el mercado un año antes Umpa-pá, una serie sobre un extravagante indio. Lo iban a publicar en Pilote, una revista juvenil sin la que no se puede entender el cómic del siglo XX. En aquel apartamento de Goscinny, las ideas se les iban agotando. Les dio por repasar la historia de Francia, y pronto dieron con la llegada de los romanos. Pensaron en dar vida a un atlético galo que les hiciera frente; luego en un hombrecito menudo y avispado; posteriormente en los acompañantes que tendría, la fuerza que tendrían... Y finalmente montaron Astérix el galo. Vería la luz en el otoño de hace seis décadas.

Entonces era imposible advertir lo que vendría después, posiblemente el personaje de cómic europeo más reconocible en el mundo, con permiso de coetáneos como Tintín, de Lucky Luke o de Corto Maltés.

Aquel tipo de bigotillo rubio, su mejor amigo, ese bonachón amante del jabalí llamado Obélix, el druida Panorámix, el jefe de la aldea, el bardo, el pescadero y el herrero (siempre a la gresca), el viejo Edadepiédrix... y hasta el César o los soldados romanos de Laudanum, Aquarium o Petibonum (los campamentos que rodeaban la aldea) no están para fiestas. Un día como el 24 de marzo del 2020 no tendrían ganas de pelea. Ese día, Albert Uderzo se moría superados los 90 años, envuelta esa noticia en la peor pandemia que se recuerda en cien años (aunque él falleció por problemas coronarios).

Pero esa triste desaparición dio la vuelta a ese mundo hoy enfermo. No era para menos. De sus manos salieron los personajes de una obra sobresaliente del noveno arte que mantuvo viva durante más de medio siglo, aunque desde los ochenta hubo de hacerlo en solitario, tras el fallecimiento de su hermano Goscinny, algo más que un compañero de trabajo. Uderzo se las ingenió para seguir adelante, poniendo su siempre extraordinario dibujo al servicio de unas historias que han fascinado a cuatro generaciones y que son la puerta de entrada a los libros para cientos de miles de pequeños lectores en el mundo.

 Llevaba ya tiempo retirado. La franquicia de Astérix le sobrevivirá (en otoño salió un nuevo álbum, con otras firmas), pero queda huérfana. Uderzo se va a ese cielo que los galos temían que se les cayera encima. Estas son algunas de sus obras imprescindibles:

«LAS AVENTURAS DE MICHEL TANGUY Y LAVERDURE». JEAN-MICHEL CHARLIER Y ALBERT UDERZO

Es el primer gran trabajo editorial de Uderzo, aparecido poco antes que Astérix, y que tuvo una continuación con otros creadores. El dibujo de Uderzo no tiene nada que ver con el que le haría popular, pero es de un nivel espectacular, con una enorme precisión en detalles de aviación y secuencias en el aire admirables. Cómic adulto que gana con el tiempo.

«UMPA-PÁ». ALBERT UDERZO Y RENÉ GOSCINNY

El primer trabajo conjunto de los dos creadores, para la revista Tintin en 1958. El diseño de Uderzo es ya menos anguloso, con planchas más coloridas y unos fondos menos sofisticados, para darle más preeminencia al personaje, más caricaturesco, más juvenil. Fueron cinco álbumes ambientados en Norteamérica en el siglo XVIII, con un indio que se resiste a la llegada de una carabela desde Europa.

«ASTÉRIX EL GALO». ALBERT UDERZO Y RENÉ GOSCINNY

Se estrenan los dos creadores con su nuevo personaje, una aventura que, con el paso del tiempo, puede parecer algo floja, pero que es clave para poder seguir la saga. Es una presentación sobre los personajes, la invasión de la Galia, el secreto de la poción mágica, la inquina del César hacia esa pequeña resistencia, el gusto por la carne de jabalí, los menhires, la cena cuando todo casa... Se crea ya todo un universo para una treintena de libros.

«ASTÉRIX Y CLEOPATRA». ALBERT UDERZO Y RENÉ GOSCINNY

Junto a la aventura de los juegos olímpicos, posiblemente el álbum más logrado de toda la saga. Porque tiene historia, tiene intriga, tiene a los personajes saliendo de su aldea, tiene guiños a personajes reales de finales del siglo XX, tiene la enigmática construcción de las pirámides... Y claro, tiene también las peleas con los romanos, la poción y las discusiones infantiles entre Astérix y Obélix.

«LA GRAN ZANJA». ALBERT UDERZO

Arranca en solitario Uderzo tras la muerte de Goscinny (su último trabajo firmado juntos es la aventura en Bélgica). Decidió que Astérix aún tenía mucha vida por delante, y terminó por publicar más de una decena de álbumes, con desigual éxito: Uderzo era un gran dibujante, pero no era tan brillante al diseñar toda una historia. Esta sí es buena: tomando la idea de Romeo y Julieta, una enorme zanja divide, y no solo físicamente, la pequeña aldea.

«EL LIBRO DE ORO». ALBERT UDERZO Y RENÉ GOSCINNY

Un trabajo póstumo este que se publicó coincidiendo con los 50 años de la primera publicación de Astérix. Por primera vez desde los años 80 se pueden ver trabajos firmados por los dos creadores, secuencias olvidadas, homenajes de otros dibujantes a la obra de los dos franceses universales. Una despedida oficial a los padres de la saga. Todos los álbumes que han venido después son otra cosa.

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