«Me parece algo deleznable tener 20 años y no aspirar a reventar el mundo»

Detenerse, reformular el sonido y tirar adelante grabando ¿su mejor disco hasta la fecha? No parece una exageración hablando de Triángulo de Amor Bizarro. Para nada


Todo apunta a un renacer. La banda de Boiro edita hoy su quinto disco. Lo ha vuelto a llamar Triángulo de Amor Bizarro, igual que su debut del 2007. Le ha puesto una portada en negro, y arranca diciendo: «No me arrepiento de nada». ¿Un reinicio? «En realidad, eso ocurre en todos los discos, aunque quizá aquí se haya acentuado más», comenta Isabel Cea, bajista y cantante, en una entrevista hecha antes de que se decretase el estado de alerta por el coronavirus.

­-¿Es casual ese primer verso?

-Casual no hay nada en nosotros. La canción responde a una seguridad en lo que estamos haciendo, una especie de catarsis pero positiva. Para lo bueno o para lo malo, estamos aquí y hemos hecho lo que nos da la gana. Vamos a seguir así.

­-¿Tienen la sensación de que su éxito siempre ha estado en la cuerda floja?

-Claro, va totalmente por ahí. Jugársela siempre y con coherencia con uno mismo. Es una filosofía de vida, pero también un medio de vida. Hay que conjugar muchas cosas y afinar bien. Lo nuestro es una apuesta que puede salir bien o mal.

­-¿Hay un reseteado al pasar los 40 años?

-Sí. Todo esto viene con una perspectiva de edad. No te lo planteas cuando empiezas. Tú a los 20 haces lo que haces y no piensas nada. La edad y tener una carrera más dilatada influye mucho. La gente se vuelve más conservadora con el tiempo, pero no siempre.

­-Hay muchas novedades. En «No eres tú», por ejemplo, presenta líneas de bajo medio «funk» y toques jamaicanos.

-Es algo que nos gusta mucho. Estamos escuchando reggae y creo que es algo que nos va acompañar siempre. Nos mola mucho. Es un descubrimiento que nos voló la cabeza y, a nivel rítmico, da un montón de posibilidades para integrarlo en otros estilos. Partes de ahí y puedes hacer mil cosas.

­-Surge la electrónica y la melancolía en temas como «Fukushima» o «ASMR para ti». ¿Ha aparecido una sensibilidad oculta en el grupo?

-[Risas] Es tener otra visión. En lugar de hacer letras más complicadas, este disco es más directo. Al abrirte de un modo más sincero y personal, tiendes a la melancolía. Incluso de modo inconsciente. Respecto a la electrónica, ha sido algo totalmente nuevo. En lugar de meternos en el local y partir de riffs de rock and roll, lo hicimos de forma muy diferente. Más por partes, construyendo la canción por bloques.

­-«Vigilantes de espejos» es su típico trallazo pop con reminiscencias de The Cure, pero Rodrigo canta de un modo muy diferente. ¡Parece Morrissey!

-El registro ha ido ganando con los años. Al hacer tanto directo, al final acabas soltándose mucho más y coges mucha seguridad. A mí me mola más así.

­-Apelan en ella a no venirse abajo en la madurez. ¿Quieren volver a brillar?

-Lo que te dice la canción es que dejes de llorar, de pensar que es fin del mundo y hagas lo que hacías antes. No pasa nada.

­-Y terminar en Soweto, el mítico «after» de A Coruña, que lo citan en el tema.

-Claro. Sale también el Burbuja. Y el Templo de Ribeira. De ahí partió la idea de los espejos. En ese garito siempre estaban los espejos de los baños rotos. De pronto, alguien se ve reflejado a las diez de la mañana y observa a una persona que no es. Es una visión doble [risas].

­-¿Sería Triángulo de Amor Bizarro un buen grupo para escuchar en un «after» a las nueve de la mañana?

-Mmm... no sé si hay afters ya. Pero en casa de un colega a esas horas creo que sonaría bien, estupendamente.

­-¿En «Canción de la fama» ridiculizan la idea del éxito con «likes» y seguidores?

-Hay una confusión. Nosotros aspiramos a crear algo guay, dejar una obra que quede en el tiempo. Igual que nos pasa cuando ponemos en casa un vinilo de Primal Scream y Portishead y sigues descubriendo cosas. Es a lo que aspiramos, no digo que lo hayamos conseguido. Pero parece que las aspiraciones se han quedado en ser famoso, en tener dos millones de seguidores y 20.000 likes. Y creo que eso no es precisamente lo más enriquecedor. La gente tiene que salir en la tele llorando un poco o haciendo mediocridades. Quieren caer bien a todos y gustarle a cuanta más gente mejor. No pueden sostener un discurso. Me parece algo deleznable tener 20 años y no aspirar a reventar el mundo. Todo artista tiene que tener eso como meta.

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