David Perdomo: «Si estás encerrado en un piso de 50 metros, eres un campeón; pero si estás en una tumbona tostándote y haciendo una parrillada, pues no»

«Yo con Touri me parto de risa, es el Messi de la comedia; los dos jugamos cada noche a sorprendernos», asegura el humorista que triunfa con sus directos en Instagram


David Perdomo lo ha vuelto a hacer. Con su ingenio y el de su amigo Touriñán nos han despertado de esta cuarentena para ponernos en el camino del mejor humor. Muchos están esperando a diario a que lleguen las once de la noche y carcajearse con esos directos de Instagram en los que los dos cómicos, los dos actores, hacen un ejercicio de comedia improvisada con los personajes que llevan dentro (Mucha, el Koruño, el Pijo…). El encierro, dice Perdomo, le ha devuelto ese gusanillo de los primeros años, ya hace veinte, cuando conoció a Touriñán y comenzaba a ensayar en los bares su tiquitaca con el público: «La cuarentena nos ha traído este rock and roll de nuevo, no somos más que dos amigos improvisando por la necesidad egoísta de divertirnos. Pero lo más maravilloso es que hay 21.000 personas en un solo día viéndonos, esto sí que no nos lo esperábamos».

-¿A quién se le ocurrió la idea de este show que estáis montando todas las noches?

-Hay que decir de entrada que Touri y yo somos amigos desde hace veinte años, cuando él andaba con Marcos Pereiro, otro monstruo y amigo, por los bares donde empezamos. Realmente está siendo una vuelta a los inicios, lo que de verdad nos marcó en nuestras carreras. En esta circunstancia dramática, como estamos todos mirando hacia dentro, surgió esta idea de divertirnos de manera egoísta, porque lo que queríamos era pasárnoslo bien nosotros. Y si cada día hay más gente que nos ve en este espacio es también para concienciarnos de que debemos quedarnos en casa. No es una maniobra comercial ni hay nada detrás, solo somos dos amigos que queremos pasarlo bien, disfrutar y jugar. A nosotros se nos descubre otra manera de hacer humor ahora, somos dos colegas haciendo el tonto. Pero en solo tres días ha sido un bum.

 -¿Qué es lo que más echas de menos en el encierro?

-Te voy a decir la verdad: yo soy bastante anacoreta en general. No te voy a decir que me cuesta muchísimo. Yo no soy nada social, soy un tío distanciado socialmente…

 -Como se diría vulgarmente: eres rarito de cojones… (risas)

-Ja, ja. Sí, sí. Yo soy muy de estar en casa, con gente de confianza, como con mi hermana, mis amigos más cercanos y hacer cosas muy íntimas como dar un paseo, nada excepcional. Los monjes hacían esto de meterse en retiros espirituales o las monjas de clausura; y la reclusión, que se lleva haciendo a lo largo de la historia, es sinónimo de mirar hacia dentro. Yo creo que es lo que nos cuesta ahora mismo. Vernos delante del espejo es jorobado. Yo quiero pensar que vamos a ser capaces de revertir esto. A día de hoy hay todo tipo de comunicaciones y tecnologías, y yo creo que va a haber gente que va a salir de esto como un Maldeman: de cocinar, de entrenar, de hacer un curso de diseño, de ver a dos idiotas vestidos de viejas por las noches… La sociedad ha cambiado. Tú y yo vivimos en el mismo distrito, me gusta decir distrito… [risas].

-Que no barrio, ja, ja…

-No, no, distrito es mucho más guay. En el distrito de Los Rosales, The Rosals District, y la verdad, yo que soy un tío bastante tímido y me cuesta, no me hablaba con muchos vecinos, y de repente con esto de los aplausos hay una comunicación brutal, y el veo-veo… Los niños nos están dando un ejemplo. Se les acusa de que si ahora son unos no se qué y los niños son increíbles.

-Así que no sabes qué es lo primero que vas a hacer cuando salgas por la puerta.

-Probablemente lo mismo: sacar al perro e ir al supermercado, no creo que mi vida vaya a cambiar, ja, ja.

 -A lo mejor decides quedarte en casa…

-(Risas) A ver, yo creo que lo que voy a hacer es ir a surfear; es lo que más me apetece. Ahora que no puedo es lo que más echo en falta.

 -¿Y en ese mirarte hacia dentro has descubierto alguna cosa que no supieras de ti mismo?

-Sí, me doy cuenta de una cosa, no es que me guste, pero está ahí. Todo el mundo ha tenido problemas, pero en mi historia hubo momentos muy puntuales, muy oscuros, y el más duro fue la muerte de mi madre, que fue cuando yo casi me voy para el otro barrio. Eso creo que te forja. Hay unas experiencias que te hacen por dentro fuerte, y yo creo que en los momentos de caos funciono bien. En los momentos de tristeza soy capaz de encontrar cositas. No me importa mirar hacia dentro, de hecho creo que todo el mundo debería hacerlo.

 -Ayer no le abriste el portal a Maripili, la veías por el telefonillo…

-Ja, ja, ja. La gente debe de pensar que Touri y yo hablamos una hora antes para preparar todo este show, pero nada. Hablamos por whatsapps y nos decimos: «Empieza tú», pero nada más. Creo que eso es también para que la gente vea nuestro trabajo un poco más arriesgado, todas esas fantasías que se crean mientras hablamos por un telefonillo (en realidad eran las pantallas del ordenador) o cuando el Koruño le dice a José María: «Vamos a la calle, que te voy dar unas hostias»… Creo que así se ve el trabajo de un actor de manera artesana en su casa. No somos una plataforma seria: somos dos amigos en chándal que nos dedicamos a hacer comedia y ayudar a la gente que está en su casa. Porque no eres la primera que dice: ‘¿Y la señora sigue esperando en el telefonillo?’, ja, ja, ja, que se genere eso es maravilloso.

 -Touri se parte contigo, tú con él. Os hacéis muchísima gracia.

-Sí, y nos retroalimentamos. Es que yo con Touri me muero de risa, esa es la verdad, me parece el mejor payaso, no puedo con él. Para mí él es Messi, siempre se lo digo: cómo puede ser tan rápido, de dónde saca todas esas ocurrencias, jugamos a sorprendernos el uno al otro. Por eso cuando nos dan los ataques de risa es muy bonito, porque llegamos a lugares geniales gracias a que el otro apoya.

-Es un ejercicio de improvisación…

-Sí, y de humildad y de respeto al compañero. Nosotros sacamos lo mejor que tiene el uno del otro, y creo que puedo hablar por Touri también que los dos nos ponemos nerviosos antes de empezar, como si fuera un bolo. Nosotros no contábamos con esto, con este éxito, mira que hacemos series, tele, pero recuperar esto que nos gustaba tanto: el rock and roll de que sea lo que Dios quiera, vamos a improvisar y que la respuesta sea esta, creo que es muy bonito.

-¿Eras muy millennial tú, o te has puesto las pilas? Estás muy «youtuber»… Ayer citabas a Marcos Pereiro como el que os ayuda en esto.

-Sí, Marcos siempre fue una máquina, de fotografía, de lo que sea, él sabe de todo, es el más millennial. Touri y yo somos señores de 40 tacos. Es verdad que mi chica es más joven y me lleva por el buen camino y me enseña. Pero Touri y yo somos unos matados, soy casi como mi padre, que cuando hace videollamada pega la oreja (risas).

-Empezó como coronavirus, luego Coruñavirus, ahora es «conavirus» gracias a vosotros, no sé cómo acabará…

-Ja, ja… Esto ya es una declinación, así que habrá más. Ya haremos una nueva, tú no sabes en qué acabará, pero nosotros tampoco, no te creas. A ver si creéis que hay un equipo de guionistas, ja, ja, ja. Aparte ten en cuenta que nosotros vamos leyendo vuestros comentarios y eso es peor, es el salón de una casa. El otro día había una que decía: ‘Hola, mamá, ¿estás ahí?’; la gente se está saludando. Pero, claro, cuando luego cierras el directo y ves que ha habido 21.000 espectadores y que cada día hay más gente, buf. Este éxito es tan exponencial como la mierda del coronavirus.

 -Yo ayer con el chupador de clítoris me partía.

-Ese es el Touri, que se saca esas cosas de la manga, la lamprea de Miami… Yo tengo una caterva de personajes, la gente me conoce por Land Rober, pero el formato en el que yo me encuentro más cómodo es este más informal. El personaje vive de una manera distinta, como el Pijo, el Koruño, que adquieren otro precio más real. Yo aprovecharé para seguir entrenando y engrasar las tuercas.

 -Tú no te pudiste depilar el bigote, no tienes peluquera…

-Ja, ja. Todo esto sale así, en caliente.

-No sé el Koruño cuando salga lo que va a hacer.

-Ni nosotros. Touri hacía mucho tiempo que no sacaba a Mucha y ha vuelto a aparecer. Y, bueno, el Koruño qué te voy a contar, casi se me conoce más por él que por mi nombre. He vivido tantas circunstancias con ese personaje que ya es como si fuera yo mismo.

-El Koruño va a contar bien el encierro, pero la salida, buah, va a ser brutal.

-Ja, ja. Sí, va a ir al Bosque, a la discoteca, no lo sé (risas), o irá al Puerto de Ocio, no sé adónde van a ahora, ja, ja. Soy un señor mayor que va a por el periódico y se levanta a las siete de la mañana para hacer ejercicio.

-¡Pero tú no eres runner!

-No, pero a pesar de que tengo aspecto de lavadora, soy igual de alto que ancho, tengo que decir que mi cuñado es entrenador personal y me mete una caña que flipas. Hago ejercicio, pero jamás he subido una foto haciéndolo, me parece una soberana horterada, es como si subes una foto cagando en el baño. Son intimidades que no son necesarias: fotos comiendo, haciendo ejercicio, por favor, no hay necesidad. Solo demuestran que eres un ser humano normal, que quemas calorías. Que, ojo, también lo hacen los animales y nadie los aplaude. En esto quiero incidir y quiero que lo pongas: ‘Por favor, dejad de subir vídeos haciendo deporte, no nos importa’. Los setter irlandeses también corren.

-Incluso cuando vuelvan a salir a la calle tampoco nos importan los kilómetros que hagan…

-Ja, ja. Esa es una de las conclusiones a las que estamos llegando: no es necesario saber cuánto corremos, porque el setter irlandés no te pregunta al llegar a casa: ‘¿Cuántos kilómetros hice?’. «Nueve, mierda, tengo que hacer doce, vuelvo a salir». Ellos lo hacen porque lo necesitan, nosotras también.

-Estamos en esta cuarentena en una vuelta a la vida de EGB, ¿no?

-Sí, totalmente, eso es lo bonito. Estamos volviendo a lo básico en este caos, lo dice el Joker: «El caos es justo». Y es verdad, nos estamos dando cuenta de que tiene el mismo valor el mozo de almacén que está reponiendo que el sanitario. Evidentemente, en primera línea, y son nuestros generales, está la sanidad pública, pero todo el resto que hay detrás importa, la comunidad es muy importante. Estábamos en maneras de entender la vida obsoletas. Volvemos a la lentitud de pintar un cuadro, de cocinar. Y bueno, España es un país de pillaje, la picaresca del Lazarillo es cierta: hemos visto a personas disfrazadas de dinosaurio para salir a la calle, gente paseando perros de peluche, paseando una estufa… Había un tuit muy bueno el otro día de un americano que decía: «Ok, Europa, tenéis balcones». Están alucinando con nuestra movida. Somos brillantes.

-Tú no tienes terraza, entiendo.

-No, tengo la ventana del patio de vecinos y la que da al monte, que agradezco un montón. Pero sí echo de menos el balcón y toda esta gente que te da mucho ánimo desde su casa, piscina y cancha de tenis: ¡cabrones de mierda! Claro que estáis en casa, ¿dónde vais a estar? Si estás en un piso de la calle Barcelona, de 50 metros cuadrados, con humedad, un cuarto de baño y sin luz directa, entonces eres un puto campeón. Pero si estás en la Zapateira tostándote el escroto en una tumbona y haciendo una parrillada, pues mira, no eres tan héroe.

-En Los Rosales District lo llevamos de otra manera.

-Sí, está Labañork y Los Rosales District, que es como Nueva Jersey, aquí las casas son distintas.

 -Yo ya estoy en la esquina de Labañork, limítrofe, bajo a la farmacia de Miguel y listo.

-Miguel es una institución ya, esa farmacia es una maravilla. Es un crac, un «clark», ja, ja.

-Sales a aplaudir, ¿has hecho cacerolada?

-No, cacerolas no. Ya sabes que de política no me gusta opinar, porque les caigo mal a unos y a otros, lo que significa que lo estoy haciendo guay. Voy a decir una cosa que va a levantar ampollas: soy un profundo admirador de Pérez Reverte. Hay gente que lo acusa de una cosa, de otra, pero a mí me gusta eso de que sea un librepensador y le dé igual lo que piensen unos y otros. Yo lo sigo desde jovencito, muchos amigos me dicen que soy un facha. Otros me dicen: ‘Ese que se vende a los rojos’, ¿sabes?, eso me gusta. No es que me esté comparando, ya me gustaría ser un catedrático como él, pero es de esas personas que dice lo que le sale de los huevos y ambos bandos lo acusan de lo contrario. Así que ahora mismo no me importa lo del rey, que dicho sea de paso, no sé de qué nos sorprendemos. ¡Si estamos en un país corrompido!, pero ahora deberíamos estar más unidos. Suena a John Lennon, no va nada conmigo ni con mi discurso individualista, pero creo que ahora nos lo tenemos que comer: hay un bien colectivo más importante. Entiendo la cacerolada, pero a mí ahora me la suda el rey, la república y todo, lo puedes poner. Ahora hay que primar que estemos todos sanos, luego ya nos peleamos. Y me comerán por decir que me gusta Reverte.

-¿Qué has aprendido a hacer en estos días de cuarentena? ¿Pones la lavadora?

-Yo soy un amo de casa, ¿eh? Me tuve que sacar las castañas del fuego muy pronto. Soy bastante cocinillas, y estoy haciendo unas cosas increíbles: pizzas, galletas, pan de espelta que flipas, estoy cocinando y muy contento. O sea que si algo falla de la comedia, me pongo a hacer caldos y consomés.

-No es necesario que lo subas, ja, ja.

-Si lo hago será haciendo ejercicio (risas)…

-Estás sacando al Michelin que llevas dentro.

-Soy un artista, soy muy fino, si me vieras haciéndome un porro me salen perfectos, ja, ja.

 -Lo voy a poner, eh.

-Ponlo, ponlo. Soy un artista, todo lo que hago es con una sensibilidad excelsa.

 -No me quiero imaginar con el chupador.

-Uy, eso es espectacular, no te lo imagines… Ja, ja, ja.

-Bueno, entonces te veo esta noche.

-Te esperamos, estaremos pendientes de tus comentarios (risas).

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