Georgina: «No es un temazo si no se sostiene con guitarra y voz»

El cuarto disco de la cantautora venezolana es una delicatesen pop con pinceladas de raíz latina


Es muchas veces el de la sencillez el ropaje más hermoso. El más difícil de crear y el más osado para lucir. Sobrio en apariencia pero profundamente complejo. A Georgina le ha llevado una década vestir así sus canciones. O quizá desvestirlas. Lo ha hecho en su cuarto disco, Bienvenido a mi habitación, una delicatesen pop con pinceladas de raíz latina en la que la cantautora venezolana afinca en España desde hace 15 años revisita en esencia y desde el sosiego parte de su cancionero, al que incorpora nuevas piezas envueltas en terciopelo.

—¿Por qué decidió regrabar en formato más íntimo algunas canciones de sus discos anteriores?

—Son canciones que me gustaban pero a las que se les pasaron de moda los arreglos. También he querido hacerlas mucho más básicas para que a la gente le llegue mejor el mensaje. Además es la prueba de fuego para una canción. Cualquier tema, da igual, de Michael Jackson o de Justin Bieber, si a guitarra y voz no se sostiene y no emociona, no es un temazo.

—¿Este tono íntimo y acústico será ya una constante o volverá a sonidos más eléctricos, como los de sus discos anteriores?

—Hace un año te diría que sí, que me casaba fielmente con este formato. Pero hoy no lo sé. Es probable que me vuelva a apetecer meter guitarras más eléctricas. Soy muy voluble, muy cambiante. Haré en cada momento lo que sienta que me llene. Supongo que al final lo más bonito será fusionarlo todo y crear un show que tenga variedad, que vaya desde lo más íntimo a los más rocanrolero.

—El disco tiene tres colaboraciones de lujo: Pablo López, Manu Carrasco y Vanesa Martín. ¿Fue cosa de la discográfica o iniciativa suya?

—No, no, la discográfica flipó cuando se los llevé. Los tres son amigos míos. A Vanesa la conozco desde hace 15 años, ha sido muy bonito ver crecer su carrera. A Pablo lo conocí colaborando yo con él y él siempre ha sido muy fan de Soñador. Siempre me decía «si la vuelves a grabar, yo quiero hacer esa canción contigo». Y con Manu igual, su mujer es una de mis mejores amigas. Le dije que siempre había imaginado Cero, una canción que está dedicada a mi padre, con su voz, y él encantado. 

—Hay además otra colaboración de alguien que no es famosa pero que para usted es muy importante.

—Desde luego, es mi abuela. Ella perdió la memoria pero nunca se olvidó de cantar. Cantaba tangos y boleros, y lo hacía genial. Mi hermana la grababa y me lo mandaba por Whatsapp. Cuando mi abuela murió cogí uno de esos audios y sobre su voz grabé la mía y una guitarra. Nada más. 

—Recuerda a aquella escena de «Coco», en la que le canta «Recuérdame» su abuela.

—¡Es verdad! Se me ponen los pelos de punta. Me emociono mucho con esa canción.

—Han dicho de usted que recuerda a «aquellas vocalistas clásicas de club nocturno».

—Me lo tomo como un halago. Eso lo dan las tablas. Mira, me conozco todos los garitos de España, desde el rincón más cutre hasta el más glamuroso. Y, por supuesto, todos los tipos de público. A mí ya me ha pasado de todo.

—De ahí también, supongo, esa conexión especial que cuentan que se genera en sus conciertos.

—Sí, aunque esté en el escenario, a mí me gusta sentirme como si estuviera en el salón de mi casa con mis amigos. En los conciertos hablo mucho. Por ejemplo, antes de cantar una canción me gusta contar cómo fue que yo la compuse y por qué la compuse. Sabiendo eso la gente la escucha ya de otra manera. Puede que sí, que en eso también esté algo de la magia de mis conciertos.

—Su concierto de A Coruña sirve de presentación para un festival de artistas femeninas. ¿Qué opinión le merecen de este tipo de iniciativas?

—Me encantan. Todo lo que tenga que ver con el poderío femenino me fascina. Hasta hace bien poco había muy pocas mujeres en la música. Y hoy yo creo que hay más mujeres triunfando que hombres. Me parece maravilloso que por fin vaya habiendo una paridad a nivel musical. Las que ya llevamos muchos años en esto hemos vivido lo difícil que fue ser mujer en el mundo de la música. Comprobar que ahora no tiene nada que ver, que a la gente le da igual que seas hombre o mujer bien merece una celebración.

—Al hilo de la letras de dos de sus canciones, ¿se siente más “supermujer” o más “mujer maravilla”?

—Pues mira, dependiendo del día. Lo de supermujer es muy irónico, es un “quiero ser pero no”, es poner cara de fortaleza cuando realmente por dentro te sientes derrotada. Para mi supermujer es esa facultad que tenemos las mujeres de poder salir siempre adelante a pesar de las dificultades y disimularlo de puta madre.

—Ha dicho que los títulos de sus discos siempre han reflejado su momento personal. De «Ensayo y error» dijo que era ese el proceso en el que entonces se encontraba; de «Rara», que fue una etapa un poco friqui de su vida; y «Dilema», un momento en el que no sabía por dónde tirar.  ¿Qué momento refleja «Bienvenido a mi habitación»?

—Bienvenido a mi habitación es mi graduación. Ya me encontré. Invito a la gente a que me descubra porque ya tengo una historia que contar. También te diré que en el momento no fui consciente de por qué ponía esos títulos. Lo descubrí después. Pero es cierto que eran sinceros en cada etapa. Ahora, con Bienvenido a mi habitación he hecho un inventario. Hasta aquí soy yo, y a partir de ahora comienzo una nueva etapa.

—¿Hay algo de terapia en todo eso?

—Muchísimo. Los artistas tenemos la tremenda suerte de poder sanarnos a nosotros mismos por medio del arte. Y este disco lo demuestra.

  • A CORUÑA MARDIGRAS, VIERNES, 22.00, 10 EUROS
  • VIGO EL CONTRABAJO, SÁBADO, 21.30, 12 EUROS

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