La canción que ha hecho llorar a 50 millones de personas

El tema autobiográfico del rapero portorriqueño Residente es un canto desesperado de emoción pura


Si todavía hay sobre la Tierra personas que creen que el rap no puede poner los pelos de punta, si todavía existen incrédulos que a esas rimas urbanas no las consideran música, si aún hay quienes tienen prejuicios sobre los ritmos que nacen en la calle, entonces es que a estas alturas no han escuchado el último tema de Residente. Porque en cuanto lo hagan, pasarán a formar parte de los  millones de seres humanos que se han desbordado en llanto con la letra de René, que es como se llama el tema que no necesita más nombre que el de su protagonista. Residente se aleja de esa imagen de fiestero y combativo que le dio la fama cuando pertenecía al grupo Calle 13 y que adoran los seguidores de su rap, para desnudarse completamente en unos versos depurados, sencillos, de extrema nostalgia que sacan al niño que vive dentro de él. Esa es la llama que sus rimas prenden en todos nosotros, con disparos que apelan al tiempo feliz que se nos ha resbalado de las manos y a las ausencias que nos torturan en soledad.

René fue un niño hiperactivo que tenía problemas de concentración para el aprendizaje, por eso su madre se afanaba con paciencia en que su hijo avanzara en el colegio. Con la intuición propia de una madre, su recurso primario fue intentar que a René le quedaran grabadas las respuestas a tantas preguntas de los libros con el tarareo de su voz. De ahí el homenaje de Residente a su madre en esta canción, que arranca con ella tomándole la lección apoyándose en un estribillo cantarín: «Cabeza, rodilla, muslos y cadera/ Cabeza, rodilla, muslos y cadera».

Ese ritmo estudiantil que todos hemos interiorizado alguna vez da paso a una suma de versos que ahondan en la profunda crisis que sufre Residente. Él mismo lo ha hecho público, una vez que ha lanzado la canción, en su cuenta de Twitter: «Una noche me sentía muy mal, estaba en México, el estadio esperándome, y yo no quería salir del hotel. Llamé a mami porque quería tirarme del balcón y no sabía por qué. Esa noche llegaba un amigo y se quedó conmigo. Al otro día comencé a escribir este tema».

Un rap al que se han rendido enormes artistas y un público muy diverso desde todos puntos del planeta, hasta conseguir que en una semana -el vídeo salió el 27 de febrero- haya alcanzado más de 52 millones de visualizaciones en YouTube. No es el equivalente a personas, es verdad, pero dentro de otra semana la cifra se multiplicará y el tema seguirá aupándose en ese liderazgo.

René se crio junto a su madre y hermanos en el pueblo de Trujillo Alto en una urbanización de clase trabajadora en Puerto Rico. Aprendió a tocar la guitarra de manera autodidacta, recibió clases de saxofón alto y de batería y a los 12 años formó parte de la banda de la escuela como batería. Su interés por el dibujo y la música eran evidentes pero su pasión siempre fue el béisbol, deporte que también bate fuerte en esta canción llena de golpes: «Las peleas con mi padrastro cuando perdía el control/Las resolvía con él, viendo un partido de beisbol».

Residente es el rapero latino con más formación académica, ingresó a la Escuela de Artes Plásticas en San Juan y tras licenciarse logró una beca para estudiar en el Savannah College of Art and Design, en Georgia, donde realizó un posgrado en Bellas Artes, pero es ese niño que comía pan con ajo, se lanzaba en bicicleta con su pana Christopher al que venera en este rap: «Éramos inseparables hasta que un día, lo mataron entre cuatro policías/Mi alegría sigue rota, se apagaron las luces en el parque de pelota».

Residente se arranca el corazón y nos lo entrega en un grito íntimo. El sufrimiento que lo ahoga se transforma en poesía que hoy repiten y repiten los adolescentes que han encontrado en René un icono musical: «Ya no queda casi nadie aquí /A veces ya no quiero estar aquí/ Me siento solo aquí/ En el medio de la fiesta/ Quiero estar en dónde nadie me molesta/Quemar mi libreta, soltar mis maletas/Quiero llamar al 7-5-5-0-8-2-2, a ver quién contesta». Los números de teléfonos se nos han quedado grabados en la memoria, y el sonido de Rubén Blades también aflora en ese San Juan que añora René y que ha sido capaz de remover nuestra emoción con un rap que es un canto a la vida que se nos escapa.

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