Vetusta Morla: «Quisimos arrancar esta gira en Galicia, aquí nos sentimos en casa»

La banda comienza esta noche en A Coruña la gira de presentación de «MSDL-Canciones dentro de canciones», su nuevo trabajo, que se publicará el 27 de marzo, en el que desnudan las letras de su anterior disco para vestirlas de nuevo. Mañana repiten


Guille Galván (Madrid, 1980) nació en Tres Cantos, una localidad al norte de Madrid en la que no hay calles, sino sectores. Haberse criado en el de Literatos quizás fue un presagio de lo que estaba por venir. De su puño y letra salen, y han salido, letras que los seguidores de Vetusta Morla han transformado en himnos de toda una generación. Pero Guille insiste en que la banda madrileña tiene seis timones, y que lo que aporta un local de ensayo a nivel emocional es difícil de derribar. «Estamos viviendo un momento en el que hay que reivindicar el trabajo en equipo», confiesa Guille, que es el que le da el pase de gol a Messi.

­-Siempre decís que en Galicia empezó todo, y de nuevo arranca esta noche en A Coruña. ¿Por qué?

-Es verdad que desde los tiempos, incluso anteriores a Un día en el mundo, siempre ha sido como nuestra segunda casa, porque hemos tenido la suerte de girar mucho, de tener mucho público muy cariñoso y fiel, y venir aquí siempre era uno de los objetivos de la gira. Esta vez tenemos la suerte de poder arrancar aquí y estar unos días antes haciendo el montaje general y los ensayos. Es una sensación de ilusión y de tranquilidad, porque estamos medio en casa.

-¿Ha sido adrede, entonces?

-Sí, sí.

-Dice Pancho Varona que A Coruña es una de las ciudades de España más sabineras. De hecho, Sabina y ahora vosotros sois los únicos que habéis hecho doblete en el Coliseo. ¿Dirías que es una de las más Vetustas de España?

-Yo creo que sí. Hemos ido muchas veces, las últimas dos giras al Coliseo, y el trato siempre es bestial, pero en toda Galicia, porque hemos tenido la suerte de viajar mucho por ahí y en formatos muy diferentes: de salas muy pequeñas a festivales muy grandes. Los gallegos sois muy agradecidos, no tenéis ningún problema en agarrar el coche y desplazaros de un sitio a otro.

-Hay asientos en el foso. ¿Estamos ante una nueva versión de Vetusta?

-Sí, es un espectáculo que no tiene nada que ver con lo que venimos haciendo. Queríamos construir, partiendo de las mismas canciones, otras formas de abordarlas, tanto en lo musical como en lo escénico. Es un concierto que va a requerir de más implicación de la gente, van a ver un espectáculo que tiene más que ver con lo teatral que con el rock en muchos sentidos. Hay que verlo sentado, hay ciertas cosas que son más sutiles, que en un concierto de rock te pierdes. MSDL va por ahí, pensamos: «¿Y si el disco anterior, en vez de haber tenido estos arreglos, lo hubiésemos trabajado más desde la raíz o desde otro tipo de planteamiento?». No es una comparativa, ni a ver qué canción es mejor, no tiene nada que ver, pero nos da la oportunidad de relacionarnos con las canciones de otra forma. Esto surgió a raíz de un concierto sorpresa que hicimos en Madrid para muy poca gente en un parque, pensamos: «¿Qué pasaría si la gente viene a vernos trabajar con cierta intimidad y no desde la sensación de voy a ver a una súper banda de rock con muchas luces...?».

—¿Suena más Vetusta?

—No sé, yo creo que siempre hay cosas... Es difícil desde dentro decir qué es Vetusta y qué no, porque todo me parece. Hemos intentado desnudar las canciones, quitarles todas las capas, ir a la esencia, y en esa esencia volver a vestirlas con otras cosas. Es un disco que hemos grabado todos juntos en la misma sala, en un círculo mirándonos las caras. En Mismo sitio distinto lugar cada canción se grabó y se produjo de una manera distinta. Va a ser un juego para el espectador, son canciones no originales, pero que permiten ver qué se ha hecho de una manera y qué de otra.

—Que conste que lo del Náutico de este verano está difícil de superar.

—[Risas]. Sí. Fue una sorpresa bonita, nosotros llevábamos tiempo queriendo hacerlo y, entre unas cosas y otras, siempre estábamos girando y no podíamos. Ha sido uno de los momentazos del año pasado.

—Acabasteis en diciembre una gira que os llevó por todo el mundo, y en apenas un mes carretera y manta de nuevo. ¿El cuerpo no pide pausa?

—Igual es al revés. La cabeza te pide pausa y el cuerpo te pide marcha. Tenemos la inmensa suerte de poder elegir los formatos de los conciertos, en la misma gira podemos hacer estadios y el Náutico, y fíjate que el Coliseo es muy grande, pero la intención de esta gira es hacer espacios más pequeños, sentados, ofrecer esa parte que tiene Vetusta que desarrolla una faceta más íntima.

—Dices que eres experto en remontadas. De 5 espectadores de Lugo en el 2005 a 40.000 en el 2018 en Madrid. Esto es una remontada histórica. ¿Habéis tocado techo?

—No está mal. Tenemos la inmensa suerte de haber tenido un crecimiento cuantitativo grande y no podemos decir que no tiene importancia, porque claro que la tiene. Pero el crecimiento más importante es el que haces con tus compañeros y el que te permite llevar 20 años de carrera, y seguir teniendo ganas de hacer canciones que no has hecho antes. Vivimos en un entorno muy de números, todo es las reproducciones que tiene una canción, los views, los likes... y a veces nos fijamos en exceso en el numerito que hay detrás de cada cosa. Si ha habido sold out, si no, yo entiendo que para un promotor es importante, pero a veces en los perfiles de los grupos, incluso nosotros, parece que todo se mide en números, y al final lo que quedan son otro tipo de cosas.

—¿Diferencias cuando escribes poemas de una letra de Vetusta?

—Normalmente sí, pero a veces hay vasos comunicantes, estás escribiendo una letra que va a estar mejor en la habitación de al lado. Concretamente, me ha pasado con algún poema que acabó siendo canción. Por ejemplo, Boca en la tierra o La Deriva, que vi que tenía una cadencia que le iba a ser fácil y sencillo convertirse en canción. Normalmente, cuando te sientas sabes cómo va a sonar, también porque el trabajo es muy diferente. Yo no escribo poesía rimada, y las canciones sí que las rimo, aunque solo sea por ese punto formal, suelo tenerlo claro desde el principio.

—Me hace gracia eso que dices de que eres como el que le da el pase de gol a Messi. Muy gráfico, se lo dejas en bandeja...

—Bueno, tiene que existir Messi. Era una forma de decir que al final a nivel de banda me encargo más de la parte productiva y en el escenario no tengo un papel tan relevante, porque tenemos la suerte de tener un grandísimo cantante y frontman que es Pucho, y eso también te da la tranquilidad de decir que cada uno tiene su parcela y sus responsabilidades. Quizás Juanma y yo nos encargamos más de componer y arreglar, pero en el momento que sales al escenario dices: «Yo tengo que hacer lo mío, pero el que resuelve el partido es Pucho».

—Eres el que más disfruta del concierto.

—Depende, es como surfear, a veces está bien estar encima de la ola, pero otras mirarla desde el chiringuito. Para mí, porque soy una persona introvertida para muchas cosas, me gusta estar un paso por detrás en la mayoría de los casos.

—A nivel de banda, habéis vuelto a los orígenes en muchas cosas, pero la evolución es inevitable. ¿El equilibrio es complicado?

—Yo creo que no se trata de volver a los orígenes, sino de saber cuáles son los pilares y siempre que lo necesites, agarrarte a ellos como una cuestión de identidad. No se trata de hacer cosas muy distintas y decir: «Ahora voy a volver a mis orígenes». Yo creo que en todos los discos siempre hay cosas que tienen que ver con esos pilares de Vetusta. Supongo que, a medida que vas haciendo discos, hay algunos que son más de búsqueda, de salirte del tiesto, y otros menos. Nosotros hemos intentado que cada disco sea diferente al anterior y que transite por sitios donde no hemos estado, creo que este es uno de los principios desde el principio.

—De tus manos salen muchas de las letras de Vetusta. En cierta manera, ¿diriges el rumbo de la banda?

—El rumbo tiene seis timones, y va adonde queramos ir los seis. Es verdad, que las canciones y las letras tienen un peso fuerte a la hora de contar la historia de la banda, porque es lo que canta la gente y lo que convierte a la banda en importante para una generación o para un público, pero las letras, siendo algo importante, son indivisibles con el resto de la música. Al final, Vetusta Morla son sus letras, sus melodías, sus ritmos, sus decisiones de producción...

—¿Tenéis un sentimiento de banda muy sólido después de 20 años?

—Estamos en una racha donde todo es absolutamente individualista, todo se trabaja desde la construcción de la identidad personal, los artistas son lo que son en Instagram, tienen que trabajar para su propia empresa 24/7/365 días a la semana, tienen que estar comunicando a sus fans continuamente lo que son, y este «lo que son» acaba siendo delirante muchas veces. Yo reivindico que somos equipos también, y lo que se ha logrado como Vetusta es un reto y un logro colectivo, que demuestra que la suma de todos es mayor que las partes. Vetusta no es ni Pucho, ni Guille, ni Jorge... Es el saber crear algo entre las maneras de pensar y de sentir de seis personas. Esto está presente en muchas cosas, por ejemplo, en el deporte, pero creo que estamos viviendo un momento musical en el que hay que reivindicar el trabajo en equipo.

—Sabes tan bien como yo que, cuando las bandas crecen y tienen éxito, siempre hay uno que quiere hacer las Américas. Siempre hay excepciones, como Love of Lesbian o Lori Meyers...

—Pero fíjate que son bandas que hemos crecido juntas, que nos hemos criado en un local de ensayo, y que sabemos que hay cosas que te da un local de ensayo, que aunque sea a nivel emocional, no te las da nada. Creo que hemos valorado desde el principio el trabajo en equipo, y que quizás en nuestras debilidades o defectos, hemos sacado nuestras virtudes que han sido apoyarnos en el compañero. Como en todos lados, hay egos, hay peleas, incluso diferencias en lo artístico...

—¿Habrá alguien que se esté tirando de los pelos por no haberos grabado el primer disco?

—Si lo hay, le quedará poco pelo.

—Dices que los viajes cambian mucho. ¿Cómo es el Guille que vino de Sarria a Fisterra?

—Es un viaje que tenía en mente desde hace mucho, lo quería hacer solo. Lo hice en invierno. Más que en lo que iba viendo, ahora que ha pasado el tiempo, lo recuerdo como una semana de meditación. Creo que todo el mundo debería dejar todo de lado una temporada y echarse a andar.

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