Café Quijano: «La Lola era una presentadora de televisión»

Los hermanos Quijano aterrizan en Galicia con su nuevo trabajo, «La vida no es La, la, la». Todo un regreso al pop para una banda que siente que se hace mayor. «Nos ha quedado el sambenito de pendencieros, mujeriegos y canallas», bromean


Una conversación con uno de los hermanos Quijano basta para saber que son un tridente indivisible. Óscar (León, 1969) ocupa como buen mediano el lugar central de la foto y se confiesa como el más sentimental de los tres. «Yo que soy el más romántico, digo las cosas de otra manera, pero los tres decimos lo mismo. Entonces, alguien que nos quiera volver locos tiene que tener tres cerebros, porque si no lo volvemos loco nosotros a él», bromea ante su próximo concierto en A Coruña (29 de febrero, Palacio de la Ópera, 20.30 horas, entradas desde 25 euros).

-«La vida no es La, la, la». Entonces, ¿qué es?

-El título de un disco es el último momento de decir: 'Bueno, la canción está hecha', así que ponerlo es como el punto final. Y siempre decimos: 'Pero vamos a ver, creemos que nos hemos equivocado'. Porque la vida claro que hay que tomársela en serio y hay que trabajar, y no es fácil. Pero la vida es la, la, la. Y más hoy en día, que las cosas están como están. Como no tengamos un poco de alegría, de optimismo y de vitalidad, se toma bastante mal. O sea, que la vida sí que es la, la, la. ¡Ja, ja!

-Esa actitud ha sido siempre vuestro sello en estas dos décadas de carrera que también celebráis.

-Sí, sí. Hombre, ya no somos niños, somos personas ya adultas, y por supuesto que tenemos los pies en el suelo y sabemos que la vida no es fácil, que es una lucha diaria. Pero bueno, que como dices tú la actitud es la que cambia y define un poco la manera que vas a adoptar de enfrentarte a ella. Y creo que lo mejor es tener buena actitud, una filosofía optimista y, de verdad, la vida es dura, pero en nuestro caso tenemos la gran suerte, la bendición, de poder dedicarnos a algo que nos gusta y vivir de ello. O sea que, ostras, tenemos que estar muy agradecidos.

-Como dices, os hacéis mayores, ¿pero seguís siendo pendencieros y mujeriegos, igual de canallas?

-Siempre nos hemos quedado con el sambenito, aunque eso más que nada es por Manolo, porque él es siempre el que hace las letras y un poco más así de esa manera, ja, ja. Pero bueno, canallas no, lo que pasa es que nos han gustado siempre las chicas. Lógicamente ahora, hombre, si estamos casados, pues no vamos a estar con chicas. Pero cuando podíamos y éramos jóvenes, pues por supuesto que nos gustaban las fiestas, las chicas y pasarlo bien, como creo que a cualquier persona. Pero quizás nosotros como también lo representábamos en las letras de las canciones, como que nos hemos quedado con eso, ¿no?

-Quince años sin hacer un disco pop. Esta es vuestra segunda revolución después de la primera, que fue con los boleros en el 2013.

-Sí, mira, hemos tenido la suerte de que nuestra discográfica siempre nos ha permitido hacer lo que queríamos, dentro de un orden, lógicamente. Al principio, cuando empezamos, lo hicimos con la música del otro lado del Atlántico con boleros y cositas más de por allí, luego seguimos con La Lola y después con los boleros, de los cuales hicimos tres discos más un en directo y estuvimos seis años, como bien dices. Y luego el año pasado dijimos, en el mejor momento de los boleros, porque tuvimos cuatro nominaciones a los Latin Grammy: 'Vamos a cambiar de registro y vamos a hacer ahora mismo otro disco de música más movida'. Y así fue, lo hicimos y estamos como peces en el agua, nos encanta.

-En él tiene cabida el reguetón. Apostasteis por él pasando de la carga peyorativa que se le da.

-Bueno, por supuesto. Y la gente decía como con el rap: 'el rap va a durar cuatro días, el rap tiene los días contados'… Y el rap mira dónde está. Pues con el reguetón pasa lo mismo. Lleva ya bastantes años ahí, y no solo los latinos hacen reguetón, porque tú si te fijas en las últimas canciones de Ed Sheeran o de Justin Bieber no es reguetón, pero sí que la base es un ritmo urbano que además no hay que denostarlo ni mucho menos, porque es un ritmo que nada más que empieza a sonar, ya te mueves. Y eso no hay que dejarlo de lado ni obviarlo, para nada.

-Lanzásteis «Perdonarme» con Taburete, el videoclip con Dulceida... ¿Un esfuerzo por acercarse al millennial?

-No es premeditado nada. Sí que la canción que cantó Willy con nosotros, un día nos dijeron de la compañía: 'Oye, que tenemos aquí a un chico que quiere cantar con vosotros lo que sea'. Porque además Willy es un fenómeno, versátil el tío como pocos. Así que nosotros felices. Además es encantador y un torrente de vitalidad. El resultado fue muy bueno y estamos inmensamente agradecidos. Y quieras que no, nos ha acercado un poco al público de su cuerda. Y luego lo de Dulceida y Arkano, porque Arkano también quiso colaborar con nosotros con la canción de Habanera. Con Dulceida, pues tres cuartos de lo mismo. Es una chavala encantadora, dulcísima. No ha sido premeditado, pero por supuesto que nos ha beneficiado y que a nuestros conciertos ahora también está viniendo gente más joven.

-Si os llaman será porque ya llegábais a ese público.

-Claro. Es que cuando nos preguntan qué tal nos llevamos con las nuevas generaciones decimos siempre que ya nos llevábamos bien con sus padres bien, porque eran seguidores nuestros, y ahora nos llevamos también con los hijos que tienen 20, 25 o 30 años. Pero con los hijos, ostras, yo tengo 51 años y tampoco los aparento, pero estamos con los chicos de 30 que vamos, yo juego al tenis con ellos y les gano. Hay una buena comunión entre estas franjas de edad. En ese sentido, no nos sentimos muy desplazados.

-En esta gira que combina éxitos, boleros y algunas novedades, ¿el momento culmen sigue siendo «La Lola»?

-Pues es uno de los temas más reconocidos nuestros, pero te digo que están a la altura, y de hecho la gente las pide igual, La taberna del Buda, Desde Brasil, que no veas cómo se pone la gente, Nada de na o Dame de esa boca, que cantamos con Joaquín Sabina. Y no solo eso, te digo que gracias a Dios, la gente también nos pide éxitos actuales como la de Perdonarme. Y con los boleros, la de Robarle tiempo al tiempo ha sido un hit, y eso ha sido después de veinte años casi de La Lola.

-Veinte años de «La Lola», pero su identidad sigue estando bajo secreto de sumario, ¿no?

-Bueno, mira, cada uno que se haga su idea… Porque aquí se ha hablado mucho de una mujer que era muy pintoresca, muy característica, y que se llamaba Lola. Y la gente durante muchos años, y seguramente aún ahora, pensaba que era ella. Eso es lo bonito de las canciones, que cada uno piense lo que quiera, pero nada más lejos de la realidad. Cuando te vea a ti, si te viera en persona, te contaría quién era la Lola. Bueno, que igual la conoces, porque era una presentadora de televisión, ¡imagínate! Pero es una historia que escribió Manolo y que le fue además muy propicia la canción para cómo fue la relación esa que tuvo. Pero nada de que era una mujer de aquí que se pintaba mucho, le gustaba mucho el alcohol, que tenía muchos hombres… Ya no sé si se habrá muerto o no.

-Vuestros orígenes fueron en el pub de vuestro padre.

-Sí. Nuestro padre es profesor de guitarra, y quieras que no, en casa del herrero cuchillo de palo. Sí que teníamos siempre las guitarras y los instrumentos a nuestra disposición, pero él tampoco se preocupó de enseñarnos, porque a lo mejor también fue inteligente y pensó: 'Basta que yo les quiera meter esto por los ojos para que no quieran'. Entonces siempre nos dio mucha libertad, siempre tuvimos a nuestro alcance los instrumentos, y así empezamos a tocar a nuestra bola y a nuestro rollo. Nunca habíamos tocado juntos los hermanos antes de empezar profesionalmente. Primero empezó a tocar Manolo con mi padre en el pub y con otro señor, luego Manolo se fue para Estados Unidos y nos quedamos tocando mi hermano Raúl y yo con mi padre. Y ese fue de verdad nuestro campo de experimentación y de hacernos artistas, aunque fuera amateurs, porque estábamos delante de los que iban a vernos tocar tomando una copa en el pub, que muchas veces no nos hacían ni caso, pero era muy importante para saber cómo estar delante de la gente.

-¿Imponía más que un aforo completo en un recinto?

-Ahora, cuando te preguntan si te da miedo y respeto el escenario, pues dices que respeto claro que te da, porque estás ahí delante de la gente y tienes que hacerlo bien. ¿Pero miedo? Yo miedo, cuando trabajaba en el pub. No miedo, pero sí un poco de canguelo, porque yo estaba tocando y tenía justo a treinta centímetros, porque encima se llenaba hasta los topes, a una persona que no te estaba mirando, te estaba escrutando, y te veía todo. Eso es más intimidante. Y luego lo que vimos en el negocio de noche, ja, ja, ja, que se ven muchas cosas.

-Y de ahí «La taberna del Buda».

-Exactamente, que nos decían cuando íbamos a la radio con ella: 'Oye, joder, eso es muy fuerte'. Y les decíamos: 'Hijo, esta es la versión edulcorada'.

-¿Lo más heavy que os pasó en un pub?

-Pues hombre, yo creo que a cualquiera que trabaje de noche o que tenga la ocasión de trabajar en un local de noche, el único además que abría hasta las siete de la mañana en León, pues a esas horas no creas que va mucho ilustrado. Y mira que para lo que había ahí, yo vi en diez años dos peleas solo. Pero es lo que cuenta Manolo en la canción. Imagínate que en cincuenta metros cuadrados estaba un ladrón, estaba el policía que lo detenía, estaba el abogado que le defendía en el juicio, estaba el juez que lo condenaba, estaba el funcionario de prisiones que manejaba allí en la cárcel, y luego el crisol de personajes que dice la canción. Eso era… Yo muchas veces me río por no llorar, porque eran edades un poco comprometedoras en las que puedes estar ahí y equivocarte e irte a donde no tienes que ir. Pero ahí, gracias a Dios mi padre siempre estuvo muy cauto y presto a estar pendiente. Pero ahora vamos por el mundo y vemos cosas y decimos: 'Pues mira, esto lo hemos visto nosotros hace muchos años y de forma más real'.

-Sois hermanos y compañeros de trabajo. ¿No acabáis hasta arriba?

-De vez en cuando sí, porque quieras que no somos hermanos. Pero por otra parte es muy bonito, porque dices. 'Mira, estoy haciendo algo que es lo que más me gusta, viviendo de ello, y mis hermanos también'. Mira, teníamos reuniones en Los Ángeles con gente muy potente, y nos decía nuestro mánager o nuestro productor: 'Joder, os lo habéis comido'. Y teníamos reunión con un abogado de grandes estrellas, muy grandes, y nos decían después: 'Os lo habéis comido'. Y es que claro, es muy difícil llevarnos a los tres al huerto porque somos tres cerebros que vamos a lo mismo de manera diferente. Porque Manolo es mucho más cerebral, un tío de negocios y muy centrado. Raúl también, es un chaval que mira mucho el detalle, es el tesorero nuestro, imagínate. Y yo que soy un poco a lo mejor el más romántico, o el más naíf bien entendido, digo las cosas de otra manera, pero los tres decimos lo mismo. Entonces alguien que nos quiera volver locos, pues tiene que tener tres cerebros porque si no lo volvemos loco nosotros a él. Creo que todavía no hay nadie con tres cerebros, ja, ja. En ese sentido, lo de ser hermanos es muy positivo. Pero que hay peleas eh, lógicamente, como tengo con mi mujer o con mi padre.

-Pues brindemos por otros 20 años de buena racha.

-Veintidós, no me quites años. Empezamos en el 97, hicimos el 27 de febrero un concierto de presentación en León, y a finales de ese año grabamos el primer disco, Café Quijano, que salió en marzo del 98. Esa fue nuestra primera toma de contacto con el mundo profesional, así fue. Vamos a por otros veintidós. Y que tú los oigas y los veas.

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