Pepe Viyuela: «No creo en meigas, pero llevo años buscando a un abuelo que no conocí»

Tropezó a los 14 con su vocación, y no se cayó. Es es, sobre todo, un «payaso» que se ríe de su torpeza. «He llegado a presentarme tres veces a la misma persona», confiesa. Este fin de semana lo tenemos en Galicia «Esperando a Godot»


No es supersticioso. No cree en meigas, pero cultiva «el contacto con Galicia». ¿Te gusta? «¡Cómo no!», dice el clásico con gracia Pepe Viyuela (Logroño, 1963). ¿Qué te enfeitiza de aquí? «Galicia es el borde a partir del cual te asomas al vértigo del mar. Esa sensación de más allá que tiene Galicia».

-El aislamiento, puede ser feo decirlo, pero tiene su encanto, ¿o no?

-Sí, sí, que se lo digan a los ingleses, que se acaban de despedir del continente, jajaja.

-¿Cómo va el mundo, cómo lo ves?

-Como una constante repetición de los errores. Somos seres dotados para el enfrentamiento, violentos. Sobre todo los hombres.

-Seguimos esperando a Godot. ¿Cuántos años van ya?

-Setenta, ¿no? En el 52 se estrenó, pero creo que Beckett la escribió en el 47.

­-¿Sigue el clásico tan vivo?

-Sí, tiene plena vigencia. No sé si la lectura que se hace hoy será la de sus contemporáneos, pero yo no dejo de encontrar reflejos y referencias al momento que vivimos.

­-¿Por ejemplo?

-Esa falta de sentido en muchas de las cosas que hacemos. El sentido de la vida está sobrevalorado, jajaja. Un árbol o una flor no tienen que tener sentido para ser hermosos. Ocurre lo mismo con la vida. No importa que no tenga sentido, es en sí misma bella.

-¿Qué te hace más gracia de ti mismo?

-Yo no me hago mucha gracia, eso sí, me río bastante de las cosas que me pasan. Yo me puedo llegar a presentar tres veces a la misma persona. Soy despistado. No suelo ser gracioso, y menos con un desconocido en el tú a tú. No creas que soy la alegría de la huerta, prefiero observar a figurar.

-¿Torpe por naturaleza?

-Dentro de mí hay un torpe que no se redime, que confunde caras. Me da pena ver la cara que se le queda a veces a la gente... Hay vecinos que deben de pensar que soy un antipático. Lo peor es cuando pido que me presenten a alguien y dice: «Pero si ya nos conocemos...». Ya no digo «encantado», sino «hola, ¿cómo estás?, ¿qué tal?».

­-¿Hay que hacer mucha obra para resistir?

-Yo estoy haciendo lo que me gusta y eso es lo que hace que no me baje del carro. Me empapo de la vida. Cada función es un momento irrepetible. Cada vez es como la primera vez.

­-¿Empezaste de muy niño?

-Tendría unos 14 años y todo empezó como un juego. ¡Y sigo con 56! A punto de 57...

-No tan a punto, que cumples en junio.

-Sí, sí. Pero los meses caen como naipes, jaja. Intento mantener la ilusión que me llevaba a salir a actuar en el colegio delante de mis compañeros y compañeras. Recuerdo el primer papel, hacía un personajillo en un elenco todo de niñas. La niña que hacía de juez no pudo en el último momento y fui el sustituto. Fue la primera lotería de mi vida. Desde entonces, una detrás de otra.

­­-«Aída», «Olmos y Robles» y «Matadero» nos acercaron a ti. ¿Divides tu afecto entre el teatro y la tele, o tienes favorito?

-Si tengo que elegir, me quedo con el teatro, ¡pero la televisión me encanta, eh! Hice cosas horrendas, pero no me arrepiento de nada. Matadero me dio la oportunidad de interpretar un personaje muy diferente.

-¿Actor o payaso, qué te define mejor?

-Sin duda, payaso. He llegado con el tiempo.

­­-¿Buster Keaton o Charles Chaplin?

-¡Es como preguntarme si quiero más a papá o a mamá! Me pasa como con el vino, me cuesta decidirme. Tengo un espectro amplio de sabores... jajaja.

-Dicen que en la variedad está el gusto.

-Hay que pillarle el gusto a todo.

-Entonces, ¿no crees en meigas?

-No, intento escapar de la superstición. El amor y el deseo son terremotos internos misteriosos, mágicos. Más allá de eso, creo en poco. No creo en meigas, pero he estado años persiguiendo a mi abuelo, al que no conocí porque murió años antes de que yo naciese. Hay un diálogo con nuestros antepasados, y yo llevo años notando ese contacto con mi abuelo, que voy a contar, en breve, en el documental Un viaje hacia nosotros.

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Pepe Viyuela: «No creo en meigas, pero llevo años buscando a un abuelo que no conocí»