Marisol, deja venir a Pepa Flores a los Goya


Un rayo de luz puede alumbrar el escenario en la ceremonia de los Premios Goya de mañana. O quizás no. Porque si Pepa Flores sigue fiel a su palabra no acudirá a recibir un más que merecido premio a su trayectoria profesional. Son contadas las ocasiones en las que la malagueña ha roto su retiro. Y siempre por causas justificadísimas. Como en noviembre del 2016, cuando su hija Celia presentó el disco 20 Años de Marisol a Pepa Flores, dedicado a su madre. El teatro se vino abajo cuando apareció Pepa Flores en el escenario para interpretar Tómbola. ¿Será mañana una buena ocasión para aparecer de nuevo? La respuesta solo la conoce ella y su círculo más cercano, pero quizás ha llegado el momento de que se reencuentre con su público. Un público que todavía hoy, 35 años después de que dijera adiós al cine, la sigue echando de menos. Esa es la realidad.

No es necesario que se reconcilie con la industria, ni siquiera hay por qué entrar en los motivos por los que dijo adiós al cine de forma definitiva. No hace falta ser muy listo para saber que Marisol se cansó de recomponer los pedazos del juguete roto que se empeñaron en destrozar. Su silencio ha contado mucho más de lo que ella pudiera haber dicho con palabras. Y los la que admiramos, solo podemos decir que nos gustaría volver a verla. Que se merece los aplausos y una gran ovación. Por todo lo que ha sido para el cine español y por todo lo que sigue siendo. Una mujer íntegra, fiel a sí misma y a sus convicciones.

Aquella niña de ojos azules y vivos le ha robado el corazón a muchas generaciones. Y su estrella todavía brilla con fuerza. Por mucho que hayan intentando apagarla. Fue capaz de deslumbrar al público delante de la cámara, pero también detrás, llevando una vida anónima y absolutamente normal. Ella es una leyenda viva. Marisol, deja venir a Pepa Flores a los Goya.

Las dos vidas de Marisol: 35 años luchando por ser «invisible»

C. Aldegunde

La gran incógnita es saber si acudirá a recoger el Goya de Honor este sábado, aunque todo apunta a que no

Era la gran incógnita. Si Pepa Flores recogería el Goya de Honor que le ha otorgado este año la Academia de Cine o alguien lo haría en su nombre. Tras días de muchas especulaciones, apenas unas horas antes del comienzo de la gala se despejó la incógnita: sus hijas, la actriz María Esteve y la cantante Celia Flores, lo harán en su nombre. El misterio está resuelto, y aunque algunos fanteseaban con que la niña prodigio Marisol apareciese en el escenario para ajustar cuentas con su pasado, eso nunca dejó de ser una utopía, ya que Pepa Flores lleva retirada de los escenarios desde hace 35 años.  Aunque cueste creerlo, lleva más tiempo fuera de la vida pública que en activo, a pesar de lo larga que fue su trayectoria profesional. En el año 1985 decidió romper con todo, pero sobre todo con Marisol, su nombre artístico, para ser, simplemente, Pepa. Lo hizo después de presentar en el festival de San Sebastián su último trabajo en el cine Caso Cerrado junto al un jovencísimo Antonio Banderas que trataba de abrirse camino en el mundo del cine. Y después cerró la puerta para siempre a la vida pública. Lleva todo este tiempo tratando de llevar una vida lo más anónima posible y siempre ha huido, pese a las ofertas millonarias para reaparecer públicamente, de la fama. Tenía 38 años, tres hijas (María, Tamara y Celia) y estaba a punto de separarse de Antonio Gades, con el que se había casado en Cuba años antes con Fidel Castro y la bailarina Alicia Alonso como testigos.

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