Malart y la consagración «noir» de Sáinz de la Maza

El oculto autor barcelonés da el golpe con la tercera entrega sobre su inspector de los Mossos, que prevé llevar al menos hasta la tetralogía


Estaba un tanto oculto Aro Sáinz de la Maza (Barcelona, 1959) en el amplísimo catálogo negro de RBA, donde se hallan las dos primeras entregas de las andanzas de su duro mosso d'esquadra Milo Malart: El asesino de La Pedrera -ahora titulada El verdugo de Gaudí- y El ángulo muerto. Es un rara avis. Pero que nadie lo tome por un recién llegado. Aunque eso enseguida se percibe al leer lo que escribe. Reputado editor de textos (y corrector de estilo) en el mundo editorial, ya había publicado a finales de los noventa -aún tenía pelo- en el sello Montesinos las novelas Nada es azul y La mujer de Judas. Enseguida aparecieron en Debate de la mano del editor lucense Constantino Bértolo -admirado promotor de nuevos talentos literarios- El paseo de los tristes (2000) y el volumen de cuentos La culpa la tiene la tonta de Eva (2002). Ha hecho libros para público infantil y juvenil -recientemente, confeccionó junto a Josep M. Hernández Ripoll para Arpa una selección de 50 cuentos breves de 50 países del mundo- y hasta uno sobre cómo armonizar cuerpo y mente a través de la música, Musicoterapia (RBA), desde el que quizá parte el gusto culpable de Malart por los manuales de autoayuda.

Precisamente trabajando como editor para RBA, fue la insustituible editora de noir Anike Lapointe -canadiense afincada en Barcelona que puso en marcha y consolidó la mítica Serie Negra de RBA- quien lo animó a entregar su negra óptica narrativa al servicio del género policial. Quizá la salida de Lapointe de RBA, para recalar en Salamandra y volver a levantar otra colección imprescindible, Black, tiene algo que ver con el fichaje de Aro Sáinz de la Maza por Destino. Quizá haya pesado que, junto a la publicación de la tercera aventura de Malart, Dócil, el sello de Planeta relance las dos primeras en formato de bolsillo. Es más, el autor ya quiere llevar al sagaz mosso al menos hasta la tetralogía.

Pero más que legitimar Dócil en base a la historia que hay detrás del novel, del agazapado, Sáinz de la Maza, lo que toca es hablar de Dócil y de su protagonista, Milo Malart, que regresa anticipadamente a la labor policial después de unas obligadas vacaciones por la obsesión que le dejó un caso mal rematado, en el que, está seguro, pagaron justos por pecadores. Ah, los poderosos. Ahora, el brutal y sangriento asesinato en una casa de una apartada calle de Montjuïc de toda una familia -o casi toda- lo llama a la tarea, y su prestigio como sabueso mueve a los jefes a aceptar su irregular reincorporación. Su fama de investigador intuitivo y empático le precede. Solamente por eso -y por su lealtad y su irreductible sentido de la justicia- le aguantan ese carácter huraño, poco comunicativo, su torpeza social, su sarcástica y abrupta franqueza muchas veces inoportuna y su despreciativo rechazo hacia las jerarquías.

ANTAGONISTA CALLADO PERO DE ALTURA

Inspector del Grupo Especial de Homicidios de los Mossos, Malart es un cuarentón alto pero enjuto, atractivo para las mujeres, un tipo duro habitualmente callado que hace contraste con su compañera la subinspectora Rebeca Mercader, jovial e impulsiva, que trata de mantenerlo pegado al mundo, de socializarlo, y con la que mantuvo una relación sentimental condenada a carecer de futuro que, aparentemente, ambos ya han superado.

El caso de la masacre de la familia del joyero enfrenta a Malart a un peculiar antagonista, Lucas Torres, apenas un adolescente y -sumido en el mutismo por el shock del trauma y por un oscuro pasado- mucho más introvertido que él. Ha de hacerlo hablar, porque todo apunta a que Torres o ha tenido parte en la autoría del crimen o es un valioso testigo. La íntima fragilidad, la humanidad y la entrega al trabajo ayudan al ciclotímico mosso.

«DÓCIL»

ARO SÁINZ DE LA MAZA

 EDITORIAL DESTINO PÁGINAS 496 PRECIO 19,90

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