India Martínez: «Que me digan que pongo la piel de gallina es lo más bonito»

Llega a Galicia con «Palmeras» bajo el brazo. En este disco viaja al pasado, a la niña que fue y creció bailando en corros, al tiempo que se deja querer por el trap y la electrónica


Ir hacia atrás para poder avanzar. Ese es el movimiento que ha hecho India Martínez en su último trabajo, Palmeras. Titulado como el barrio cordobés en el que se crio, en él hace un viaje hasta esa raíz pero la conecta con Latinoamérica, donde actualmente tiene un pie. «Quien conoce mi carrera de fondo verá que además de una vuelta a mi niñez, a mis orígenes y de qué manera estoy hecha, hay toda una mezcla de lo que yo soy en la actualidad», explica. En breve lo presentará en Galicia de la mano de Cávea Producciones. Será en Vigo (24 de enero, Auditorio Mar de Vigo) y A Coruña (día 25, Palacio de la Ópera).

­—¿Necesitaba retroceder?

—Sí, pero de manera inconsciente. No era una necesidad biológica, ni una búsqueda intencionada. De repente, una está viajando y tira, sin querer, de su gente cuando más lo necesita. Tengo una canción que le dedico a mi barrio, Palmeras, donde nací y me crie. Le dio título al disco al final. He hecho una especie de conexión de mi barrio con los lugares a los que viajo. Las palmeras es el elemento de conexión. Las hay en todos los lugares. Esté en Miami, en Argentina, en México o en Córdoba, siempre hay palmeras.

­—¿Qué se encontró en el barrio?

—Hacía mucho tiempo que no iba. Fui e incluso grabé el videoclip de La Gitana allí, algo espectacular. Creo que son cosas que, por más que te imagines, nunca piensas que van a ser así. Surgió mucha magia. Todo el barrio se volcó y se hizo una gran fiesta. El corro que se ve en el vídeo es de verdad. A todos se nos olvidó que había cámaras. La gente bailaba y cantaba, contenta. Es muy difícil explicarlo con palabras. Fue como volver a ser esa niña que bajaba los escalones del bloque, ya sin miedo y segura del camino tomado en la vida.

­—De pequeña no escuchaba pop y vivía en una burbuja de flamenco. ¿Piensa que le puede ocurrir a un niño actual?

—Claro. Lo pensaba muchísimo estos días, porque estoy en un concurso de televisión como jurado. Veo a muchos niños así. Algunos ven la música como un juego. Otros lo tienen clarísimo y saben que van a ser músicos. Los ves que están muchas veces fuera del entorno en el que deberían estar. Se rodean de mayores. En el colegio no pueden comunicarse con los demás en el mismo nivel, porque la música es su vida y solo hablan de ello. De hecho, a mí eso me pasaba. Me siento muy identificada con ellos. El resto de niños te ven como un bichito raro. Eso existe. Hay que llevarlo a un equilibrio. Que no te aleje de la sociedad, pero no hay cosa más bonita que disfrutar con lo que uno hace.

—Me refería más al género. Semeja imposible que un niño del 2020 crezca sin entrar en contacto con el pop.

—Hay poquitos casos. Ya en mi época había muchas más cosas. El flamenco yo lo elegí. Me apasionó tanto de niña que solo escuchaba eso. Luego, descubrí otras cosas, pero siempre seguí cantando flamenco. Eso se puede dar en cualquier época. A mí el flamenco me ha dado una base fantástica para mirar hacia adelante. Siempre me ha gustado evolucionar, descubrir sonoridades y melodías, pero siempre haga lo que haga sonará aflamencado.

-¿En ese retorno al barrio se ha encontrado con que la gente ya escucha «trap» y música urbana?

-Hay de todo, claro que sí [risas]. A las nuevas generaciones les ha dado muy fuerte el trap y el reguetón. De repente, te cantan rumbas con bases electrónicas, muy moderno y actual. Cuando viajas al otro lado del charco, también. Se conecta todo.

-Hay un barniz electrónico en casi todo «Palmeras». ¿Tenía intención de modernizar su sonido?

-Realmente, me dejo llevar. Unas veces me apetece hacer canciones más orgánicas. Otras, me apetece experimentar y trabajar con nuevos sonidos. De repente, entro en el estudio y veo un sonido de cajón o unas palmas. Lo grabo y lo convierto en un loop. Me gusta experimentar con ello. Lo llevo haciendo de siempre. En este disco quería conectar mis Palmeras con las palmeras del mundo latino y han salido estas canciones. Al margen de las influencias que se mueven en una época u otra, me gusta siempre ir a mi aire.

­-El primer single es «La gitana», donde se reivindica a sí misma en un tono inédito en su obra. ¿Qué le llevó a eso?

-Esa canción surgió hace año y medio, en Miami. Cuando sales fuera de tu entorno la gente destaca mucho de ti esa parte racial y la voz flamenca. Los productores con los que hice la canción me decían que tenía una voz gitana. Yo les explicaba que era lo que hacía desde niña. Aquí no necesito hablar de eso, pero cuando no te conocen de nada aparecen esas cosas y vuelves a hablar de tus orígenes. No deja de ser una rumba cantada de manera reivindicativa y también desenfadada.

­-Canta cosas como «yo no dejo que me pisen» o «no vas a verme arrodillar». Es una canción en la que muestra las uñas.

-Sí, pero yo no soy agresiva para nada [risas].

­-Por eso choca tanto esa canción.

-Sí pero, si te fijas, cuando hablo de la gitana me sale bailar. Me sale también la parte más pura y auténtica, reivindicativa pero también artística. Más de niña. Esa es una de la canciones que me lleva a esa niña que se ponía a bailar en los corros.

-En «Valiente cobarde» trata el tema de los «haters» de las redes sociales. ¿Es un poco claustrofóbico para usted?

-Estamos mucho más conectados que antes y todo te llega. Estoy rodeada de gente que me quiere muchísimo y recibo un montón de comentarios bonitos, muchos más que los malos. Pero, a veces, aparecen cosas desagradables. En mis canciones cuento historias que me afectan. Esta es una especie de reflexión, en la que también me quiero ayudar a mí misma, dejando a un lado esos comentarios que no aportan nada. Le he dado voz a eso, a todas las personas que se han podido sentir insultadas o menospreciadas.

-Es el tema más «trap». ¿Es intencionado?

-Por supuesto. Es un trap hindú [risas]. Tiene influencias de la world music. Una temática así no se puede cantar como si fuera una balada. Hay ciertas cosas que no las puedes cantar en cierto tono. No se puede combinar lo agresivo de ese tema con una melodía melancólica.

­-Habla de música hindú. El disco está lleno de influencias exóticas. ¿Cómo llega, por ejemplo, a cantar en árabe?

-Los interludios del disco sirven para evadirse. De hecho, si parásemos y siguiéramos por ahí, serían otro camino. Está el hindú, el árabe y el flamenco. Con cada uno de ellos podría hacer un disco. En lo árabe quería hacer una versión, pero no logré permisos. Me vi obligada a cantar mi propia canción. Sé árabe, pero no lo suficiente para componer. Una aventura.

­-Cierra el disco con «El patio», que recoge precisamente el ambiente festivo de un patio andaluz.

-Lo registramos durante la grabación del videoclip de La gitana. Quisimos hacer un corro, pero la cosa se nos fue de las manos. Es mi barrio. De la gente que canta ahí muchos eran niños que crecieron conmigo. Eso me recuerda quién soy. De ahí nace mi música. Esa es mi parte más salvaje y ancestral. Por eso lo puse.

­-No sobresale de inicio, pero seguramente «Convénceme» sea la canción más bonita del disco. Es prácticamente perfecta. ¿Cómo surge?

-Me alegro mucho de que digas eso. La compuse estando de viaje, echando de menos el cariño y a esa persona que amas. Le dices que, ya que has vuelto, llévame lejos de mí y hazme desaparecer ahora mismo, que estos pocos minutos que tengo para sentirme viva vamos a aprovecharlos. Es muy sensual e íntima al mismo tiempo. Quería contarla musicalmente de un modo tranquilo, sin sobresaltos y medio susurrada. Por eso, la gente que a veces espera de mí ese recorrido vocal de arriba abajo, no lo encuentra aquí. Es una voz media, muy dentro de mí. Es una canción de reencuentro. Yo la escucho mucho.

-Más allá de estilos y técnicas, imagínese a una persona escuchándola en su casa, tarareándola y recreando su propia experiencia. ¿Qué le parece?

-Eso es lo más importante de todo. Lo otro son arreglos, pero cuando desnudas una canción, está la esencia. Me quedo con eso, con las cosas que cuento, cómo desnudo el alma y cómo hay alguien ahí que se siente identificado contigo. Eso es muy difícil. Estamos acostumbrados a que haya miles de canciones sonando. Pero cuando llega algo de verdad, es mágico. Que me digan que pongo la piel de gallina o que le ha hecho llorar son cosas tremendas. Es lo más bonito de esta profesión, sin duda.

A todos ellos los veremos en el 2020

Javier Becerra

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India Martínez (24 enero, Vigo, Auditorio do Mar; 25, A Coruña, Palacio de la Ópera). El Palmeras Tour se presenta como una de las primeras grandes citas del calendario. El pop aflamencado (o el flamenco poperizado) de la cordobesa tiene una sólida base de fans detrás que la respaldan.

James Rhodes (1 febrero, Vigo, Teatro Afundación). Vuelve el británico a la ciudad de la que se enamoró totalmente en su anterior visita. De nuevo con su particular visión de la música clásica.

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