«La novela negra trata el mal, como los cuentos de hadas»

La escritora Cristina López Barrio, finalista al Premio Planeta 2017, bucea en la conexión entre ambos géneros en su última novela, un drama con suspense y leyendas


Doce años separan la desaparición de dos hermanas en el monte Abantos, a los pies del monasterio de San Lorenzo de El Escorial. La finalista al Premio Planeta en el 2017 con Niebla en Tánger, Cristina López Barrio (Madrid, 1970), regresa a las librerías con una historia de misterio en la que promete mantener al lector aferrado a cada página. Con un título sugerente, Rómpete, corazón (Editorial Planeta), la escritora que había en la abogada especializada en propiedad intelectual («el lenguaje es diferente, pero al final es lo mismo, utilizar la palabra para convencer, la retórica») ofrece una historia absorbente en la que fusiona géneros e incluso formatos, del teatral al cinematográfico.

­—El título es un verso de «Hamlet». ¿Una declaración de intenciones?

—Es una novela que busca la catarsis en el lector, como la tragedia griega en el espectador. Es un thriller porque hay misterio, suspense, y el hilo conductor es una trama policíaca. Pero, aunque juega con los cuentos de hadas y las leyendas, también es un novela realista y muy de personajes.

­—¿No reniega de la novela negra?

—No, de hecho, tiene tintes de novela negra. Investigué su estructura clásica y utilizo muchos de sus puntos: un suceso donde desaparece alguien, varios sospechosos y un restablecimiento del orden y de la justicia al final. Leí a Agatha Christie cuando era muy joven y la sigo releyendo de adulta. Me parece fascinante. La novela negra trata uno de los grandes temas de la literatura: el mal. Algo que está muy relacionado con el cuento de hadas.

­—¿En qué pueden parecerse la novela negra y los cuentos de hadas?

—Estos cuentos tratan de contar la propia existencia del ser humano, desde todos esos pensamientos terribles y malas acciones que tenemos a veces. En los cuentos se encarnan en los villanos. Si se pelea contra el villano, esa madrastra de Blancanieves que la quiere matar por envidia, vemos que podemos vencer al monstruo interior que todos tenemos dentro.

—Los cuentos son mucho más complejos de lo que pensamos.

—La madrastra de Blancanieves ordena al cazador que le arranque el corazón… es horrible. Es cierto que los han edulcorado, y lo entiendo. No quieres enseñarle a tu hijo la maldad que hay en el mundo y dices: «Ya tendrá tiempo». Pero el niño lo necesita. Necesita proyectar sus malos pensamientos en esos villanos y ver que, si se enfrenta a ellos, los puede vencer y asimilar lo que es un ser humano integral. Con sus cosas buenas y malas. Porque todos somos grises.

—En «Rómpete, corazón» hay, de hecho, una conexión con «La bella durmiente».

—Está basado en el cuento original, anterior al de los Grimm. No tiene nada que ver con el beso del príncipe que te despierta. Es muy diferente. Bastante terrible.

—¿Por qué triunfa tanto lo negro?

—Creo que es la época. Lo que más hay, si te das cuenta, es novela negra y distopía. Estamos un poco perdidos. Es un momento de cambios, nos preguntamos adónde vamos, y de pesimismo.

—Como en «Niebla en Tánger», las mujeres, Rosa, Blanca y Aurora, son protagonistas.

—Siempre hay algo nuestro en lo que escribimos. Yo, como mujer, tengo una inquietud por cómo me siento en esta sociedad y qué me gustaría cambiar.

—Hablando de protagonistas, dan ganas de ir al monte Abantos.

—Todo está unido. Le debía algo a San Lorenzo del Escorial, donde veraneaba ya de pequeña. Es un pueblo con muchas leyendas, donde se cuenta que está una de las siete bocas del infierno y por eso Felipe II construyó el monasterio. Hay un ambiente con toques góticos fundamental para la trama. La casa de la novela puede ser cualquiera de los caserones del barrio de Abantos.

—El lector se evade, ¿y el escritor?

—¡También! Escribo con música y bandas sonoras. Hay una canción, Los Lannister siempre pagan sus deudas, de Juego de Tronos, que escuchaba de manera obsesiva. Podía ver a los personajes mientras escribía. La banda sonora de El laberinto del Fauno también me inspiró mucho. A veces, evadirte tiene connotaciones negativas, de huida, de no afrontar. Pero en toda evasión hay un aprendizaje.

—¿No le importaría ver esta historia en el cine o en una serie?

—Me encantaría, pero depende de que algún productor se enamore del proyecto y quiera apostar por él. Crucemos los dedos.

—Es una escritora muy audiovisual.

—Me interesa la interconexión en los procesos creativos. El método Stanislavski de los actores también se puede aplicar a la escritura, al desarrollo de los personajes. En esta novela los capítulos son cada vez más cortos y con un ritmo más rápido, un crescendo en la acción basado en los guiones televisivos. Según empiezas a leer, ya estás en el corazón del conflicto, sin preámbulos. Como las series de televisión hoy, pero es que esto ya lo utilizaba Shakespeare.

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