Esos cafés gallegos en los que nacen las historias

FUGAS

Ángel Manso

Los escritores Manuel Rivas, Inma López Silva y Javier Peña nos invitan a seguir una mariola de letras. Entramos donde escriben. Estos son nuestros bares de las grandes esperanzas

27 dic 2019 . Actualizado a las 15:20 h.

La literatura está en el aire de bares y cafeterías. Galicia tiene sus propios bares de las grandes esperanzas, cafés que pueden ser una habitación con vistas, un refugio, una oficina, un cuarto a compartir con desconocidos, un paritorio donde se dan a luz historias. En los cafés la vida pide una pausa para despejarse y liberar su tiempo de la agenda de las inercias cotidianas. La soledad de un problema se disuelve en el baile de una cucharilla. En el Café La Barra, de A Coruña, escribe Manuel Rivas, cicerone en este recorrido de letras en el que nos asomamos a locales que ven nacer poemas, relatos y novelas, y a esos otros que son big bangs, lugar de creación para el artista. Inma López Silva, que publicará en febrero O libro da filla, y Javier Peña, que ha dado a los lectores un pellizco de felicidad con su novela Infelices, también nos descubren dónde se inspiran y se forman los órganos vitales de sus obras.

En una mesa en La Barra, espera y escribe el autor que nos sobrecogió hace más de veinte años con el libro de cuentos ¿Que me queres amor? En uno de los cafés que se han ganado el afecto literario de Manuel Rivas hay mesas ocupadas por señoras que agitan con ritmo los dados sobre un tablero de parchís. El batir recuerda el ruido de los dedos en las viejas máquinas de escribir, o de las máquinas de coser. Tiene algo infantil y laborioso ese sonido, de artesano obstinado. «Eu sempre escribín nos cafés. Hai unha psicoxeografía tabernícola. Nese mapa das tabernas inclúense bares, cafeterías, pubs… Recordo na adolescencia eses pubs aos que che gustaba ir pola música a escribir. Como o Dylan’s, o primeiro pub da Coruña no sentido cultural. Estaba na Cidade Vella, e non era copia. Tiña esa cousa de club secreto. De feito, pechárono varias veces! Estouche falando do ano 71 ou 72. Foi un bar pequeno que tivo un papel activo culturalmente, era un lugar fronte ao deslugar, un lugar con memoria, con emoción», recuerda Rivas de un bar en el que sonaba la rebeldía en temas de Pink Floyd, Neil Young, Paco Ibáñez, Joan Baez o Mercedes Sosa.

Ángel Manso

Un café lleva a otro café, y La Barra del 2019 lleva por un atajo de la memoria de O’Rivas al Dylan’s de los 70, el lugar bajo sospecha que vio nacer varios poemas del autor en aquellos años en los que estaba en el instituto de Monelos. Una imagina al escritor en una isla, enfrascado en el silencio, impermeable al ruido coloquial del mundo. «A min gústame o son dos cafés, resulta estimulante ese ruído, ese algo en movemento que hai nos bares e os cafés. Neles líbranse batallas simbólicas, ás veces chegánche algunhas frases que son a boca da literatura», afirma el autor de O libro dos manifestos. Algunas de sus obras se fueron naciendo con el sonido de Nick Cave, del álbum The Boatman’s Call, con los nocturnos de Chopin o el piano de Erik Satie. Pero Rivas encuentra también la música en esas «voces baixas dos cafés, nas súas conversas». El novelista fue asiduo del Dublín y del Rochester. «Os libros arden mal escribino aí! Nun recanto do Rochester ao lado da cheminea », revela Rivas, que se divide entre La Barra, el Dársena y el Macondo en función del momento. «Cada café ten a súa psicoloxía, a súa xeografía íntima. A Barra e O Faro, en San Agustín, o que teñen ademais é que son cafés de mercado, de praza, e iso nótase moito. Porque as praceiras son xente moi literaria.Teñen un falar fresco, suxestivo, son unas fontes de información moi boas! Cando se fala de líderes de opinión, eu non penso en tertulianos, senón na xente que traballa praza. Esa sinceridade que teñen no falar ten que ver co que venden, co pan, co peixe. Aí está a sinceridade do pan e a liberdade do mar».