Ana Curra, el eterno icono oscuro de la Movida

La cantante nos devuelve a los días en los que el rock era cuchillo y catarsis


Hay algo de ceremonial en los conciertos de Ana Curra que nos devuelve a los días en los que el rock era cuchillo, nervio y catarsis. Verla enfundada en cuero negro, medias de encaje y tachuelas cantando las canciones que canta lleva allí: al misterio adolescente, al vértigo guitarrero, a la perturbación de unos versos que hablan de sexo, violencia y oscuridad de un modo particularmente punzante. Sudorosa, soltando alaridos y retorciéndose por el suelo, invoca a esa bestia escénica que se transforma en las tablas. Aunque no se trata de una artista excesivamente popular, lo cierto es que un concierto suyo es una experiencia que nadie que tenga interés en el rock español debería perdérsela.

Que le pregunten a quienes presenciaron su apoteósica actuación en el festival Noroeste 2018. O los que acudieron a verla en el 2012 en la sala Capitol de Santiago en la gira de El Acto, en la que revisaba el cancionero de Parálisis Permanente, su proyecto más mítico junto al malogrado Eduardo Benavente. En ambos pases se pudo comprobar la vigencia de un sonido eterno, la calidad de un repertorio apabullante y la capacidad de mostrarlo en el presente con las misma uñas, pasión y carne que en los años ochenta.

Ana Curra estuvo ahí, en la Movida. En la parte más chillona y colorista (militó en los Pegamoides de aquella Alaska de Bailando). Y en la tenebrosa y siniestra, con los citados Parálisis Permanente. Ahí ayudó a crear una de las aventuras más excitantes de la historia del rock español, dejando para la posteridad himnos como Autosuficiencia, El acto o Nacidos para dominar. Pese a estar grabadas en los primeros ochenta en modo independiente, su rescate se convierte en una gloriosa bofetada.

Una buena parte de este repertorio servirá de esqueleto para su actuación. Además, presenta un epé, Huaca, que incluye temas como Aprendiz de Bruja o Tres tristes yonquis que juegan con las claves del sonido. Pero, sobre todo, estará la actitud de esta profesora de piano clásico que en el escenario muestra esta cara tan especial. El músculo contrario, la mirada con sombra de ojos corrida, el sudor en el pecho y el alarido saliendo de la boca como un huracán.

A Coruña Garufa 22.00 horas,

mañana, 20/23 euros

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