«De vez en cuando leo un libro de autoayuda porque me muero de la risa»

Eduardo Mendoza, el Premio Cervantes más leído por los adolescentes españoles, vuelve a casa para promocionar su último libro. Con él hablamos sobre literatura y su ciudad de los prodigios, Barcelona.


Dos palabras fueron suficientes. «Ya está», le dijeron desde el otro lado de la línea telefónica. Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943) trabajaba en Nueva York como traductor de la ONU cuando murió Franco y las cartas eran el método más frecuente para enterarse de lo que sucedía en un país, el suyo, sobre el que vivía «flotando». Este hecho histórico es el punto de partida de la segunda entrega de su trilogía protagonizada por Rufo Batalla, un alter ego «que sigue mis pasos», aunque en absoluto, antepone, son la misma persona. El negociado del yin y el yang (Seix Barral) lo trae desde Londres, donde reside, a España. A Coruña fue esta semana una de sus paradas. Aquí, en un salón con vistas al mar y a una ciudad tan lluviosa como la británica, nos hace un hueco en una de sus contadas entrevistas promocionales.

45 años después

«Cuando terminé La verdad sobre el caso Savolta pensé que no tenía nada más que escribir, pero, una vez que me pongo, van saliendo cosas. Y así una, y otra y otra». De su ópera prima, publicada el año en el que murió Franco, han pasado casi 45 años y muchos libros, La ciudad de los prodigios, La aventura del tocador de señoras, Riña de gatos... Hoy, con el dictador recién exhumado, «pura coincidencia», vuelve a 1975.

-La muerte de Franco como hecho cultural. ¿Sobre eso trata la novela?

-Planea sobre ella. Hubo una sensación de inutilidad y orfandad. Existió entre todos. «Por fin se ha acabado una época», pensamos, pero era la única que habíamos vivido, «¿y ahora qué va a pasar?». Como cuando acaba una guerra, ahora firmamos la paz y ya somos amigos. ¿Y todos estos que han muerto?

­-Y, mientras, al protagonista no paran de sucederle aventuras disparatadas.

-Soy un escritor del siglo XVIII, de las novelas de peregrinaje donde el personaje es el receptor, apenas hace nada. Él es un periodista de segunda división. Quería que saliera el periodismo y el periodista, el protagonista del último tercio del siglo XX.

-¿Por qué para en Japón y Alemania?

-Como España, ambos venían de pasarlo muy mal. Japón era otra galaxia que, de repente, hace una gran irrupción en la cultura. Alemania es un país muy ensombrecido por su pasado, que está continuamente autoanalizándose. Es un país más grande que él mismo. Quizás era el más creativo de Europa en los 70.

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«De vez en cuando leo un libro de autoayuda porque me muero de la risa»