Tras la demoníaca huella de Magus

John Connolly sirve un nuevo caso de Charlie Parker, en el que el detective se enfrentará una vez más a las fuerzas sobrenaturales del mal

Tusquets

No es quizá el mejor de los dieciséis libros de la serie del detective Charlie Parker que el sello Tusquets ha editado hasta el momento en castellano. Tarda en carburar, la lentitud lo lastra, una deriva neblinosa parece retenerlo o confundir la dirección que ha de tomar, causa una cierta confusión, pero a la postre no se trata de una falla insalvable para El frío de la muerte, nada que no resuelva un poco de paciencia, un esfuerzo que el lector de John Connolly (Dublín, 1968) siempre está dispuesto a comprometer. Después de todo, los asuntos de familia se resuelven en casa. Parker es uno más de la familia, porque la mayoría de quienes cojan esta novela habrán tenido entre sus manos buena parte de las otras (quince) anteriores y hoy viven los problemas del investigador estadounidense casi como propios -por supuesto, también los que pueda presentar la narración-. Y eso que el autor irlandés nunca se ha parado a describir físicamente en profundidad a su personaje, o a lo mejor es eso lo que lo hace tan cercano porque cada uno lo imagina como quiere que sea.

En todo caso, el lector asume su cuota de responsabilidad porque está concernido por la vida trágica del protagonista. Desde el principio está dispuesto a contribuir en lo que pueda al camino de dolor y culpa, al ansia de redención de Parker, un hombre lleno de rabia desde que un psicópata mató a su esposa Susan y a su hija Jennifer mientras él, así lo cree, no hacía lo que debía para protegerlas.

Parker es de la familia, como lo son sus dos leales compañeros, Angel y Louis, violentos, fríos, brutales y eficaces asesinos profesionales, que con su proverbial sentido del humor, su divergente personalidad -Louis, negro, elegante, considerado, culto, exquisitamente educado, gourmet; Angel, blanco, mal vestido, ladrón, procaz, exconvicto, devorador de comida rápida- y su amor homosexual representan el contraste perfecto del solitario Parker, con quien sirven diálogos sembrados de inteligencia, ironía y diversión.

Falta hace esta robusta entente, porque lo que tienen enfrente -también en esta novela- son formas del mal de lo más sofisticadas y estremecedoras, en un combate que se antoja arduo, a vida o muerte. Nadie se extraña ya de la presencia al alza de lo sobrenatural en las andanzas de Parker, y eso debe ponerse en el haber del magisterio narrativo de Connolly, que ha sabido cómo introducir progresivamente en la vida cotidiana ese mundo gélido -de una manera tan armónica que la integración es total-. La solidez del escritor es de nuevo una garantía, como también esa facilidad que muestra para construir tramas complejas que al final confluyen o encajan cabalmente. En este caso, una organización mafiosa -con Madre a la cabeza- se cruza en una pesquisa de tintes claramente fantásticos. Por si no fuera suficiente, el Coleccionista, ese extraño operador freelance, vengador y justiciero, tiene sus propios planes.

EL FBI DE POR MEDIO

Parker carga además con un acuerdo laboral poco transparente con un oscuro agente especial del FBI, Edgar Ross, que, sin dar demasiadas explicaciones, le pide en esta ocasión que encuentre al detective privado Jaycob Eklund, que lleva un tiempo sin dar señales de vida. Y a todo eso se suma la presión íntima que ejerce su antigua pareja Rachel, que quiere marcar distancias con Parker después de que las actividades del investigador pusiesen en riesgo la vida de su hija en común, Sam. Ella quiere someterlo a un régimen legal de custodia que limite las visitas paternas a la adorada niña. Su exsuegro Frank Wolfe, que también teme por su nieta, se incorpora al frente para tratar de alejarlo del núcleo familiar. Sin embargo, Parker, tan amistoso y considerado con ellos, no aceptará bien esta decisión, porque lo que le une a Sam, más allá de la excelente relación paternofilial, está por encima de los demás y tiene que ver con las extraordinarias capacidades de su pequeña.

Porque la percepción paranormal no solo afecta a la ominosa secta objeto de investigación de Parker, los Hermanos -con Sally y Kirk Buckner como oficiantes-, unos sanguinarios conjurados con un supuesto pacto que los une a un demoníaco personaje, autodenominado Peter Magus, que impuso a las generaciones futuras su criminal misión mientras ardía en el asedio a Capstead, una especie de Waco del siglo XIX. Sombras de muertos que no pueden descansar, fantasmas, apariciones, espectros... son visibles para ciertas personas con inusuales poderes sensoriales, una sensibilidad que es una auténtica condena. Y Sam es una de esas criaturas humanas así agraciadas...

«El frío de la muerte»

John Connolly

Traductor Vicente Campos

EDITORIAL TUSQUETS

PÁGINAS 462

PRECIO 19,90

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