Cinco milagros musicales que solo tienen lugar en Galicia

El Náutico, Café Pop Torgal, Sinsal San Simón, Resurrection Fest o Playa Club son gloriosas rarezas de alcance internacional

AMBIENTE DEL NÁUTICO DE SAN VICENTE DURANTE UN CONCIERTO DE LEIVA E IVÁN FERREIRO
AMBIENTE DEL NÁUTICO DE SAN VICENTE DURANTE UN CONCIERTO DE LEIVA E IVÁN FERREIRO

Se impone marcar un poco de distancia, quitar el aire familiar y verlo desde fuera, con objetividad. Una vez ahí toca pellizcarse para asumir que ejemplos como los que recoge esta página existen y que llevan existiendo mucho tiempo. Son pequeños milagros impulsados desde el amor a la música y la fe de que lo imposible a veces puede ser posible.

Náutico de San Vicente

O Grove

En boca de todos, este año más que nunca. El sueño de Miguel de la Cierva y de los músicos que lo han hecho posible es uno de esos lugares que dejan a todos boquiabiertos. «Yo busqué que sucediera esto, pero se juntaron una serie de casualidades mágicas», dice. El Náutico empezó en los años noventa como una anomalía secreta perdida en una pequeña playa de las Rías Baixas, la de A Barrosa en San Vicente de O Grove. Allí tocaba de vez en cuando Antonio Vega, se dejaba ver cada verano Coque Malla y siempre había un hueco para Los Limones, Los Potros o Río Bravo. El boca a boca se encargó de compartir el secreto a cada vez más personas. 

«Hace 15 años los conciertos generalmente se hacían en espacios poco amables», recuerda Miguel. «Eran pabellones y sitios en donde había reverberación. Parecía que no importaba el entorno para nada. Solo vi eso como un valor y lo cuidé al máximo», añade. Los recitales casi a pie de playa, el trato exquisito que se le dispensaba a los artistas y la atmósfera de buen rollo generaban para ellos la sensación de apertura y cierre de un paréntesis maravilloso. Había también un algo intangible que convertía todo en algo especial. Así se conjuró el milagro. «Sí, lo fue porque hubo músicos que lo posibilitaron como Iván Ferreiro y Leiva, que hicieron de embajadores del local», apunta Miguel. 

Este verano -con más de 70 conciertos programados y un éxito desbordante (Leiva e Iván Ferreiro no solo llenaron el recinto, sino la playa y atrajeron a decenas de barcos a la zona)- el proyecto parece haber tocado techo. «Yo quiero crecer en riqueza. Por ejemplo, convertir esto en una residencia artística. Ahí es hacia donde quiero ir», adelanta. Quien quiera conocerlo lo tiene ahí. Y si no, que vea el documental que se acaba de estrenar en Flooxer.

Resurrection Fest

Viveiro

PÚBLICO DEL RESURRECTION FEST DURANTE UN CONCIERTO DE  OVERKILL
PÚBLICO DEL RESURRECTION FEST DURANTE UN CONCIERTO DE OVERKILL

Lo que empezó en el 2006 como el rescate de un evento gratuito que se había cancelado en verano se ha convertido en un festival de referencia internacional para los fans del hardcore, el metal y el punk. «Nadie esperaba esto, ni por asomo», confiesa David Méndez. Se sumó a la aventura iniciada por su hermano Iván cuando decidió llevar a Viveiro a Sick Of It All. «Iban a venir en verano a un evento que se llamaba Summer Fest, pero no pudieron al final -explica-. El grupo que comprometió a volver y lo hicieron en noviembre. Por eso el festival se llamó Resurrection». 

A aquella llamada, con entrada gratuita, respondieron 1.200 personas. Ahora son 28.000 por día, de pago. «Fue creciendo poco a poco. Había un nicho de mercado que no estaba consolidado -precisa-. Yo creo que fue muy importante que al principio fuera gratuito para crear público. Ahora somos ya una marca internacional y la gente no viene solo por los artistas, sino que lo ve como una vacaciones. Para muchos esta es la mejor semana de su verano»  

«Traer a grupos como Slayer o Iron Maiden fueron decisiones de mucho riesgo, pero que salieron bien y posibilitaron que el festival creciera», recuerda. Ahora Viveiro es sinónimo de Resurrection. «La gente vienen al festival, pero también a comer y a las playas». Ese público, además, tiene deseos con los que ampliar el milagro. Este año, por ejemplo, actuaron Slipknot. «Era el grupo que más nos pedían en las encuestas que hacemos con los asistentes al festival, que es algo a lo que hacemos mucho caso», apunta David. ¿Traer a Metallica en el futuro? «Grupos así, que son muy transversales, no es cuestión de quererlos y contactarlos directamente. No podíamos pagarlos, salvo que cuadre en gira y se den las condiciones». Quién sabe.

Café pop Torgal

Ourense

MAREM LADSON ACTUANDO EN EL CAFÉ POP TORGAL
MAREM LADSON ACTUANDO EN EL CAFÉ POP TORGAL

«No había nada, solo rock and roll. Solo existía el Trolebús como alternativa y poco más», rememora David Pedrouzo. Con su hermano Isaac cogió el traspaso de un bar de barrio a principios de la década pasada y lo transformó en un paraíso para melómanos. «Los grupos que nos gustaban no venían a Ourense e hicimos un especial hincapié en eso, en que hubiera un espacio en el que pudieran tocar», dice. Primero fueron los artistas del indie nacional. Luego, los internacionales. El cariño, la receptividad del público y la magia hicieron el resto. 

«Entre la gente se empezó a difundir la idea de que había que ir al Torgal, que era un sitio pequeño en una ciudad pequeña, pero que se trataba todo con máximo cariño», señala. La ola se expandió y el listado de artistas que han pasado por el Torgal invita al «buff, ¿esto está pasando de verdad?». Norman Blake, Damien Jurado, Steve Wynn, Lee Ranaldo o Will Johnson han tocado en este local de aforo reducidísimo (90 personas) y respetuoso silencio. 

Todo ello ha creado un onda expansiva y atractiva que llega a los rincones más insospechados. La gente quiere tocar allí. «Los artistas rebajan sus expectativas económicas o vienen en formatos más baratos», expone David.  «Los artistas hacen por venir y nos encanta ver cómo gente nueva, tipo Nathy Peluso, María Arnal i Marcel Vallés o Cupido, lo tienen como una referencia», señala. Es decir, este local ya ha traspasado generaciones como símbolo feliz de la música en directo. Incluso a nivel editorial. Si el Náutico tiene un documental, el Torgal tiene un libro-disco.

Sinsal San Simón

Redondela

Sinsal 2017 en la isla de San Simón
Sinsal 2017 en la isla de San Simón

Entre los quijotescos proyectos de Julio Gómez, el de Sinsal San Simón resulta el más impresionante. También, la respuesta del público. Todos los años se agotan las entradas para este festival en una isla con cartel secreto. «Nos parecía muy injusto que se pusiera el nombre de un artista por encima de todo lo que representa hacer un evento en San Simón», explica. «La idea no nació como una operación de marketing, sino con la intención de priorizar conceptos como la convivencia, la diversidad o la sostenibilidad. En este aspecto la cultura es de las poquísimas cosas que une a las personas o, al menos, donde hay más consenso».

En pleno bum de los festivales, Sinsal se fundamenta en una idea ajena a los nombres-gancho que garantizan los llenos. Además, ni siquiera repiten artistas de ediciones pasadas, algunos de los cuales llegan anónimos y crecen con el tiempo. «España es un territorio muy complejo para la música -reflexiona Julio-. Aquí se dan una serie de circunstancias, que exigirían un debate más profundo. Una de sus principales consecuencias es la repetición de los artistas más conocidos en buena parte de los festivales. Por supuesto, cualquier propuesta cultural que trabaja en dirección contraria a esta fórmula y consiga sobrevivir es un milagro».

Sinsal San Simón quizá sea el evento musical más singular de los que se hacen en Galicia. Y, sin duda, uno de los más insólitos de Europa. «Hay algunos eventos en islas y grandísimos festivales por toda Europa, pero lo que hace único a Sinsal es el conjunto de la propuesta -subraya el programador-. Nos gustaría mucho que las administraciones, y el público gallego en general, compartiera con nosotros este orgullo que sentimos cuando tanta gente nos felicita o cuando hablan sobre nosotros en los medios de comunicación internacionales. Pero somos conscientes de que estamos ocupando un espacio histórico y algunas personas no quieren que el festival se haga en San Simón».   

Playa Club

A Coruña

CONCIERTO DE COOPER EN EL PLAYA CLUB
CONCIERTO DE COOPER EN EL PLAYA CLUB

Algo tienen sus cimientos para albergar buena música desde hace más de sesenta años. Erigido en la coruñesa playa de Riazor, ha sido siempre una perita en dulce para la fórmula comercial de radiofórmula y optimización máxima de beneficios. Pero no. Pese a haber cambiado de gerencia hasta cinco veces, no ha cedido a su instinto. Aquí se estrenaron en exclusiva para España los singles de la Tamla Motown en los setenta. Se le hicieron pases privados a Mike Oldfield en los ochenta para que pudiera ver a unos tales Luar na Lubre. Se programó a Elástica o Ocean Colour en los noventa, cuando reinaba el brit-pop. Se pudo ver en vivo a los legendarios Love en el cambio de siglo. Y se continúa ahora, en su última etapa, apelando precisamente a esa historia gloriosa. 

«Hemos traído a Cooper cuando hacía la gira de los temas de Los Flechazos o Los Enemigos como un guiño a ese pasado», dice Carlos Landeira, su actual programador. También ha sido responsable de las contrataciones de Os Mutantes o 2 Many Dj’s. «Al ser un referente de la música en directo en Galicia es relativamente sencillo continuar con la dinámica y programar con coherencia. En estos momentos se vuelve a hacer una celebración precisamente de ello», añade. La decoración, obra de Fernando Pereira e inspirada en la que existía en la sala en los ochenta, termina de redondear la jugada.

«Cuando el músico acceder a la sala palpa la historia y sabe que está en un sitio especial», apunta Carlos. Recientemente se grabó en el Playa Club una de las partes del programa Un país para escucharlo dedicado a Galicia. Intervenían Ariel Rot, Triángulo de Amor Bizarro y Xoel López. Los tres, que habían tocado allí varias varias, coincidían que se trataba de la sala por excelencia en A Coruña. Y un icono que traspasa fronteras. «Uno llega aquí a tocar, se sube al escenario y solo tiene que darse la vuelta para darse cuenta que no está en un sitio más», expone Carlos. Al producirse ese giro el artista verá el Atlántico azotando la playa con toda su fiereza. Quizá ahí se encuentre la explicación del milagro.

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