Manuel Carrasco: «Sigo estando al filo de la navaja, vivo intensamente»

Creció en Isla Cristina ensayando chirigotas de carnaval en cuartillos de pescadores, sin luz, con velas. Ahora acaba de actuar ante 55.000 personas en Madrid. «El que la sigue la consigue», dice


Sí, es tan encantador como se lo imaginan, o quizá más. Porque Manuel Carrasco (Isla Cristina, 1981) destila humildad y sencillez, algo poco habitual en los tiempos que corren. Puede que esa actitud de tío normal en un mundo extraordinario, como el de la música, sea lo que lo haga especial, además de su forma de componer en la que plasma su sensibilidad en cada una de las palabras que canta. El resultado es que el público recibe sus letras como una flecha directa al corazón. Ahora, viene a rematarnos con un concierto que, confiesa, es una deuda que tiene pendiente con el público gallego.

-Como buen Capricornio, ¿tienes claro lo que quieres en la vida?

-Mira, nunca tuve claro nada, pero lo único que sabía es que quería cantar y que quería hacer música. Y me está saliendo bien la verdad. Es curioso, porque en lo demás no tengo claro nada.

-Vienes a A Coruña después de actuar ante 55.000 personas en Madrid. ¿Se te queda pequeño nuestro Coliseo?

-¡No, mujer! En A Coruña no he tocado muchas veces, entonces creo que tengo una cuenta pendiente y evidentemente tengo una motivación extra con eso porque imagino que hay mucha gente que aún no me ha visto en concierto. Además, creo que el directo es uno de mis fuertes porque vivimos los shows mucho. Hay mucha energía en el escenario y se la queremos contagiar al público, y tengo una oportunidad de oro para hacerlo, así que voy con muchas ganas.

­-Después de ese subidón de energía, ¿eres capaz de dormir?

-Si te soy sincero, en general me cuesta, pero no solo cuando toco ante 50.000 personas, si no cuando lo hago ante 3.000 o 10.000. Hay como tres días que no duermo bien, me desvelo mucho, me cuesta conciliar el sueño, me noto en la cama en tensión y es por la adrenalina. Incluso me pasa el día antes del concierto, que estoy ya con ese nerviosismo, por eso me he quedado tan delgado, porque la adrenalina es fuerte. Yo vivo los conciertos muy intensamente, soy muy apasionado y eso, quieras o no, lo tiene uno en el cuerpo.

-¿Quién te dio las alas en la música?

-Digamos que mi pandilla. Había amigos a los que se les daba bien el fútbol, a otros el baloncesto, y a mí lo que mejor se me daba era cantar. Entonces, yo empecé de pequeño en agrupaciones de carnaval de mi pueblo. Cuando llegaban las nueve de la noche, que es cuando empezábamos a ensayar, era el que dirigía un poco todo el cotarro allí y ellos eran los que me daban las alas. Fue un cúmulo de momentos y de sensaciones en las que ellos me hacían sentir fuerte, me hacían sentir valiente y me hacían sentir especial.

-Confesaste que después de «Operación Triunfo» lo pasaste mal porque no controlabas tu carrera, ¿perdiste esa fuerza?

-No, porque de alguna manera es algo que me ha acompañado y que me sigue acompañando: ese miedo a lo desconocido, a no estar a la altura, a la responsabilidad por todo lo que depende de ti. Es mucha gente trabajando, las canciones, miles de personas que están comprando la entrada... son muchas cosas, y eso lo tiene uno en el cuello, en la garganta. Al principio eran unas cosas, luego son otras, pero hay presión, hay intensidad. Pero, bueno, al final todo sale. Uno se sube al escenario, deja de pensar, conecta con la energía de la gente, y ocurre lo que tiene que ocurrir que es que fluya algo especial y que todos nos vayamos contentos del concierto, que es lo que quiero.

-El programa te dio la popularidad, pero ¿te habría gustado empezar de otra forma en la música?

-No lo he pensado eso, pero no soy de los que se arrepienten, ni de haber ido al programa, ni de mis inicios para nada. Todo ocurre por algo. En aquel momento estaba convencido de que no iba a tener quizás otra oportunidad. No tenía la sensación de que me iba a atrever, además, siendo tan tímido como era, que era como: 'Dios mío, ¿adónde voy?' Pero lo hice, lo sigo haciendo. Continuamente lucho contra mis miedos. Sigo peleando con esa lucha interna y al final las cosas se van cumpliendo. No soy de los que esté lamentándose mucho, el lamento no me dura más de cuatro o cinco días.

-¿Eres positivo entonces?

-Sí, pero soy igual de positivo que triste con mis propias cosas. Es decir, es una cosa conmigo mismo, ¿eh? Yo me pongo siempre el listón muy alto. Me autoexijo mucho, pero aun así, soy positivo. Hay una mezcla ahí de insatisfacción a la vez. Soy un tío que en general soy bien pensado, y mira que estoy en un mundo que, ¡madre mía de mi alma! Es como que te hacen ver el lado contrario continuamente, pero sigo siendo así. La gente que me conoce me dice: '¿No te estás dando cuenta?' Y ya digo: 'Ay, madre mía'.

-Has dicho que hubo un tiempo en el que no eras feliz. ¿Lo eres ahora?

-Nunca se es feliz en todo momento. Evidentemente he pasado 20 años en la música en un mundo bastante fuerte y ahora estoy mucho más vivido, más curtido, pero sigo estando al filo de la navaja. Sigo viviendo muy intensamente y eso hace que a veces sea muy feliz, y a veces no lo sea. Soy un tío de contrastes, vivo de una manera muy fuerte en todos los aspectos. No siempre estás en el mejor de los momentos, ni estás en el peor. Aun así, valoro todo lo que tengo. Me siento un privilegiado porque tengo una vida donde pasan cosas totalmente excepcionales y estoy rodeado de cariño.

-Te dijeron de pequeño 'dónde vas, que tú puedes'. ¿Quién te lo decía?

-En los sitios de donde yo vengo, de un pueblo de pescadores donde el trabajo duro está muy presente, había una corriente de que estas cosas no podían ocurrir allí. Entonces era como un '¿adónde vas, eh? No te atrevas a soñar tanto que te vas a llevar un palo'. No era una cosa mía personal, sino que se respiraba en el ambiente, que eso no nos podía ocurrir, y me ocurrió, lo cuento, y lo llevo. Quizá tengo ese sello en el pecho clavado y por eso me esfuerzo tanto e intento dar ejemplo. Bueno, no lo intento, pero me sale. Porque sigo siendo aquel chaval, dentro de mí sigo siendo aquel niño y tengo esa sensación continuamente.

-En el pasado te han dicho que eras muy andaluz. ¿Has sufrido por tu acento?

-No sufrir, pero me daba coraje porque me parece totalmente de ignorantes. Me ha pasado mucho en la profesión como si fuera algo malo. Imitamos a los grupos guiris como si fuera eso lo autentico y eso es lo menos auténtico. Tú escuchas a Bruce Springsteen y canta con su acento, escuchas a Juan Luis Guerra y canta con su acento, igual que los colombianos reguetoneros. En mis comienzos había gente que mandaba en la radio que decía esas cosas y a mí me resultaba muy extraño y muy injusto. Pero, mira, ¿sabes lo que te digo?, me ha servido de motivación. No sé si tiene que ver con lo de capricornio [risas], pero me ha servido para decir: os voy a llevar la contraria. Y joder, lo hemos conseguido. Y a muchos de los que me decían eso me los he encontrado y no les he dicho ná, pero saben lo que está ocurriendo ahora. Es maravilloso que a la gente como a mí, con nuestra historia, remando a contracorriente, nos ocurra. El que la sigue la consigue, ¿no?

-De pequeño ensayabas chirigotas de carnaval, ¿qué disfraz te ha marcado?

-Todos. Además, te estaba explicando esto y me estaba acordando de que a los 12 años había un concurso en el que participé durante 9 años y no pasé de preliminares nunca. Por eso digo que todo ha sido un aprendizaje, nunca tuve un reconocimiento y la motivación me viene de dentro. Ensayábamos en cuartillos de pescadores donde no había luz, con velas, y ahí soñábamos con llegar al teatro de nuestros sueños, que era el de allí, y triunfar, que nunca triunfábamos, pero en nuestro sentimiento estaba siempre eso.

-Y ahora que sí has triunfado, cuando piensas en lo siguiente, ¿te da miedo?

-No y sí. Sí siento ese peso porque me llega. No solo ya por el público, sino por la industria, pero personalmente si yo siento que he dado lo mejor de mí, me siento muy liberado, entonces sé que voy a intentar hacerlo lo mejor que pueda en el próximo trabajo y con eso me sentiré a gusto.

-Te criaste al lado del mar, ¿cómo se adapta alguien de costa a vivir en Madrid?

-Porque soy un buen soñador. También tengo la suerte de viajar mucho y ya hace tiempo que las distancias, lo que para cualquier persona es algo muy lejano, para mí no lo es tanto. Me muevo mucho y si tengo un día libre, intento volver al mar, volver a mis amigos, a mis orígenes, a mi yo más natural, más original, más yo. Que me hace sentir más normal.

-¿Cuál es tu cruz en el mapa?

-Mi familia, es la principal. Pero la cruz del mapa más importante parte desde uno. En cuanto te vas del suelo y quieres volar, pero yéndote por las circunstancias, por lo que te dicen... te ves demasiado volátil y creo que es importante estar conectado con lo que es uno para avanzar.

-¿Qué música ha influido en ti?

-Yo te diría que escucho de todo, pero lo que más ha influido en mí desde pequeño era esa música del carnaval que era lo que escuchaba en el barrio, igual que el flamenco. Luego me he nutrido de todo. Al final si te fijas, yo en mi música lo que hago es una mezcla de un montón de cosas, mezclado con mi manera de escribir, con mi acento. Hay una mezcla ahí de canción de autor, de pop, de todo. Encima del escenario también soy una mezcla de cosas, difícil de explicar, pero he hecho un camino con el que me siento reconocido y que tiene que ver conmigo.

-Tienes una tremenda sensibilidad. ¿Te pasa como a Pablo López que nos dijo que es intenso hasta poniendo el lavavajillas?

-Ja, ja, ja. Creo que la gente que es más cercana a mí, te podría decir que sí. La verdad, es así. ¿Qué te voy a contar? Ja, ja, ja.

-Tener alma de artista, como tú, ¿lleva implícito el sufrir?

-Sí, por eso. Por eso te digo que al final vas al límite de todo y eso es inevitable, y para bien o para mal es lo que nos ha acompañado toda la vida y convivo con ello desde siempre, desde incluso antes de dedicarme a ser artista. Esa sensación de vivir las cosas así, pues bueno, no sé si le pasa a todo el mundo, de vivir las cosas muy fuerte e intensamente.

-Cuando compones un nuevo tema, ¿a quién se lo cantas primero?

-Bueno, según, pero se lo canto a mi productor y se lo canto a mi mujer. Mi hija ya lo escucha mientras lo estoy haciendo, y también la perrita que se pone conmigo cuando toco el piano. Ellos son las primeras personas.

-Actúas en A Coruña mañana, ¿te quedas unos días por aquí?

-Pues sí. Me voy a quedar unos días. No tengo tiempo pa' ná ahora con la gira, pero he cogido unos diítas y nos vamos a ir por las Rías Baixas y toda esa zona.

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