Laura Freixas: «Las mujeres, de alguna forma, somos propiedad pública»

Un día se descubrió convertida en todo aquello que rechazaba y tomó una decisión. La escritora Laura Freixas desnuda sus contradicciones en una autobiografía


No quería una novela. Laura Freixas (Barcelona, 1958) sintió que para hablar sobre la maternidad necesitaba un canal más directo, un diario. La activista en la defensa de la igualdad de género en la cultura con colectivos como Clásicas y Modernas publica A mí no me iba a pasar. Una autobiografía cruda donde habla sobre sus dos facetas, la de madre y escritora.

­-¿Qué no quería que le pasara?

-Ser una mujer despreciada, que no decide y está en un escaparate. Lo veía desde fuera y luego lo viví en mi propio caso. Esa apariencia de respeto hacia las amas de casa, hacia las madres, hacia las esposas.

­-¿Por qué apariencia?

-Como madre, eres muy elogiada, pero todo es falso. ­En las clases altas, que era mi caso, lo que se respeta es el dinero. Te respetan por ser la esposa de.

-¿Cómo se percibe?

-En comentarios del ginecólogo, del monitor de gimnasia o de tu propio hermano. Sueltan unas frasecitas que demuestran que no tienen ningún respeto por ti.

­-Hay que ser valiente para escribirlo.

-Escribir una biografía es delicado y doloroso. Por eso cambié nombres, profesiones. He intentado ser justa, que no sea un ajuste de cuentas. Lo difícil no es tanto mostrar tu intimidad, sino tu cobardía. Aquello de lo que no estoy orgullosa. Mis contradicciones, mis privilegios de clase. Habría sido fácil embellecerme no hablando de ciertas cosas. Como cuando fui con mi marido a un orfanato ruso a adoptar. Nos hablaron de un niño con problemas de salud graves. Dije que no. Eso me lo podría callar, como cuando mis padres me ayudaron económicamente.

­-No escribe una heroína.

-No quería dar una visión idealizada, no sería yo. Mentiría presentándome más coherente y valiente de lo que soy.

­-¿Siempre fue feminista?

-Siempre ha pensado como feminista, pero no siempre he actuado como tal. He optado muchas veces por la solución cómoda. Por cobardía o por pereza.

Siempre ha pensado como feminista, pero no siempre he actuado como tal

 Salir del escaparate

­-¿Qué pasa cuando se da el paso, cuando se sale del escaparate, del chalé adosado y de un matrimonio «perfecto»?

-Se pasa muy mal, aunque quiero dejar claro que, en mi caso, sabía que podía contar con la ayuda de mi familia si lo necesitaba. Sucedió que pasé de vivir en 350 metros cuadrados a vivir en 100 y de las vacaciones en Japón a un cámping. Si estás a gusto, estás muy bien. Pero no veo por qué tenemos que pagar tan cara la coherencia.

­-¿Ser madre pasó le factura a nivel laboral?

-Sí, y contribuí a ello. Siendo madre descubrí un mundo de valores distinto, otra forma de vida que me gustaba. Me gusta mucho hacer de madre, cuidar a mis hijos, lo reivindico. Lo que me parece injusto es que asumir eso se traduzca en quedarte sin ingresos y ser dependiente, económicamente, del marido. Me sentí estafada.

-¿Por qué?

-Estás sola. Primero es la presión social para que seas madre. Después, si lo eres y pides ayuda, dicen: «Tú te lo has buscado, ha sido tu elección».

-¿El mundo editorial no se libra?

-Los hombres marginan a las mujeres en cualquier mundo profesional, incluido el cultural. No sé dónde salió la idea de que no es así.

­-¿Se idealiza la maternidad? En el libro escribe: «Parir te deja descansada».

-Ese saber que dentro del vientre tienes dos manos es una cosa impresionante. Pero, también creo que buscamos la maternidad como objetivo vital porque, sinceramente, sabemos que a los otros objetivos no vamos a llegar. A medida que te haces mayor, te das cuenta de que es muy difícil llegar a ser algo y, si lo eres, apenas lo reconocen. La maternidad te ofrece otra vía de hacer algo grande, heroico, creativo. Crear un ser humano es algo muy grande, pero, si tuviéramos otra opción, quizá esa no sería tan importante.

­-Los hombres viven, las mujeres leen.

-Sí, es una frase de Esther Tusquets con la que me sentí identificada.

­­-¿Quién es el patriarcado?

-El patriarcado es mucho más complejo y amplio de lo que creía. También está en nosotras, es en lo que nos hemos criado.

-¿Cómo notó la presión?

-Se nos invade desde fuera. Pasando por las amistades, el médico o las revistas. De alguna forma, somos propiedad pública. No somos dueñas de nuestra vida o nuestro cuerpo. Pasó con los anticonceptivos, el aborto y, ahora, con la gestación subrogada. La nueva versión, con un barniz supuestamente moderno, de la idea del patriarcado de que las mujeres existen para otros. Como si fueran unas incubadoras. No es cierto eso de que «papá pone una semillita». ¡Nosotras también la ponemos!

Buscamos la maternidad como objetivo vital porque, sinceramente, sabemos que a los otros no vamos a llegar

­­-¿Por qué una biografía?

-Porque quería hablar de una experiencia real como mujer y como madre. Apenas se sabe nada las mujeres. Lo poco que se escribe o lo hacen hombres o pasa por el filtro de un hombre, el editor. Hay dos pilares en el patriarcado: lo humano es del hombre y es interesante. La mujer solo habla de sí misma y lo que cuenta es menos noble, menos universal.

-¿Hay culpabilidad?

-Sí, pero sentirse culpable es perder el tiempo, no lleva a nada bueno. En realidad, creo que no es culpa nuestra. Hay unas normas sociales no escritas muy férreas. La sociedad es muy poderosa.

-¿Cambiará algún día?

-Hay una frase de Cristina Narbona: no soy optimista ni pesimista, sino activista.

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