Médicos de urgencias: «Somos unos mileuristas que vivimos muchos dramas»

Dos médicos de urgencias desmitifican la profesión en un libro que se parece poco a «Anatomía de Grey» pero mucho a la vida misma


En 24 horas, las que dura una guardia, puede pasar de todo. Una noche, Juan Sánchez-Verde se encontró con otro Juan que lo marcó. «Tengo 94 años, vivo en una residencia pero soy médico. Dígame lo que tengo». El doctor de urgencias del madrileño Hospital Fundación Jiménez Díaz fue sincero con su paciente: «Tiene un edema pulmonar agudo». El enfermo asintió. «Entonces, ¿me voy a morir?», a lo que Sánchez-Verde contestó, con dificultad, que «sí, se va usted a morir». No fue lo más duro de ese encuentro, reconoce durante un descanso. Pone el teléfono en altavoz y con él está Guido Rodríguez de Lema. Son compañeros en el hospital y autores de la novela gráfica El club de las batas blancas (Plan B), en la que firman el guion y las ilustraciones. Las sirenas que interrumpen de cuando en vez la conversación son su sinfonía diaria. El verano, cuentan, solía ser la mejor época. Cuando Madrid quedaba vacía. Las cosas han cambiado.

 Lo que no se enseña en la facultad

­-¿Qué puede ser más duro que decirle a un paciente que se va morir esa noche?

Juan Sánchez-Verde. Me pidió el móvil para llamar a la residencia. Allí también vivía su mujer. Le dijo que durmiera tranquila, que por la mañana estaba de vuelta. Juan falleció a las cinco horas.

- ¿Os preparan en la facultad para estas situaciones?

J. S. V. No, yo siempre digo que me equivoqué al estudiar Medicina.

-¿Por qué?

J. S. V. Estaba engañado. Pensaba que iba a ser muy glamuroso y que ganaría mucho dinero [sonríe]. En realidad, los médicos somos unos mileuristas que vivimos muchos dramas. Nuestro salario base, según el Boletín Oficial del Estado (BOE), son 1.125 euros brutos.

Guido Rodríguez de Lema. Es un trabajo particular, de cara al público, pero no vendemos camisas, sino que tratamos la salud de la gente. Nos tenemos que deshumanizar para que no nos afecte. Te enfrentas al ser humano de verdad, y somos fluidos, dolor o egoísmo cuando enfermamos.

-¿Egoísmo?

J. S. V. Toda la gente viene al hospital por un motivo egoísta. Tenemos que priorizar cuál es el más grave. Nadie quiere estar enfermo y nosotros queremos lo mejor para todos. Me ha pasado de estar en un cuarto de reanimación con un paciente crítico y que un señor irrumpiera dentro gritando que él estaba antes.

-Entonces, suspenso en eso de ponernos en la piel del otro cuando somos pacientes...

G. R. L. Ha virado la mentalidad. Antes, ibas al médico para ver si te podía curar. Hoy, si no hace, lo culpas. Encima, como buscas todo en Google, ya sabes lo que necesitas. El problema es del médico y tiene que solucionarlo.

J. S. V. Hay quien viene con unas expectativas muy altas, poco realistas. Y el mercantilismo hace que a veces veamos pacientes por encima de nuestras posibilidades.

-¿Afectan la homeopatía y el negacionismo?

J. S. V. Ha aumentado la desconfianza respecto a nuestros diagnósticos. La gente quiere escuchar la teoría que más les conviene. Para eso están las seudociencias.

-El libro tiene, sin embargo, una gran inyección de humor.

G. R. L. Vivimos muchas anécdotas. Las anotamos en una libreta. Nuestras conversaciones, cuando estamos entre un grupo de amigos, pueden ser algo escatológicas. Pero en las viñetas, además del morbo, queremos que haya un aprendizaje. Que reflexionemos.

-Una anécdota.

G. R. L. Un chico llegó asustado a urgencias porque tenía las manos azules. Le pregunté de qué trabajaba. ¿Sabes qué dijo? En una imprenta.

-¿Por qué el verano ha dejado de ser la mejor época del año?

G. R. L. Es cuando Madrid se vacía, pero hoy seguimos teniendo mucho trabajo. Hay muchos ingresos de gente mayor. Con la deshidratación se desacerban muchas enfermedades. Eso lo podemos tratar, pero no el que sus familiares los abandonen, como está pasando, porque tienen un apartamento en la playa pagado y no quieren renunciar a sus vacaciones.

­-¿Qué le aconsejan a los nuevos residentes?

J. S. V. Les digo que la ciencia está en los libros. Yo les puedo enseñar a tratar con las personas, a lidiar con los problemas. Aprendes a base de mucho enfado, de irte llorando a casa. En la carrera todo es teórico. Si me apuras, nunca tocas de verdad a un paciente sin estar tutelado hasta que empiezas una especialidad.

­-¿Algún parecido con la serie «Anatomía de Grey»?

G. R. L. Las series se alejan bastante de la realidad. En parte, tienen un poco de culpa de que nos imaginemos la carrera de Medicina como algo que no es.

­-¿No surgen romances en las guardias?

J. S. V. En una guardia empalmas tres jornadas laborales. Tanto física como psicológicamente son agotadoras. A las siete de la mañana del día siguiente soy más máquina que hombre.

-¿Siguen tomando notas?

G. R. L. Sí, nos dan para dos guiones más.

-¿Cualquiera se puede ver reflejado?

J. S. V. Hum... ¡sí! [Ríen ambos].

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