Bienvenidos al realismo sucio de la maternidad

«La mejor made del mundo» rechaza el superlativo, destroza el mito para redondear el vínculo, recoge las migas del matiz, deseos, penas y sin pareja que trae el hijo bajo el brazo


Al corazón femenino de todos los hombres. Y a la cabeza de las mujeres atrapadas entre el deseo de ser (alguien, algo más que madres) y la carga mental de criar y cuidar contra las cuerdas de una sociedad híper y un mercado que nunca mira para casa se dirige esta novela, una carta demoledora entre el ensayo, la autoficción y la poesía que inaugura el realismo sucio de la maternidad. Bukowski no podría soportarlo. Diría ¡Adelante! y se iría a escupir un poema. Una madre no, se querrá ir pero se queda, su sentido del deber no tiene opción, ni rima. «Las madres no escriben, están escritas», hace notar Nuria Labari (Santander, 1979) sobre una deuda literaria que ayuda a saldar con esta novela. «Criar puede llegar a confundir a una pareja, convertir a dos amantes en meros parientes: dos en uno al servicio del hijo», advierte. Hay libros que se bajan a tragos, y otros como este, punzantes, lacerantes, que se sufren contracción a contracción, con un raro poso de placer en el dolor. Hay amor y hay sexo, un revuelto de vida y literatura, pero no epidural en este trance, escéptico con la evolución de la mujer.

La mejor madre del mundo rechaza el superlativo, destroza el mito para redondear el vínculo (el que parte a la mujer madre, y la multiplica), recoge las migas del matiz, reproduce el hacer-deshacer desquiciante de la maternidad, muestra esa cesta de dudas, miedos, responsabilidades, preguntas, renuncias, decepciones y calcetines, deseos y penas sin pareja que trae el hijo bajo el brazo. Pero en este fresco confesional (otra cara de la moneda de El padre infiel, de Antonio Scurati) brota una sensualidad inesperada, empatía, una felicidad patosa, tuerta y coja, diferente a la que hace la uve en Instagram.

Atrévanse a ver lo que no se cuenta, a oír lo que no mola oír, a tocar una voz que es un cuerpo inmenso dado de sí, a dejarse señalar por el sentido crítico de una mujer que se ha roto, física, íntima, familiar, social, profesionalmente, para volver a nacer con fuerza desde su vulnerabilidad. Labari se rompe para alumbrar literatura en primera persona, singular. Este es el duelo entre la mujer (la persona, la escritora, la esposa, la amante) y la Madre. Pasen, hay sitio para toda la paternidad. Se sentirán como en casa, corriendo a retirar la olla del fuego.

«la mejor madre del mundo»

nuria labari

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