Dylan visita Galicia por quinta vez, y esta puede ser la última

Cita con la historia. Figura imprescindible de la música popular, el americano llegará el lunes 29 a Santiago con todo agotado desde hace semanas


Sí, Bob Dylan, el hombre que cambió para siempre la historia del rock a mediados de los sesenta. El que cuando lo vas a ver en directo tienes que esperar un rato para reconocer las canciones que mutan sobre la marcha. El que no saluda y no oculta que se trata de un cascarrabias. El que desechó ir a Woodstock y se convirtió tiempo después al cristianismo. El que tiene unos años ochenta horrorosos, pero revitalizó su carrera en los noventa. El que hay que ver si viene a tocar a tu ciudad porque es historia viva del rock y puede que sea la última vez.

Pocas cosas han cambiado desde la última visita de Dylan a Galicia, en Vigo en el año 2008, cuando fue recibido con todos estos honores (y una hilarante polémica política cuando desde A Coruña se dijo que no se quería su contratación porque no saludaba y tocaba de espaldas). Bueno sí, algo ha variado. Por el camino fue galardonado en el 2016 con el Premio Nobel, tras décadas ejerciendo de eterno aspirante. Se colaba así definitivamente al rock en la cultura oficial, justo cuando este ya daba síntomas de agotamiento.

También se abrazó durante ese tiempo a los estándares de la música americana y las grandes canciones de la época crooner. Primero con Shadows In The Night (2015), revisando piezas que hizo célebres Frank Sinatra. Después con Fallen Angels (2016), repitiendo jugada. Y, finalmente, con Triplicate (2017), multiplicando la apuesta con un triple disco que no entraba en los planes de nadie. Las críticas fueron positivas, pero el recibimiento entre los fans resultó desigual. Muchos tacharon estos movimientos de anecdóticos. Otros los calificaban como genialidad. Sea como sea, esta duplicidad de reacciones no impidió que las 5.400 entradas puestas a la venta para su concierto del lunes 29 en el Multiusos do Sar se agotasen rápidamente. De celebrarse en un recinto con mayor capacidad, sin duda arrastraría a más público.

Revisión de éxitos

¿Qué se va a encontrar la gente que acuda? Pese a esos últimos movimientos con los ojos fijos en el cancionero americano de la primera mitad del siglo XX, Dylan los deja a un lado y se fija en su propio repertorio. Le da entidad de clásico a su material original más reciente (Things Have Changed, Scarlet Town, Thunder On The Mountain, Early Roman Kings están sonando en sus últimos directos) y lo entremezcla con piezas primigenias que, por supuesto, no suenan como se grabaron. Para nada. A muchos les costará identificar Blowin In The Wind sometida al baño country-folk-blues que le suele dar. Otros tardarán lo suyo en dar con las líneas maestras de Like A Rolling Stone maleado. Y encontrar la otrora serpenteante línea vocal del autor en It Ain’t Me, Babe resultará imposible.

Su voz, ceniza y sin el recorrido del pasado, cambia radicalmente la interpretación. El ropaje instrumental resulta nuevo y añejo a la vez. Es el latido crepuscular de una música viva y que vive con su autor. Que no sonará dos veces igual. Y que lo hará, seguro, hasta el último aliento de un músico genial que es todo lo se cita en el primer párrafo. Y muchas cosas más. Por eso, si acude a tu tierra hay que verlo. Por eso, 5.400 personas lo harán el lunes a sabiendas de que puede que sea la última vez.

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