Lady Gaga, una artista de narices

«Ha nacido una estrella» o, más bien, se ha consagrado


Las mejores películas son, además de las que uno se monta en el Hollywood de su cabeza, las que desatan pasiones enfrentadas. ¿Es tan bueno (o tan malo) el debut de Bradley Cooper tras las cámaras? El tercer remake de Ha nacido una estrella ha trazado una frontera emocional entre los espectadores, y las emociones toman grandes decisiones en sus vidas. A unos los mata de risa; a otros, los duerme, y a otros nos conmueve y enamora. Donde unos ven una pastelada yanqui, otros presenciamos un drama con aliento de poema. ¿Les convence Cooper como un niño agarrado a una botella y a una mujer, o dirían que le falta un hervor en escena? Hay en él una contención quizá inexpresiva, y una sensibilidad de altos vuelos, con la horma de la infancia.

Shallow se llevó, como cabía esperar, el Óscar a la Mejor Canción Original (lo que lloró una Lady Gaga muy Maria Callas). Y es uno de esos temazos que nos acompañarán a lo largo del tiempo. El vínculo lo establece la canción, pero hay que mantenerlo y, según algunos, se rompe en el relato. ¿Sensiblero o delicado? Podemos discutirlo con unas palomitas.

Algo está cantado: Lady Gaga es una artista con un par de narices (como las de Barbra Streisand). ¿Pueden dejar de mirarla? Yo estoy con Bradley: «Solo quería verte otra vez». Esa nariz, esa voz, no son remake de nada, aunque tienen algo en común con las de Barbra Streisand, su predecesora en el papel estelar de Ha nacido una estrella.

The only Lady Gaga. La fea más guapa sostiene (casi) sola los 135 minutos de drama.

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