Rosendo, prometo estarte agradecido

El legendario músico de rock urbano ofreció hace un par de semanas los últimos conciertos de su gira de despedida. Tras 45 años de carrera, ha decidido colgar la guitarra, o al menos dejar de lado su labor más pública, la de los conciertos


Es bien sabido que de aparecer algún día un ovni sobrevolando España a lo Independence Day, una nave enorme, negra, que apareciera de entre las nubes para posteriormente ubicarse sobre el pirulí de Madrid, sería Rosendo Mercado el individuo ideal para hacer contacto con los alienígenas. Así debería ser. De extraterrestre a extraterrestre. De tú a tú.

Rosendo es uno de los rostros fundamentales, sino el rostro a secas, del rock patrio. Sobre él recae esa definición de creador del rock urbano, algo con lo que nunca se ha sentido del todo cómodo debido a su hasta ahora inquebrantable humildad. El de Carabanchel simula ser un hombre de barrio aún hoy. Un proletario del rocanrol que entregó su tiempo a cultivar y recoger canciones para incomodar al patrón. Una mala leche oculta en su propia jerga, entre una lírica reconocible y una Fender Stratocaster al hombro.

MASCULINO SINGULAR

Se retira. No se sabe muy bien hasta qué punto. Lo cierto es que el propio Rosendo ha explicado que su idea es seguir haciendo canciones. No descarta algún disco. Pero eso de las giras nacionales, de los miles de kilómetros por asfalto como que no. No se le puede reprochar. Tan solo cantar su Agradecido. El madrileño se ha pasado desde finales de los setenta recorriendo las carreteras estatales ubicando sus historias en escenarios de todo tipo. Recogiendo halagos de tipos como Josele Santiago o Fito Cabrales, que alguna vez confesaron haberse inspirado en él a la hora de asimilar que podían hacer letras en castellano pese a que sus referencias habituales estuvieran en inglés. El rock era posible en la lengua cervantina.

De Ñu a Leño y de Leño a Rosendo. Por el camino, diecinueve discos de estudio y ocho discos en directo. Un legado que indudablemente sobrevivirá a todo. Flojos de pantalón, Pan de higo, Masculino singular, A la sombra de una mentira, Sin solución, Duele pensar, ¿De qué vas?... Sorprende que algunas tengan más de veinte años y se planten en la oreja tan plenamente vigentes, tan frescas.

POCAS CONCESIONES

En el 2010 avisó de su cansancio compositivo e interpretativo. Lo hacía a través de un título de disco, A veces cuesta llegar al estribillo. El de Carabanchel iba preparando a sus feligreses para entender que el sermón se aproximaba a sus últimos párrafos.

Quizás aún estén por venir los verdaderos, pero de momento De escalde y trinchera asoma como su obra final. Un capítulo más de su música, continuista, de acordes con distorsión y tirones de orejas.

Sorprenden las pocas concesiones que ha hecho, aún en una industria tan ladina como la de la música. Fiel a sus camisetas de manga corta, a sus pantalones vaqueros y a su pelo largo. Incluso a su modelo de guitarra, la strato, a la que solo le puso los cuernos un tiempo breve con una morena Gibson Les Paul. El sonido más robusto de sus pastillas humbucker tuvo la culpa. Volvería a Fender, pero mantendría las pastillas de doble bobinado.

En Palas de Rei, Lugo, hay una calle no demasiado vistosa, un callejón. Es la rúa del mercado. Hace cerca de quince años, tras la celebración de una de las ediciones del festival Rock no Camiño, alguien la rebautizó, rotulador de por medio. En la plaza azul apareció en blanco Calle del Rosendo Mercado. Homenajes anónimos a ilustres conocidos. Hay que ser grande para que a uno se los brinden, son los más valiosos. Probablemente Rosendo los prefiera a la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes de la que es dueño. Luego vino la de Madrid. «Agradezco a Manuela Carmena y a los responsables a los que se les ha ocurrido este disparate». Qué mejor manera de dar las gracias.

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