«Este grupo se mantiene porque yo soy famoso»

Hace diez años descubrió que no había mejor terapia que subir al escenario guitarra en ristre y convertir la rabia en sudor a golpe de clásicos del rock. Desde entonces se somete a tan peculiar tratamiento al frente de Los Insolventes


Su idilio con la música es muy anterior al que después vivió, y aún mantiene, con la pantalla. De hecho, seguramente sería su territorio natural si no se hubiesen cruzado en su camino aquellas gafas oscuras. Pero el plasma lo fagocitó. O eso parecía hasta que hace diez años, convertido ya en agitador de conciencias a golpe de guion en El Intermedio, resucitó públicamente su vis musical. Reclutó a un puñado de curtidos veteranos de la escena rockera madrileña, a los que bautizó Los Insolventes, y se puso al frente del combo haciendo suyo el micrófono y compartiendo tareas con la guitarra.

«Me siento más libre sobre el escenario que en el plató», dice. Cierto. No resulta difícil discernir cuándo estamos ante el Wyoming musical y cuándo ante el televisivo. Y sobre ambos, mal que a veces le pese, sobrevuela el Wyoming político, el individuo comprometido e incontenible que se impone, tozudo, al personaje.

-Dice que salir a tocar con el grupo ejerce de terapia. ¿Cómo va el tratamiento?

-Bien, bien. Es fundamental. Terminas el concierto y sales nuevo. Te limpia completamente el disco duro. Es el contrapunto perfecto a lo que hago durante el resto de la semana.

-Perfecto ¿y necesario? ¿O sería capaz de prescindir de él?

-No, absolutamente necesario. Si no fuera esto, tendría que hacer otra cosa. Es lo que los psicólogos llaman el efecto de transferencia. Los psicoanalistas a su vez se psicoanalizan para evitar que les contamine lo que escuchan en la consulta.

-Desde luego, se deja la piel en los conciertos...

-Es que este es un tipo de música que no hay otra forma de hacerla. O lo das todo o no funciona.

-Para el repertorio que hacen fijó su mirada en el retrovisor.

-Bueno, hay cosas desde los 60 hasta más recientes, como The Dandy Warhols, por ejemplo. Es como si fuese un musical. Vamos contando la historia del rock and roll por capítulos.

-¿No le pide el cuerpo componer?

-No. Eso supone mucha trabajera (sic)... Ponerte a componer, grabar un disco, promocionarlo... No, no estoy ahora en esas circunstancias.

-¿Hasta qué punto está al corriente o le interesa la música que se está haciendo ahora mismo?

-Con excepción de una época muy concreta, los 60 y 70, de la historia de la música hay muchas épocas que no me interesan. No solo esta. Me pueden interesar cosas puntuales, como ahora mismo Jack White o en su momento Prince. Gente que sale y marca una época. Pero en general, la música nueva no está hecha pensando en mí.

-¿Cree que tiene sentido reivindicar hoy la canción protesta?

-La canción protesta nunca ha dejado de existir. Y motivos no le faltan. Lo que está pasando en el Mediterráneo daría para una ópera, no para una canción. Estamos muy acostumbrados a criticar el pasado y a negarnos a ver el presente. Cuando ahora alguien ve una película del Holocausto, dice: «¿Cómo es posible que la gente no reaccionara ante aquella atrocidad?». Bueno, pues ahora se están ahogando miles de personas en el mar y a la gente le importa una mierda. Dentro de un tiempo supongo que dirán: «¿Cómo es posible que la gente se estuviera ahogando y si un barco los rescataba le metieran un puro?». Pues sí, eso está pasando.

-¿Qué Wyoming se parece más a José Miguel Monzón, el de la televisión, el músico o el escritor?

-El de la tele desde luego que no. Aquello es un trabajo y todo lo que allí ocurre está determinado por un guion.

-¿Hasta qué punto tiene capacidad para decir este gag no lo hago o este chiste no lo digo?

-No lo sé. No suele ocurrir. Se puede matizar algo, pero en general el programa está cerrado cuando llego yo.

-Pero después es usted, que es quien pone la cara en pantalla, el que apechuga con las consecuencias.

-No, con las consecuencias no apechugo. Me las como, pero no apechugo. Porque no son competencia mía. Yo no decido los contenidos.

-Pero sí es el que va a los juzgados.

-Sí, pero eso lo provocan deliberadamente. Aunque saben que la denuncia no tendrá recorrido, quieren que el que vaya sea yo porque con eso ya tienen toda la campaña hecha.

-Tener que pasar por los juzgados por defender la libertad de expresión ¿es una medalla o una afrenta?

-Es una afrenta. Y te da un índice de por dónde van los tiros en la justicia. Hacía unos años este tipo de denuncias no se admitían a trámite. Pero hoy muchos jueces están saliendo del armario. Ahí tienes, por ejemplo, al candidato a la Junta de Andalucía por Vox. Es un juez en excedencia. Te toca ese señor e imagínate el panorama.

-«El PP es un partido de ultraderecha», ha dicho en alguna ocasión. ¿Qué es entonces Vox?

-Es que todos los miembros de Vox eran del Partido Popular. Sin ir más lejos, cuando yo decía eso Abascal estaba en el PP y cobraba de la Comunidad de Madrid por no hacer absolutamente nada, por dirigir una asociación que no tenía ninguna función. Y hace solo unos días Aznar dijo que Vox no tenía nada de malo y que unificaba a la derecha mientras que Rajoy la había separado. Eso no lo dijo un hooligan de los Ultrasur, no, lo dijo un señor que fue presidente del Gobierno de España.

-Se fue Esperanza Aguirre, se fue Bárcenas, se fue Rajoy... ¿A quién ve como el próximo «fucking master»?

-No, no, todos esos están en activo... Pero bueno, la entrevista debería ser musical, ¿no? Si hablamos de esto, ¿qué coño de interés tiene después el que yo cante una canción del Dúo Dinámico?

-Sabe de sobra que es imposible disociar su persona de este tipo de contenidos porque también forma parte de su actividad profesional.

-Ya, pero es que después siempre sacan titulares del tipo «Rajoy es un hombre de extrema derecha» y cosas así.

-Eso es mucho prejuzgar...

-Lo que quiero decir es que si nos centramos en la actualidad, si la comparamos con todo lo que está pasando, la actuación de Vigo no tiene mucho interés.

-Usted es consciente de que si a Wyoming y Los Insolventes le quitamos el Wyoming el interés sería mucho menor.

-Hombre, claro. Este grupo se hace porque yo tengo una fama que me da la televisión. Y se mantiene porque la gente viene a ver a un tipo famoso. Los músicos de Los Insolventes tienen otro grupo que se llama Última Experiencia y actúan para muy poca gente. Esa es la situación real de la música. Hay una élite que protagoniza los grandes eventos y el 99% está tocando en los bares como puede.

-¿Le interesaría entrar, por ejemplo, en el circuito de los festivales?

-Tenemos hecho muchos pero no nos interesa. Yo me lo paso bien una vez que voy, disfruto de tocar en un escenario grande y con buenos equipos, pero no le veo mucho sentido a que nosotros estemos allí. Los festivales quieren que vayamos porque nos ven como un complemento y la verdad es que funciona pero no es algo que me interese especialmente.

-Tampoco le interesan las redes sociales, ¿por qué?

-Porque no tengo ningún interés en saber qué opina la gente ni en que me cuenten su vida. Yo tengo interés en saber qué opina la gente que a mí me interesa. Yo si voy a un bar con cuatro amigos, estamos hablando y viene un tío que está en la barra y me dice: «Oiga, no estoy de acuerdo con lo que estás diciendo», me vuelvo y le digo: «¿Le importaría dejarnos en paz, que estamos hablando nosotros?». Para mí las redes sociales es llegar a un bar y decirles «A ver señores, cuéntenme cómo les van las cosas»... No, no tengo ningún interés.

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