Pancho Varona: «A Coruña se ha situado en lo más alto del sabinismo»

Pancho Varona, el andamio de Joaquín Sabina, como así lo ha definido el de Úbeda, vuelve a su ciudad «más querida» para revivir las canciones más especiales «del jefe» y remover así el corazón del público, y si se tercia, subirlo al escenario


 Su DNI dirá que nació en Madrid, pero sus palabras le otorgan también nacionalidad galaica. Pancho Varona (Madrid, 1957) habla de Galicia, concretamente de A Coruña, con la pasión de alguien que vivió en la plaza de España y que no perdona un paseo por el centro en cada visita. Ahora vuelve, junto con Antonio García de Diego y Mara Barros, «los pequeños», como él los llama, para ofrecer el repertorio más especial «del jefe», pero solos en el escenario.

-Otra vez en tu pueblo con mar.

-¡Qué maravilla! Mi Coruña querida.

-Por lo menos, eso dices...

-Lo digo, además, muy orgulloso. Porque cuando digo que es la ciudad que más me gusta del mundo, y conozco muchas, mi ciudad más querida, lo digo sabiendo lo que digo. Pasé unos años tan felices cuando yo era joven y veraneaba allí...

-¿Sigues teniendo familia?

-Me quedan muchos porque, por suerte, era una familia muy grande, mis tíos tuvieron siete hijos, y estos han tenido hijos... entonces me quedan. Tengo primos y primos, muy queridos.

-¿Te ves volviendo aquí?

-Yo vuelvo siempre que puedo, pero no me veo volviendo a vivir. Sí me veo volviendo de vacaciones, a pasear por los sitios por los que yo he paseado, es más, siempre que voy lo hago...

-¿Cuáles son tus paradas obligadas?

-Al Orzán, a la Hípica, porque de pequeños siempre íbamos a jugar, a la calle Real, a los Cantones... Hay lugares que son emblemáticos para mí. La plaza de España, donde vivía yo, la de Millán Astray... Amo esa ciudad y esos rinconcitos. ¡Me vuelven loco! Para mí es magia pura. Además tiene algo que no tiene otra ciudad del mundo, esa península que tiene un trocito tan estrecho que casi ves el mar por los dos lados. ¡Una preciosidad! Me contaban mis tíos, cuando yo era pequeño, que cuando había tempestad el mar atravesaba de un lado a otro. Yo veraneaba cuando estaba construyendo el dique... ¡Imagínate si soy mayor! Tengo un amor infinito por la ciudad.

-Una ciudad que está muy sedienta de Sabina, después de que en abril se cancelara el concierto.

-Sí, el año pasado hicimos dos conciertos seguidos ahí, que es algo difícil, y fueron tan bonitos... tengo un recuerdo tan bueno, la verdad es que A Coruña se ha convertido en una ciudad tan sabinera, yo no sabía que era tan sabinera, y de repente en los últimos años ha crecido y a codazos se ha situado por encima de otras ciudades importantes en cuanto a sabinismo. A mí me encanta que pase esto, porque es mi ciudad. Yo voy muy orgulloso allí.

-Por eso comprenderás que lo de abril dejó con la miel en los labios a unos cuantos.

-¡Y a mí! Además no sabes lo que me pasó. Estábamos ya viajando hacia ahí, en la furgoneta de los músicos, íbamos por el kilómetro 300 y nos dijeron: ‘Daos la vuelta que no hay concierto’. E hicimos otros 300 de vuelta, fue como si hubiera ido a A Coruña pero sin ir. Hice el esfuerzo de los 600 kilómetros, pero sin ir a ningún sitio, me dio una rabia tremenda.

-¿Habrá una nueva ocasión? ¿Cómo está Joaquín?

-Sí, por supuesto. Está lleno de proyectos para el 2019 y 2020, todos son importantes y bonitos, y cosas que van a sorprender. Él ya sabe que en A Coruña tiene más de lo que nunca pudo pensar, no se le quita de la cabeza ni del corazón.

-Y ahora vienes tú.

-Ahora vamos nosotros, «los pequeñitos». A mí me encanta tener estas dos posibilidades, hacer una gira gigantesca con Joaquín y luego bajarme de eso y empezar mi gira pequeñita en la que conducimos, montamos todo, ponemos los cables, nos tiramos al suelo... la vida normal del músico, lo otro es un sueño. La vida de verdad es el esfuerzo de tener que conducir tú, poner los aparatos, las guitarras... pero es muy bonito poder estar en los dos extremos del abanico.

-¿Y cómo es salir al escenario sin Joaquín?

-Es una sensación bonita, porque el público de Joaquín, que yo siempre digo que es el público más inteligente que existe, porque yo llevo con él 36 años, Antonio veintitantos, Mara como nueve o diez, y la gente nos tiene mucho cariño, nos miran como miran a Joaquín prácticamente. Lo de tener nuestra gira tiene varias ventajas: elegimos nuestro repertorio, somos nuestros jefes...

-¿Aprovecháis para hacer cosas que con él no podéis?

-Exactamente, pero Joaquín es el mejor jefe que he tenido en mi vida.

-¿Qué has aprendido?

-Todo. A leer, a escribir, a escuchar música, a viajar, a disfrutar de países, a pasear, a cantar lo mal que canto...

Es impresionante lo que me ha enseñado, sin él querer enseñarme, porque nunca ha ido de maestro por la vida, es un tipo muy humilde, que le encanta el conocimiento, la cultura, conversar, que es lo más bonito que hay...

-¿Os podéis tirar horas y horas hablando?

-Con Joaquín es fácil. Se sienta en una mesa contigo a comer y es difícil levantarlo de ahí porque es feliz.

-¿Hablando de música o de la vida?

-De la vida, de todo, de música, de literatura, de cotilleo, de revistas del corazón, de noticias impactantes... tiene un muestrario amplísimo, es un gran conversador. Entre los momentos más bonitos de mi vida recuerdo comidas que he compartido con Javier Krahe y Joaquín Sabina, imagínalos hablando mano a mano, era delicioso escuchar a esos dos hombres.

-Si aquel día que Joaquín reclamó un guitarrista, tú no llegas a estar delante, ¿dónde estarías ahora?

-Yo con mucha suerte estaría en un ministerio. Yo estaba haciendo oposiciones para el Ministerio de Defensa, conseguí cierto enchufe gracias a mi madre, aprendiendo a escribir a máquina y esas cosas. Yo vivía en ese mundo, con perdón, triste, pero comparado con viajar y tocar la guitarra en un escenario, todos los mundos son tristes. Yo hubiera sido eso, si me hubieran salido bien las cosas, pero lo mismo me podían haber salido mal, y no hubiera llegado ni a eso, no sé qué estaría haciendo ahora. Pero yo veo a la gente de mi edad, que se levanta por la mañana se pone la americana, la camisa y la corbata y pienso: ¡Dios mío, gracias por la vida que me has hecho vivir! Eso de trabajar cinco días a la semana, librar solo dos, un mes de vacaciones en agosto... Eso yo no lo concibo, porque he tenido la suerte de tener una vida de músico.

-Y de vivir más de noche que de día, ¿no?

-Eso antes, los primeros 15 años con Joaquín, fueron muy de noche, y los últimos 15-20 son muy de día. Yo soy un madrugador vocacional, me levanto a las 6.30 de la mañana, hago fotos a las torres de Madrid, que las tengo delante de la ventana, me gusta hacer el desayuno. Te voy a confesar un secreto, me voy a un estanque y doy de comer a los peces, a los patos... Yo que era un roquero, sabes lo que te digo, me he convertido en un abuelo que da de comer a los patos. Pero me gusta mucho, tengo mucha suerte.

-¿Y el cuerpo te pide también más día?

-¡Síí! El cuerpo me pide mucho más día que noche. Yo cuando llegan las 11 de la noche estoy como Homer Simpson con un hilillo de baba que se me cae por los dos... No, no, a mí el cuerpo ahora mismo me pide vivir el día, es sanísimo y precioso.

-Eres parte del cancionero español, de todas las canciones que has visto crecer, ¿hay alguna a la que le guardes un especial cariño?

-Letras he hecho pocas, he hecho muchas músicas. Al lado de Joaquín es difícil hacer una letra, porque siempre te da vergüenza todo lo que escribes, y hasta no te atreves a enseñárselo, pero con músicas sí que me he atrevido. Yo le tengo mucho cariño a Ruido, a Peces de ciudad, a Sin embargo, La del pirata cojo, Esta boca es mía... Yo he hecho con Joaquín como cien canciones.

-¿Seguís haciendo?

-Últimamente menos. Cuando llega una edad, se acaba un poquito, no puedo decir la inspiración, porque yo no creo en la inspiración, creo en el trabajo de las personas, pero a mí ahora me apetece menos tirarme seis horas seguidas buscando una melodía, y cuando era joven pues sí lo hacía. Si me tengo que poner lo hago, porque tengo mucho oficio, pero hay menos ganas que antes. Antes tenía ganas de pasarme una noche entera buscando la música para Conductores suicidas, y ahora no soy capaz. Si lo hago, lo tengo que hacer de día y es diferente, la noche siempre parece que está más relacionada con el mundo de la canción que el día.

-Pero escuchar música a todas horas ¿no?

-Sí, siempre.

-¿Qué escuchas? ¿Solo a Joaquín?

-A Joaquín no lo escucho, solo trabajo. Ahora acabamos de sacar un disco en directo de la gira de Lo niego todo, y lo he oído tantas veces mientras lo mezclábamos, que se me quitan las ganas de volver a oírlo en la vida. Yo a Joaquín lo oigo muy a gusto en la radio, en la televisión, en un taxi... pero llego a casa y no lo pongo. No por nada, porque es mi trabajo y me pilla demasiado cerca. Pero me gusta mucho escuchar a Love of Lesbian, Vetusta Morla...

-Ellos te consideran uno de los suyos.

-Sí, soy uno de los suyos, efectivamente. Soy embajador vetusto por el mundo. [Risas]. Siempre me -¿Sigues yendo a conciertos?

-Sí, el otro día fui a ver a The New Raemon a una sala de Madrid, y esta semana que viene iré a ver a Ángel Stanich a La Riviera, también estuve viendo a una banda muy antigua que se llama Aguaviva. De vez en cuando me gusta ir y me gusta hurgar en la música española a ver qué encuentro, y me apasiona. Me gusta enamorarme de un grupo, de una artista, de una banda... como me pasó con Love of Lesbian, Ángel Stanich, Calavento... o Rosalía.

-¿Has sucumbido a su arte?

-Sí, he sucumbido, me parece que es muy original y muy bonito lo que hace. Es muy diferente, yo creo que hay que ser valiente e inventar cosas, es casi lo más importante. Estamos un poco necesitados de gente que haga algo diferente, porque lo que vemos en las radiofórmulas es lo mismo, canciones que se basan en los tres mismos acordes de siempre, es complicado, y cuando alguien se inventa algo nuevo dices: ‘Bendito sea’. Yo apoyo totalmente este tipo de cosas.

-Las «Noches sabineras», ¿qué traen?

-Tienen ya más de diez años. Es un espectáculo alrededor del repertorio de Joaquín, donde intentamos cantar canciones que tienen mucho que ver con nosotros, bien porque las hemos grabado, tocado, mezclado, o masterizado, compuesto... Como por suerte tenemos muchas, tenemos un repertorio amplio, para que a la gente se le mueva un poquito el corazón.

-¿Joaquín os ha ido a ver alguna vez?

-No, a mí me ha ido a ver a veces cuando me he presentado como Pancho Varona en un sitio, pero le da un poco de pudor venir a las Noches sabineras. Primero, porque nos va a quitar el protagonismo y el centro de atención va a ser él, y eso es verdad, y luego porque dice que le da pudor estar en un espectáculo que lleva su apellido.

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