Loquillo: «Los políticos quieren ser ahora estrellas del rock and roll»

El próximo 24 de noviembre estará en A Coruña el cantante que en los ochenta anunció que iba a ser una estrella. Ahora mira hacia atrás desde el presente para reivindicarse una vez más


Cuarenta años de carrera dan mucho de sí. Y si el personaje que los protagoniza es Loquillo, figura clave del rock en España, mucho más. En estos momentos lo recuerda sobre un escenario. Antes de subirse al del Coliseo en A Coruña lo invitamos a hacerlo en esta entrevista que, por petición del artista, se ha hecho por cuestionario.

-Titula la gira «40 años de rock and roll actitud». ¿Cuál es esa actitud?

-Para ello recomiendo escuchar el tema que da título a la gira. Es más fácil y evito connotaciones seudointelectuales propias de artistas con ínfulas literarias.

-Hablan del fin de un modo de entender la música. ¿Cuál es ese modo?

-Somos generación fin de siglo. La forma de entender, escuchar y comunicar el rock and roll ha cambiado desde que lo descubrimos. Somos los últimos de la vieja escuela. Pero no duden que el rock and roll y la cultura de la que se alimenta buscará la forma y la manera de seguir transformando las mentes de adolescentes que, como yo en mis primeros años, buscarán un lenguaje y una estética que los defina contra el mundo.

-¿Está el rock a punto de convertirse en una pieza de museo?

-Es la música clásica del siglo XXl, como los clásicos eran el rock and roll y la música popular de su tiempo.

-Siempre se ha dicho que el rock transmite una sensación de libertad. Incluso usted cantaba eso de «siempre libre». ¿Se sigue sintiendo así?

-En la canción Territorios libres queda más que respondida su pregunta. Ni sirvo ni gobierno. Soy individual y cosmopolita.

-Los chavales jóvenes miran a otro lado y el rock está asimilado como cultura oficial. Hay quien dice que el «trap» y el reguetón son lo que el rock fue en otra época, la música que pone nerviosa a la sociedad. ¿Qué opina?

-A mí lo que me pone nervioso es la vuelta de los fantasmas que azotaron el siglo XX. Los totalitarismos populistas que arrasaron Europa. El supremacismo etnicista, las fake news, la dictadura de lo políticamente correcto, la guerra cibernética que puede alterar la realidad, entre otras... Por lo demás, la crítica musical está sobrevalorada. El nivel es muy bajo y se puede esperar cualquier artículo sin ningún tipo de criterio. En lo referente a su visión de los jóvenes de hoy denoto cierto aire viejuno en sus conclusiones, ja ja ja.

-A esos géneros se les acusa de machistas. Esa revisión le ha tocado a usted, por «La mataré», una polémica intermitente. ¿Qué le parece que se retome esa canción después de tanto tiempo para cuestionarla?

-La mataré fue mejor canción de 1987 según Radio 3, y el primer tema del rock español en tratar la violencia de género. Su autor, Sabino Méndez, dio su opinión tras las acusaciones de quien solo buscaba proyección a costa de nombres importantes de la música española, sabiduría de los ignorantes.

-¿Ha sido un músico competitivo? ¿Es de los de salir a ganar los partidos o lo importante es participar?

-¿Competir? ¿Con quién? En un escenario no tengo amigos ni conocidos. Somos la 101 aerotransportada. Nos lanzamos sobre el objetivo y hacemos nuestro trabajo, somos profesionales.

-En un vídeo habla de la importancia de la gestión de talento y el equipo. ¿Son las bandas de rock n’ roll pequeñas empresas que necesitan un director que las guíe o meras cooperativas?

-Fui jugador de baloncesto. Las enseñanzas de aquel período de mi vida las he aplicado al rock and roll. El baloncesto, al igual que el rock and roll, es un deporte individual que se juega en equipo. Hay que saber gestionar el tiempo de juego, las estrategias, el jugador franquicia en cada bolo... La segunda parte de la pregunta tiene fácil respuesta. ¿Crees en la prensa libre? Tu periódico forma parte de un lobby empresarial, ¿correcto? Existen departamentos donde se gestiona desde su venta hasta la publicidad. ¿Eres menos auténtico como periodista por formar parte de todo el engranaje? En mi caso, Loquillo tiene más de treinta profesionales trabajando a favor de una idea: ser la mejor banda del país, en estudio y en directo. Creamos puestos de trabajo directos e indirectos cada vez que llegamos a una ciudad. No recibimos subvenciones. Me ponen enfermo los que utilizan el discurso de izquierdas y luego exigen la subvención de turno, los palmeros del poder tan sectarios y mediocres.

-A finales de los ochenta Loquillo y Los Trogloditas se convirtieron en la banda de rock por excelencia en España. Competían en las listas con Mecano y Hombres G. ¿Hubo vértigo con todo aquello? ¿Tuvo que aguantar a antiguos fans diciendo que se habían vendido?

-Recuerdo que todos querían ser como nosotros. Ahora también. Nunca me ha interesado ni afectado lo que se diga o piensen de mí. Si me hago una foto con Teresa y Kichi soy comunista, si es Albert Rivera, soy liberal ¡Me parto! Para mí son representantes de los ciudadanos y merecen mi respeto. Cuando los fans ortodoxos empiezan a despotricar de uno… esa es la primera señal del éxito masivo. ¿Vértigo? ¡No me jodas! Se llama rock and roll.

-¿Fue aquel quizá el gran momento de su carrera?

-En absoluto. Entonces no llenaba Las Ventas, llenaba el Clangor. Creo que lo asocias a tu adolescencia... ja ja ja.

-En la segunda mitad de los 90 vivió un momento de menos popularidad. ¿Cómo recuerda aquello?

-Abandoné a Los Trogloditas por primera vez en el 93. Me centré en mi carrera en solitario junto al compositor Gabriel Sopeña realizando dos discos de poesía contemporánea La vida por delante y Con elegancia, más uno que no dejaba de ser un acercamiento al jazz y el swing: Nueve tragos. Estos trabajos me ayudaron a madurar el personaje y me alejaron de la resaca de los 80.

-Años después existe una revalorización de Loquillo, incluso en el ámbito «indie». ¿Cuántos de los que lo quisieron «matar» entonces vinieron luego diciendo que «era un referente»?

-Más de tres millones de discos vendidos, solo en España, treinta discos publicados, dos obras de teatro producidas y dos documentales de género. Además de tres novelas publicadas en ediciones ¿Te parece bien el currículo? También soy Medalla de Oro de las Bellas Artes y Medalla de Honor de la Ciudad de Barcelona. ¿Lo dices porque Rockdelux nombró a Loquillo como mejor directo del año o porque trabajo con músicos como Santi Balmes de Love of Lesbian, Marc Ros de Sidonie o Mario Cobo de Nu Niles? ¿Tal vez porque llevo tres números uno consecutivos en mis tres últimos lanzamientos?

-Pese a formar parte de la oleada moderna de los ochenta, siempre profesó respecto a los precursores. Usted veneraba a Los Mustang o Los Salvajes, cuando no era lo normal. ¿Por qué?

-Veneraba a Sírex, Lone Star, Los Salvajes, Los Cheyenes, Los Gatos Negros... las bandas de mi ciudad. Los Mustang eran más un grupo de versiones. Mi escuela es el rock español y europeo, Cliff Richard y los Shadows, Vince Taylor, Johnny Kidd, Johnny Hallyday, Adriano Celentano... Sin los pioneros del rock español que se enfrentaron a la censura y a la moral franquista no estaríamos aquí. Quien pierde los orígenes, pierde su identidad.

-¿Qué le parece el eterno «revival» ochentero patrio?

-Los ingleses se pasan el día reivindicando el Swinging London y la minifalda. Los franceses, la Nouvelle Vague, los yeyés, Gainsbourg y sus lolitas. Que aquí se reivindiquen los años ochenta como época de luz y de color me parece de lo más normal.

-¿Le han propuesto unirse?

-Eso sería tan absurdo como si a Joan Manuel Serrat le ofrecieran participar en un revival de la Nova Cançó.

-Me dijo un músico hace poco que en nuestra generación muchos querían ser roqueros de adolescentes y que ahora los chavales quieren ser políticos o cocineros. ¿Qué piensa de ello?

-Los nuevos políticos quieren ser estrellas del rock and roll. Ahora mismo son nuestros mayores competidores. Nos une que unos y otros vendemos ilusiones. La diferencia es que ellos siempre defraudan y nosotros de vez en cuando hacemos canciones que hacen tu vida mejor. Los hay que tienen asesores que vienen del mundo del rock: una nueva versión del «vive rápido, muere joven y tendrás un bonito cadáver» pero en clave política. Los más jóvenes están fascinados por la alcachofa que les ponen delante y abusan del postureo, al igual que el periodismo que se genera a su alrededor. Algunos se comportan como si fueran número uno de los 40 y pueden llegar a convertirse en el típico one hit wonder. Deberían leer más a Séneca. Ahora en serio. Los cocineros por el contrario ya eran venerados en la Roma antigua, justo antes de su caída como imperio.

-No dibuja un futuro muy esperanzador cuando dice que las grandes bandas «serán sustituidas por hologramas y bandas tributo». ¿Imagina su futuro ahí?

-Cuando vas a ver una obra de Verdi o Mozart no sale el compositor a saludar, ¿verdad? Ya no se encuentra en el mundo de los vivos. Pero tú disfrutas de su trabajo gracias a un nutrido grupo de músicos que mantienen su obra viva. No sé exactamente el método ni la forma pero las obras de los grandes perduran en el tiempo. Así es. Así será.

-En una anterior entrevista le pregunté sobre cuántas veces le habían llamado facha. Dijo: «Las mismas que rojo». ¿Sigue todo igual?

-El lenguaje guerracivilista me devuelve a otra época. Los rojos y los fachas, es un bucle que no superamos. A veces pienso que esta película ya la he visto antes, durante la transición. No hago diferencias ni políticas ni de género. El talento es el talento, solo trabajo con los mejores. Mejor nos iría si dejáramos de poner etiquetas a la gente y los juzgáramos por su nivel profesional como ocurre en las democracias avanzadas. Lo siento si molesto al sentir general, pero lo singular es subversivo.

-¿Qué le pide al nuevo gobierno que preside Pedro Sánchez?

-Lo más importante de todo: invertir en educación. La televisión y la radio pública como altavoces tienen que ser culturales sin ánimo de lucro. No pueden ser una herramienta de un negocio privado como Operación Triunfo que lo pagamos todos. También quiero que se apruebe el Estatuto del Creador y una Ley de Mecenazgo. El estado debe proteger al creador de los abusos de la SGAE, su falta de democracia interna y su control por parte de una minoría. Yo me presenté en el 2001 frente a Teddy Bautista y así me fue.

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