Una gran aventura llamada libertad

Sus consejos son ácidos, directos. Marjorie Hillis lanza una reflexión sobre el papel que han de jugar las mujeres que viven o están solas en una sociedad en la que el objetivo para ellas era el matrimonio. Escrito en 1936, sus palabras continúan vigentes


La crítica de este libro no puede escribirse sin una buena copa de champán francés. Me gusta Veuve Clicquot. Podría ser otro, pero lo que está claro es que nada de cava. Las burbujas son diferentes. Las del champán son finas, delicadas. Suben como bailarinas de ballet. Las del cava son más gruesas y, más bien, bailan claqué. Pero más allá de gustos, la verdad es que Marjorie Hillis seguro que habría recomendado escribirla con champán. Redactora de la revista Vogue durante más de veinte años, esta chica nacida en un pueblo de Illinois sabía perfectamente lo que era vivir bien. No solo lo sabía. Lo practicaba. Y además lo hacía en los años treinta, en una época en la que incluso en Nueva York las mujeres que vivían solas o que continuaban solteras más allá de los treinta, eran vistas como unos bichos raros. O eran admiradas por usar su inteligencia para ser las reinas de las alcobas, o despertaban la más absoluta lástima. Eso último era lo que no quería Hillis, sobre todo que ellas se dieran lástima a sí mismas.

¿QUÉ MUJER SOLA SER?

Porque más que por el qué dirían de esas pobres solteronas, esta escritora se lanzó en 1936 a redactar este pequeño manual (algunos hoy en día podría mal llamarlo libro de autoayuda) para reivindicar el derecho de las mujeres a estar solas. Para animarlas a no hundirse en un pozo sin fondo cuando no lograban lo que la sociedad esperaba de ellas: tener marido y formar una familia. Porque no todo en la vida es eso. ¡Uff! ¡No, por Dios! Pero hay quien continúa creyéndolo. Por eso el libro de Hillis, que ahora recupera la editorial Lince, continúa tan vigente en buena parte de sus sugerencias. Otras como que no es recomendable que las mujeres vayan solas al bar, pues no.

Les recomiendo que lo lean. Y lo apliquen. Estén solteras, o no. Tengan marido, un amante o varios. Léanlo y, sobre todo, adórense a ustedes mismas. Vivan. Luego todo vendrá rodado. Y aunque este parezca un libro de chicas, aplíquenselo también ustedes, caballeros. Porque el hecho de que hable de mujeres solas, solo es casual. Circunstancias de la época en la que fue escrito. Ahora son otros tiempos. O deberían.

Además, no tardarán mucho en repasar los consejos de esta mujer que, casualmente, tres años después de publicar su manual acabó casándose con un viudo dueño de una cadena de abarrotes en Brooklyn. Está escrito con gracia, con ingenio, y apunta que la base «para vivir sola y tener éxito es la determinación». Y como cuenta Hillis de la señorita R.: «En cierto momento decidió no solo ser inteligente, sino en qué tipo de mujer inteligente quería convertirse». Porque esta pequeña obra de 125 páginas va intercalando en los distintos capítulos sobre asuntos como ¿Quién crees ser? o Los placeres de una cama individual supuestos de mujeres que, a su juicio, han sabido sacar lo mejor de ellas mismas o otras que, en cambio, no han hecho más que encerrarse en lo que ellas ven como una desgracia. No se anda con rodeos a la hora de dejar las cosas claras. Advierte que «cuando vives sola, prácticamente nadie arregla nada por ti» y además hay hechos que nunca pueden olvidarse: «Una supermujer es un problema» y «necesita más gastos, más acompañantes en las cenas, más oponentes para las partidas de bridge y, con demasiada frecuencia, más simpatía». Tal vez hoy en día no juguemos al bridge. Puede que alguna de ustedes lo haga al pádel, pero esos mismos hechos de los que habla continúan vigentes a día de hoy. Por eso no me parecen descabelladas ni machistas (ahora que vivimos en una sociedad en la que parece que todo ofende) recomendaciones como la de ir elegante, tanto para salir a la calle como para estar metida todo el día en la cama, porque, dice la autora y un buen amigo mío, «los ánimos de prácticamente nadie pueden sobreponerse a un mal atuendo». Pero no solo eso. También sugiere tener la casa perfecta para recibir invitados o para disfrutar de ella en solitario; tener una buena vajilla para desayunar o para cenar sola, y, sobre todo, varias batas de noche para usar «cuando estés sola o cuando no lo estés, en caso de que se te antoje».

Y aunque pueda parecerles que llevar una vida de bon vivant es también una cuestión de dinero, no lo es. Al menos no más que una vida totalmente aburrida y monótona. De eso también habla Hillis, quien incluso dedica uno de sus capítulos al ahorro, aunque lo titule Mejor sáltate este capítulo: «La mayoría de la gente, durante los primeros años de su vida se irrita cuando alguien habla del ahorro. Más tarde se molestan aún más al descubrir que todo lo que el señor Tacaño había dicho era cierto». Pero lo esencial del libro es recordar que estar bien o mal cuando se está solo, únicamente depende de uno mismo. No es nunca culpa de los demás. Tenemos lo que damos. «Quien quiere orquídeas, es quien las recibe». Palabra de la señorita Hillis.

AUTORA MARJORIE HILLIS

EDITORIAL LINDE

Un clásico escrito en 1936 de 125 páginas

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