Entre el amor y la decisión moral

El sello Arpa y Alfil recupera la edición de «En busca de la felicidad», una de las obras más redondeadas del autor neoyorquino Douglas Kennedy, autor de «best sellers» de gran calidad

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De vez en cuando el cuerpo le pide a uno una novela clásica, que atrape al lector en su narración, y, ¿por qué no?, que se nutra de las esencias de un buen romance. Ay, si además se embarra en los vericuetos culpables del adulterio... Una novela sin tesis ni vanguardias, sin mensajes ni militancias. Incluso sin asesinatos, al menos los que dejaría una balacera de las de Hammett, Pelecanos o Connelly. Una novela que derroche pasión y vida, que abuse hasta el exceso del papel si fuera menester. Y no, no hace falta acudir a los desvelos íntimos de Madame Bovary, o a los grandes dramas de Emily Brontë, Tolstói y Austen. ¿Qué inconveniente podría haber en que buena parte de las tribulaciones se desarrollaran en torno a un apartamentito en Manhattan? Los instintos pueden apelar a la vida moderna, si es que hoy pueden cobijarse bajo este epígrafe los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado. Porque a esa época es adonde regresa el relato de Douglas Kennedy (Nueva York, 1955), que regala al público un prometedor comienzo en un funeral del que partirá esa absorbente rememoración de una vida, de dos vidas, tres o cuatro a lo sumo, en que el lector se sumergirá sin retorno. Que nadie dé en pensar que En busca de la felicidad -con ese título que evoca los libros de autoayuda- es un ejercicio de literatura romántica llana y puramente convencional. Proveniente del teatro, la novela de viajes y el periodismo, Kennedy muestra suficiente ambición en su propuesta. No hay más que valorar el muy amplio marco temporal empleado, que abarca desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta los albores del siglo XXI, la era de Ikea, los Power Rangers, el CD-ROM y la Game Boy.

En busca de explicaciones, la historia parte de la época en que fue escrita la novela -apareció en EE.UU. en el 2001, y apenas unos meses después RBA la vertió al español en la misma traducción que recupera ahora el sello Arpa y Alfil- hacia los años de posguerra, un momento en que está perfectamente justificado que cualquier anomalía entre a perturbar el sosiego de una vida para siempre: la de Sara Smythe golpeada por la irrupción de Jack Malone.

 Caza de brujas

Siempre es la historia con mayúsculas la que arrolla sin pudor alguno, sin piedad, ciega, las historias con minúsculas. Esto es lo que sucede en 1945 y lo que ocurrirá posteriormente con el peligro comunista. Y es que otro sunami desencadena el senador republicano Joseph McCarthy con su estúpida y criminal caza de brujas.

Más allá del relato de amor, o dentro de él, Kennedy teje una intensa trama en la que las decisiones con carga moral condicionan definitivamente las vidas de las personas, que suelen acabar como proyectos frustrados que hay que aprender a aceptar. Nada edulcorado, como la realidad misma.

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