Mägo de Oz: «En América nos tiraban piedras»

Los madrileños se han aupado como una de las formaciones roqueras más exitosas del país. Han triunfado en nuestras fronteras y creado un auténtico fenómeno fan en Latinoamérica gracias a su cercanía y su mezcla de géneros

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Con Mägo de Oz ocurre que buena parte de los roqueros jóvenes de hoy en día le deben más de un saludo. Consiguieron enganchar a una nueva generación española al rock y al heavy en castellano, y lo hicieron con una mezcla inusual en su momento que mezclaba la música celta con la distorsión de las guitarras. Fue un éxito sin parangón. Mohamed, violinista de la banda, fue en buena parte responsable de aquello.

-De nuevo en Galicia. Recuerdo que durante años muchos pensaron que eran de por aquí.

-[Ríe] Es que al meter el violín en el grupo la influencia celta aparece y simulaba que uno tenía que ser bretón o irlandés para hacerlo, pero aquí ya había mucha música celta. Galicia es como tocar en casa, todo lo que hagamos aquí es paz y felicidad.

-Que un grupo alcance treinta años y continúe llenando ya es un lujo, pero ustedes es que triunfaron por partida doble. Primero aquí a finales de los noventa, y luego en Latinoamérica. ¿Cómo se consigue?

-La verdad es que ahora debemos tener más público allí que aquí. Los principios americanos fueron muy difíciles, ¿sabes? Empezamos a tocar en barrios muy humildes, en los que llegabas allí y te llamaban conquistador, blanquito... De todo. Nos tiraban piedras. Por aquel entonces nuestro mánager nos decía: «Aguantad un poco que os acabarán entendiendo». Aguantamos hasta cuatro años así. Muy duro. Pero sí, lo apreció. Entramos desde abajo, pasando mucho tiempo con la gente, haciendo firmas de discos de nueve horas, las que hicieran falta. ¿Cómo íbamos a estar solo hora y media si hay gente que hasta duerme allí para coger sitio? Siempre hemos tenido la filosofía de que si tú estás aquí, nosotros también. Costó mucho triunfar en América. Y ahora mantenerse, claro.

-Han dado algún bolo hace poco para 40.000 personas. Qué locura, y más después de tres décadas tocando.

-[Ríe] Lo achaco al trabajo. Con no estar apartados ni estar al margen de la realidad. Muchas horas de trabajo. Se le presupone bonito, pero esto requiere mucho esfuerzo. Yo he visto crecer a mis hijos por Skype.

-Mägo sobrevivió a cambios de formación notorios, como fue la de José Andrea, su cantante. ¿Y el secreto?

-Siempre hemos ido de cara y hemos contado a la gente nuestros problemas. En este grupo hay que estar a muerte, ya que tienes una responsabilidad para con todo el mundo. Es alucinante tocar para gente que te dice que le has salvado la vida con tu música.

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