«Quiero darle al público fuerza para lidiar con la locura»

Es Steven Van Zandt, Miami Steve, Silvio, Stevie o Little Steven. «Los artistas no deberían producirse a sí mismos», asegura a Fugas

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Lugarteniente de Bruce Springsteen y figura imprescindible a la hora ayudar al compositor de New Jersey a crear algunas de las obras más importantes de la música del siglo XX. Miembro de la E Street Band, el músico y actor estadounidense Little Steven ha apostado en su última inmersión en solitario en sacar las raíces del rock y el soul, y elevarlas a un nivel fresco y cargado de emoción.

-No pocos lo ven como una leyenda. ¿Qué ve al echar la vista atrás?

-Ojalá me hubiera quedado en la E Street Band y lograr hacer lo que hice políticamente. También me hubiera gustado centrarme más en mi carrera de manera más profesional. Cada uno de mis discos en solitario fue completamente diferente a nivel musical y eso confundió al público.

-¿Cuál cree que es el momento más importante de su carrera? ¿Ha habido un momento en que sentía que lo había conseguido?

-Eso no ha ocurrido todavía.

-Su fama como productor le precede. ¿Es difícil hacerlo para uno mismo como lo hizo en Soulfire?

-Los artistas no deberían producirse a sí mismos. Suele ocurrir que la parte musical de uno acaba por dominar a la parte productora. Soulfire es la primera vez que pude separar ambas mitades.

-Focalizó buena parte de la temática de sus discos en política y problemas sociales, pero en este trabajo todo gira alrededor del corazón y el sentimiento. ¿Por qué?

-Durante los ochenta era necesario explicar qué estaba pasando porque la política estaba ciertamente oculta. Podían pasar meses sin que la gente pensase o se preguntase por el gobierno. ¡Imagínate! Mientras, los políticos hacían cosas terribles, y nadie se daba cuenta. Ahora todo es bastante más obvio. Nos golpean con un escándalo cada hora, 24 horas al día, siete días a la semana. Sentí que el trabajo más útil que podía aportar es alejar a la gente de todo ello y centrarme en una música con profundas raíces emocionales. Quise darle al público fuerza para lidiar con la locura.

-Su banda es un experimento perfecto entre el rock y el soul. Simple y efectivo. ¿Es su traslado al directo la fórmula de la felicidad?

-¡Ja! ¡Ojalá la vida fuera tan simple! Pero sí, siento que después de nuestro concierto, que dura unas dos horas, el público se va con más energía. Un poco más frescos y algo más limpios de la mediocridad superficial a la que están expuestos todo el día. Yo lo llamo alimentar el espíritu. Recordar a la gente que estamos conectados en lo más profundo de nuestras almas.

-En este país podemos, una vez a la semana, oírle por la radio. Es toda una curiosidad, más sabiendo el conocimiento que posee y el análisis que realiza de la evolución musical.

-Es algo que adoro. Mi programa suena en casi un centenar de países, aunque en la mayoría sea en bases militares. La música está constantemente desarrollando nuevos híbridos de subgéneros. Sin embargo, yo he dedicado mis últimos 15 o 20 años a lo que creo que es más importante: asegurarme de que las generaciones futuras estén expuestas a la música que yo acuño como el Renacimiento de mi generación. Eso abarcaría un período aproximado de veinte años, entre 1951 y 1972. Ahí se encuentra la música popular más grande jamás creada, y no solo eso, sino también las raíces de todo lo que siguió posteriormente. La música con mayor con mayor impacto emocional.

-¿Puede extinguirse el rock?

-No. Es demasiado poderoso. Ahora, eso sí, es un culto subterráneo.

-Es curioso, pero su vida se asemeja a un escenario. Siempre en forma. ¿Cómo se sobrevive a la fama?

-Yo ya era mayor cuando me sobrevino el éxito. Eso ayuda. Nunca me relacioné con la parte del negocio del espectáculo. Fue todo sobre una base de trabajo y trabajo. Un estilo de vida. La mayoría de las veces mantengo un agradable y bajo nivel de celebridad. ¡La gente me saluda, pero no me acosa por la calle!

El concierto será el 12 de julio, 22.30 en el parque de Castrelos, de Vigo

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