«La desobediencia es casi una obligación»

El suyo es el triunfo de la honestidad y del esfuerzo. Sin discográfica ni alardes. Por méritos propios es ya un fenómeno


Más de 80 conciertos al año, giras por América y hasta célebres e incondicionales admiradoras, como Amaia, la ganadora de OT, que han catapultado su popularidad. Quién se lo iba a decir a Juan Gómez, El Kanka, cuando en el 2011 titulaba su disco Más triste es robar o cuando dos años después hacía lo propio con Lo mal que estoy lo poco que me quejo. Se lo planteo y sonríe. «Ya te digo, compañero. Pero nada de esto ha sido de la noche a la mañana. Y gracias a eso he podido digerirlo bien».

-¿Cuál ha sido «el día de suerte de Juan Gómez»?

-No lo ha habido. Creo que la clave ha sido hacer una buena gestión de lo bueno y de lo malo. Prefiero muchos días de poquita buena suerte que esa cultura del pelotazo tan peligrosa.

-En varios temas de tu nuevo disco, «El arte de saltar», hablas de cambios y de que soplan nuevos vientos. ¿A qué te refieres?

-Cuando escribí esas canciones estaba en un momento de cambios. Me había mudado tres veces de ciudad, tenía otra pareja... Y esas canciones hablan de lo difícil y lo importante que es saber afrontar esos cambios.

-También en varias ocasiones dices que «sí se puede». ¿Es optimismo vital o compromiso político?

-[Se ríe] Es más un empuje vital que un compromiso político, pero no te negaré que también hay un poco de retranca.

-Eres capaz de seguir haciendo lo que te da la gana como decías en «No jodan la marrana»?

-Lo intento, aunque no siempre es fácil. Pero bueno, también está bien ceder en algún momento. Lo que me importa es ser capaz de seguir mi camino sin hacer caso a las presiones.

-¿Desobedecer sigue siendo un deber, como decías en el 2014?

-Yo creo que sí. Tampoco a lo loco. Pero cuando las leyes no tienen sentido sí que la desobediencia se vuelve casi obligatoria. «Cuando la tiranía es ley, la revolución es orden», que decían Calle 13.

-¿Te cortas a la hora de decir según qué cosas?

-Conscientemente no. No sé hasta qué punto el que la cosa esté tan jodida nos está afectando sin darnos cuenta a quienes escribimos letras. Por ahora no tengo esa sensación. Mis letras, incluso las más críticas, son bastante conciliadoras y constructivas. Y siempre desde la ironía. Nunca voy a decir que voy matar a los Borbones. Pero, por supuesto, no se puede meter a la cárcel a un tío por decir eso.

-En «Quién me mandaba a mí», te autorreprendes. «Kankilla nunca aprenderás», dices.

-Es que yo siempre escribo sobre mis paranoias. Me doy la vuelta, me miro a mí mismo y me pongo delante de mis demonios. Y eso, al final, acaba apareciendo en las canciones. Psicoanálisis puro.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
1 votos
Comentarios

«La desobediencia es casi una obligación»