El hundimiento de una familia

Alianza edita la obra mayor de Brentano, inédita en castellano y que, con el impacto de la Primera Guerra Mundial en casa de Theodor Chindler, narra la extinción de una época


No hace falta recurrir a la comparación de la novela con Los Buddenbrook de Thomas Mann, tentación en que suelen caer los editores: Theodor Chindler (1936) se defiende sola, se vale por sí misma, es un novelón, aunque carezca del estilo, la ambición y el alcance de aquella obra de Mann. Pero, ¿cuántas aguantarían tal comparación? La narración de Bernard von Brentano (Offenbach del Meno, 1901-Wiesbaden, 1964) es bastante más sencilla, pero no por ello deja de ser una pieza capital en la literatura alemana de la primera mitad del siglo XX. Por eso resulta extraño que haya permanecido inédita en castellano, aunque no tanto si se piensa que en su país también ha sufrido épocas de ostracismo, quizá explicables porque, en sus indefinidas ideas políticas -tras su cercanía al comunismo, y ya en el exilio- se le atribuyeron a Brentano comportamientos nacionalistas y antisemitas, pese a que su mujer era semijudía, que podrían ser acusaciones basadas en sus muchas contradicciones y sus comentarios efectuados desde la testarudez, el ánimo polemista y el temperamento colérico. Solo en los años 80 resurgió con fuera a raíz de la popularidad de su adaptación en 1979 como serie televisiva de ocho episodios por el realizador Hans W. Geissendörfer: Theodor Chindler. Historia de una familia alemana.

El rescate llevado a cabo ahora por el sello Alianza -de la mano del traductor Jorge Seca- sucede a una nueva y reciente rehabilitación editorial en Alemania (2014) y justifica sobradamente por qué -como apunta en el epílogo el profesor de literatura, investigador, editor y biógrafo Sven Hanuschek- coincidieron en el elogio encendido a la novela, en el momento de su aparición, dos personajes tan distintos (política y literariamente) como el propio Mann y Bertolt Brecht, que incluso llega a lamentar su brevedad (y eso que ronda las seiscientas páginas).

Cuando publicó Theodor Chindler, llevaba Brentano varios años en el exilio suizo, al que le habían conducido los ataques nacionalistas a sus posicionamientos políticos y sus artículos periodísticos, finalmente arrojados a la hoguera cuando Hitler tomó el poder en 1933 y ya les resultaba innecesario todo disimulo. El autor (que en el Frankfurter Zeitung coincidió y trabó amistad con el gran Joseph Roth) procedía de una importante familia, con poderosas ramificaciones políticas, también en la República de Weimar, y es obvio que para ciertos pasajes y personajes halló una inspiración biográfica que la sutileza de su pluma desdibuja. En 1945, cuatro años antes de su regreso a Alemania, a Wiesbaden, ve la luz la continuación de la saga: Franziska Scheler, que no alcanza tanta altura literaria.

Theodor Chindler retrata el desmoronamiento de una familia burguesa modélica arrastrada por los horrores de la Primera Guerra Mundial, cuyo terrible impacto marca el fin de una época. Todo se hunde alrededor del patriarca, que creía en la solidez de su posición de poder y de sus ambiciones, cuando, en realidad, no se hallaban a salvo de los conflictos políticos y sentimentales. Y estas fisuras auguran (como un reflejo de lo que ya está ocurriendo en el momento que escribe la novela) lo que vendrá después con el nazismo.

 

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