La confesión solitaria de un Enemigo

El disco Sueños y tormentas que Fino Oyonarte, bajista -y ocasional vocalista- de Los Enemigos, se desprende un aroma añejo, como el de un vino que se ha dejado guardar en una botella durante décadas esperando el momento adecuado de ser descorchado.


Su hora ha llegado. Un profundo viaje de corte intimista y personal, autorreferencial incluso, que echa raíces gracias a una musicalidad fantasiosa, construida a base de bellos arreglos, y florece entre sintetizadores y teclados.

El currículo de Oyonarte es tan basto -además de Enemigos también lideró proyectos como Clovis o Los Eterno, y produjo a Los Planetas, Mercromina, Napoleón Solo o Largatija Nick- que nadie en su sano juicio podría poner en duda su faceta compositora, por eso resulta extraño tener que haber esperado tantos años de carrera profesional para verlo firmar un disco en solitario, con su nombre y apellido. Más aún cuando la calidad es tan obvia y se retroalimenta de las armonías que el almeriense entona de una manera tan natural.

Sueños y tormentas no es un título al azar. No debe, ni puede serlo. Su propio significado recae en las canciones que se alternan entre la memoria, los recuerdos y la imaginación más inmediata. Oyonarte ha sido capaz de crear un paisajismo sonoro biográfico muy natural, llevado a un terreno cómodo para los ya familiarizados con su obra, y agradable para el profano a la misma.

Hay retazos de Enemigos, obvios sobre todo en el ataque vocal, pero va todo un paso más allá, visiblemente más complejo e hilado el conjunto final. La tranquilidad de las canciones contrasta con la intensidad que estas poseen.

Estos años o Huellas son ejemplos magníficos de medios tempos entrañables y fuertemente descriptivos. La satisfacción plena de la melancolía sin caer en la decadente tristeza. Un auténtico ajuste de cuentas consigo mismo, claro y conciso.

Una mirada interna apoyada en una transparencia vital para que el público también pueda percibirla como suya si así lo deseara. Ya lo dice en Afortunado: «Me vine con 20 años, cambio que marcó mi vida / Han pasado ya unos cuantos en la gran ciudad / Todavía sigo soñando / Es algo que no se olvida / Acabé aquí fruto de la casualidad».

¿Qué es el azar si no una eterna motivación para no saber hasta dónde llegará uno mismo? Oyonarte aterrizó en la senda solitaria. Y ya la ha asfaltado, comprado un automóvil y pisado el pedal derecho.

Toca esperar para ver cuándo meterá la siguiente marcha.

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