«Ojalá la sátira sirva para que caiga todo el esperpento político actual»

Vetusta Morla abre la temporada de grandes conciertos en Galicia. Los trae la gira de «Mismo sitio, distinto lugar» y la sensación de no haber tocado techo aún

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Vetusta Morla es una banda en constante crecimiento. En el mismo recinto que actuarán en la próxima semana tocaron hace cuatro años con un aforo de 3.000 personas. Ahora se encuentran próximos a agotar las 8.500 entradas que se pusieron a la venta. Será la presentación en Galicia de Distinto sitio, mismo lugar. «Ha habido un salto muy grande de público -confirma el guitarrista Guille Galván-. Es una suerte. Es bonito ver cómo el proyecto va creciendo».

-No deja de sorprender que un grupo como el suyo, haciendo la música que hace, pueda llegar a meter tanto público como Pablo Alborán o Melendi. A lo mejor algo así no pasa en España desde Radio Futura.

-Yo creo que es algo único, porque Radio Futura, por ejemplo, sonaban en radios comerciales. Pero que un grupo que no salga en esas radios, que llene aforos y que tenga una gira como la que estamos teniendo nosotros, que por ejemplo en Madrid vamos a tocar para 40.000 personas, yo creo que es algo que no ha pasado nunca. Hay que agradecérselo a todo el mundo, pero sobre todo al público que ha sabido entender la propuesta y hacerla masiva.

-El disco que presentan dicen que parte de una necesidad de cambio. En su momento decían que el anterior, “La Deriva”, respondía a un impulso más visceral y urgente. ¿Ha sido este todo lo contrario?

-La Deriva fue un disco que supuso una reacción puntual a algo que estaba sucediendo. No quisimos que las canciones tuviesen mucho más desarrollo. Con este disco ha pasado algo distinto. Veníamos de hacer tres discos grabados con el mismo productor. Teníamos la sensación de que tocaba cambiar. Para ello, era necesario variar la producción, que este lo coproducimos, cambiar el estudio, yéndonos a grabar a Alemania y luego a mezclar con Dave Fridmann a Estados Unidos. Un montón de cosas, que entre sí parece que no tienen mucha conexión, pero que están unidas por la necesidad de sentir incertidumbre y tener el cambio como hilo conductor. Era algo premeditado, pero en el sentido de dejarnos llevar como músicos por la intuición, dejando que cada canción mandase. Al final se logró una pincelada común en las mezclas que unificó todo ello. Creo que todas esas canciones tienen que ver mucho con el desconcierto, que es el mismo que tenemos nosotros cuando observamos el mundo. Hay cosas que nunca habíamos usando, como la sátira. Creo que es un disco mucho más descarado. 

-Ese desconcierto empieza por el primer single. ¿Buscaban eso con «Te lo digo a ti»?

-Era la intención. Necesitamos lanzar algo que no se esperase nadie. Nos producía mucha excitación el saberlo, que cuando el público lo escuchase dijera: «¡Ostras, ahí me han dado!». Pero nos ha pasado una cosa muy bonita. Cuando nos movemos hacia sitios que no hemos transitado, mucha gente nos lo agradece. Eso quiere decir que el público de Vetusta es curioso, necesita y valora esas cosas. Esta es la gira más grande partiendo de un single desconcertante.

-Y con mucho humor. ¿Necesitaban oxigenar el discurso en ese sentido?

-Nosotros somos una banda que entre nosotros tenemos mucho sarcasmo y mucho sentido del humor, pero era una faceta que en nuestras canciones habíamos descartado. En un momento en el que intentas reinventarte, nos parecía interesante ir por ahí. Veníamos de La deriva, que parte de un contexto similar, pero con una mirada que tenía más que ver con lo dramático. Este es un poco lo mismo, pero con una mirada más satírica, que es lo que está sucediendo en todos los niveles en la sociedad.

-A lo mejor es que la situación que intentaban reflejar en «La deriva» ha derivado en el esperpento actual. No hay más que mirar a su zona, Madrid.

-Sí, el problema es que nos acostumbremos a este esperpento y no seamos capaces de revertirlo. En el 2014, cuando hicimos La deriva se le empezaba a poner nombre a ciertas cosas y empezaba a existir una conciencia clara. Hoy todo eso sigue teniendo nombre y apellidos, pero además es esperpéntico. Ojalá la sátira y la provocación sirva para que caiga todo el esperpento político actual. Y se vea como algo sano.

-A muchos les gusta pasear por sus letras, aunque, por lo general, no las entienda del todo. ¿Como letrista, qué le parece generar ese efecto en un oyente?

-Nuestra labor como letristas es dibujar un escenario. Luego, cada oyente es el actor que interactúa ahí, va de un sitio a otro y decide adónde va. Yo pongo el sofá, la lámpara y el jarroncito y tú como oyente, te sientas y decides lo que haces [risas]. Así son las letras que me han gustado siempre y así las he querido escribir.

-En el disco hay una cierta sensación onírica, que se sucede pero que está representada especialmente en el principio y el final. Imagino que Dave Fridman tiene mucho que ver.

-Bueno es que Fridman, aparte de productor a Tame Impala, Flaming Lips y un montón de gente que nos encanta, es una persona tremendamente sabia y muy pegada a las estrellas. Y no lo digo en un sentido psicodélico, sino científico. Su casa está lleno de libros de todo eso. La mezcla fue bastante astral. No mediaron drogas [risas]. Viéndolo trabajar descubres que todo su punto onírico y etéreo viene de ahí. Es algo que escapa a lo estético.

-¿Cómo fue trabajar con él?

-Es un gran profesional. Al principio nos daba cierto respeto, porque era la primera vez que trabaja con una banda española. Fuimos poco a poco, mandándonos maquetas. Nos gustó mucho que desde el principio nos pedía las letras traducidas. Para él era muy importante porque usa muchos efectos y quería saber concretamente a qué palabras le podía efectos. Por ejemplo, en Deséame suerte hay una parte en la que dice «ha sido mágico» y él decidió convertir en la voz una suboctava logrando algo fantasmal. Y nuestro mágico tenía que ver con algo extraordinario, pero él lo entendió como magia de mago. Hizo que la voz fuera mutando, como si fuéramos en un carrusel. Al principio nos sorprendió mucho, pero gracia a ese efecto la canción va y toma una dimensión totalmente nueva. La verdad es que fue una experiencia como para escribir un libro.

-Me llama la atención lo que dice, porque en el disco hay momentos en los que parece que el sonido entrase dentro del significado mismo de las palabras. Por ejemplo, cantan que hay un vendaval y el sonido “sopla” a la palabra.

-Sí, a él le encanta eso. Tiene todas las herramientas y es muy rápido aplicándolas.

-En «La vieja escuela» parece que hacen un viaje a la adolescencia hablan de «cintas de los Clash». ¿Cuáles eran los grupos que os metieron el veneno en el cuerpo de formar una banda?

-Un montón de ellos. Estaban los clásicos, como The Beatles o Rolling Stones, también los Doors o Led Zeppelin. También bandas contemporáneas y que nos encantaban, como Black Crowes o Beck. Empezaba el Festimad y teníamos allí a Smashing Pumpkins o Rage Against The Machine. Yo creo que vivimos de adolescentes una época maravillosa musicalmente. Podías ir con 15 o 16 años a conciertos multitudinarios y eso te marca para siempre.

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